20 de abril de 2009

Crecimiento económico y desequilibrios territoriales en Perú ¿Algo está cambiando?

Por María Teresa Gallo Rivera

¿POR QUÉ IMPORTAN LAS DISPARIDADES TERRITORIALES?

EN AMÉRICA LATINA, gran parte de las desigualdades son disfuncionales y, por lo tanto, así deben entenderse también las disparidades territoriales. Las desigualdades disfuncionales aparecen por la escasez de oportunidades, la exclusión social y política de ciertos grupos de la población y otros tipos de discriminación; es decir, son de carácter estructural o histórico. Por el contrario, las desigualdades funcionales surgen en una economía de mercado como resultado de la adopción de riesgos, de la actividad empresarial, de la adquisición de habilidades y del ahorro. Por consiguiente, la desigualdad en América Latina no resulta un hecho natural, sino que es fruto de estructuras regresivas y políticas erradas que la han potenciado. Y es precisamente esta desigualdad y sus consecuentes efectos sobre la economía lo que subyace, sin duda, a las explicaciones de por qué un continente con potencial económico y humano ha producido, hasta el momento, resultados moderados en términos de crecimiento y desarrollo, así como déficits sociales agudos.

Numerosas investigaciones demuestran que las desigualdades en América Latina, entendidas en un sentido amplio (inequidad en la distribución del ingreso y desigualdad en el acceso a los activos productivos, al crédito, al sistema educativo y a las tecnologías de la información y la comunicación), generan efectos regresivos en la economía, en la vida personal y familiar, y en el desarrollo democrático al reducir el ahorro nacional, estrechar el mercado interno, deteriorar la salud pública, impedir la formación de capital humano calificado, menoscabar la confianza en las instituciones básicas y, por otra parte, al ser una de las causas centrales de la pobreza. Pero aún más crítica es la capacidad reproductora de las disparidades a partir de los circuitos perversos de la desigualdad que hacen que las polarizaciones y las estratificaciones tiendan a ampliarse y a perpetuarse.

Hay, por lo tanto, al menos tres razones que justifican la necesidad de poner atención a las disparidades territoriales: 1) razones éticas: si lo que se desea es una sociedad justa, donde el Estado garantice un mínimo de bienestar social, la dimensión territorial es pertinente, ya que hay una estrecha relación entre las desigualdades personales y las disparidades territoriales; 2) razones de legitimidad del Estado: si un grupo social con marcada identidad nacional y acción política se siente maltratado por la distribución desigual de oportunidades, podría desestabilizar el funcionamiento de la economía y de la sociedad, al considerar ilegítimo el orden establecido; y 3) razones de eficiencia económica: la subutilización de recursos (tierra, mano de obra, infraestructuras y otros) en regiones atrasadas actúa en contra del bienestar del país; dicha subutilización se hace patente, por ejemplo, en menores tasas de participación en el mercado laboral o en la migración hacia regiones más prósperas, lo que genera ineficiencia económica por los altos costos de congestión en el mercado que trae consigo.

Estas consideraciones conducen a que su reconocimiento, así como la identificación de sus causas y posibles alternativas de solución, sea lo suficientemente sólido para llamar la atención sobre su repercusión en el bienestar general. Cabe destacar que la desigualdad puede desacelerar el crecimiento, bien al provocar inestabilidad política o fallas de mercado que, a su vez, pueden llevar a una desaceleración, o simplemente porque las personas tienen aversión a la desigualdad. En consecuencia, la perspectiva del análisis territorial de la desigualdad se caracteriza por poner el acento en la importancia del papel del espacio en las disparidades del ingreso, lo cual permite dejar al descubierto el potencial de las políticas territoriales para gestionar las disparidades personales.

LA “TIRANÍA DE LOS PROMEDIOS”

EN AMÉRICA LATINA Y LA CALIDAD DEL CRECIMIENTO
LOS INDICADORES MACROECONÓMICOS que tradicionalmente se utilizan en el análisis de las disparidades territoriales hacen referencia a medidas como el PIB per cápita, el PIB por trabajador u otras similares que se centran en la evolución de variables económicas en un “sentido estrecho”, es decir, que no capturan la naturaleza multidimensional de los procesos de crecimiento. Esta simplificación limita la comprensión más amplia de los factores que condicionan el crecimiento económico, más aún en las economías latinoamericanas en las que hay grandes disparidades en la distribución de los ingresos personales —y por tanto territoriales—, de modo que los promedios resultan insuficientes al no revelar las verdaderas dinámicas y tendencias estructurales de las realidades subnacionales.

El análisis del crecimiento y del desarrollo a partir de variables agregadas, como los niveles de consumo, el crecimiento del empleo, las tasas de ahorro y otras, resulta adecuado porque ofrece un panorama general de la economía. Sin embargo, la gran mayoría es resultado de una serie de decisiones que se toman en el marco de la unidad familiar. Por ejemplo, las decisiones de cuántos hijos tener o cuánto ahorrar o consumir, o la incorporación al mercado de trabajo, sin duda, terminan influyendo en el comportamiento de variables agregadas. Así, conocer la dinámica de los territorios desde la actuación de los hogares permite explorar con mayor detalle el entorno en el que se gestan las principales decisiones económicas y sociales, que finalmente tienen repercusión en el ámbito regional y nacional, y, por consiguiente, diseñar las líneas de actuación más convenientes.

Junto con la mayor atención que cobra la escala territorial y familiar en el estudio de las disparidades territoriales, también van adquiriendo interés las nuevas dimensiones y los aspectos determinantes del crecimiento en los estudios empíricos. Esto significa que, si bien el crecimiento económico es imprescindible, no se necesita un crecimiento mayor, sino mejor. En este sentido, los esfuerzos realizados en el ámbito académico por incorporar en los análisis de crecimiento las dimensiones cualitativas del desarrollo —como la esperanza de vida, la tasa de fertilidad, las condiciones ambientales, la desigualdad en los ingresos, las instituciones políticas y religiosas, el capital social y otras— son una buena referencia al respecto.

POTENCIAR LOS ACTIVOS:
UNA VÍA PARA EL REEQUILIBRIO TERRITORIAL

DE ACUERDO CON EL ENFOQUE basado en los activos, la población pobre carece de activos, o bien sus activos son escasos o poco productivos. Los activos de los hogares son todos aquellos recursos que se utilizan para generar bienestar. Entre éstos se incluyen los activos tangibles, como el capital humano (edad, escolaridad y capacitación, estructura familiar, etc.), el capital natural (clima, agua y tierra), el capital físico (equipo, ganado y electricidad) y los activos financieros (crédito); los intangibles, como el capital social, la proximidad a los mercados, los servicios de educación y salud, y el empoderamiento, así como los factores específicos del lugar (acceso a infraestructura y servicios sociales); y los activos sociales, políticos e institucionales (redes sociales y políticas y la inclusión social).

Este marco está compuesto por cuatro elementos: a) los activos de los hogares (activos productivos, activos sociales, etc.); b) el entorno (políticas, instituciones y riesgos); c) el comportamiento de los hogares (estrategias de vida); y d) los resultados (bienestar del hogar). De este modo, los resultados en términos de bienestar dependerán de la interfaz activos-entorno y de su impacto en las decisiones sobre los medios de vida, por lo que todos los elementos deberán considerarse en conjunto. Este enfoque tiene el potencial de convertirse en una herramienta importante para la formulación y la orientación de políticas públicas, ya que, además de su efecto directo sobre el bienestar, los activos tienen efectos indirectos debido al impacto que ejercen en las decisiones sobre los medios de vida. Esto, a su vez, incide sobre las condiciones finales de bienestar.

Esta perspectiva permite derivar una relación entre el gasto (y por tanto, los niveles de desigualdad) y la posesión de activos de los hogares, a partir de la optimización de las decisiones de producción y consumo del hogar. La asociación de las asimetrías en los niveles de gasto de los hogares y sus activos, y su agregación a escala territorial, permite, en consecuencia, el conocimiento más profundo de las bases microeconómicas del crecimiento y del desarrollo regional.

Las virtudes de la aplicación de este enfoque al estudio de las disparidades territoriales pueden sintetizarse en dos. La primera es el conocimiento ex ante de las condiciones internas de los territorios (acumulación de activos productivos, generación de inversiones, etc.), como estrategia para mejorar la viabilidad y la eficacia de las políticas regionales. En otros términos, no se puede forzar a que determinadas políticas regionales surtan efecto en un entorno donde existen mecanismos o fuerzas que operan dentro del sistema y que hacen inviables las políticas. En segundo lugar, el enfoque de los activos desde la perspectiva territorial permite sentar las bases para que las políticas regionales no se limiten a mejorar transitoriamente el desempeño de los territorios, a partir de medidas compensatorias o de auxilio frente a determinadas contingencias coyunturales o las derivadas de transformaciones estructurales, sino que, por el contrario, puedan tener mayor impacto al afectar positivamente y en el largo plazo el proceso de acumulación de activos, su reproducción y la interacción positiva dentro del territorio, al tiempo que disminuye la vulnerabilidad social y se promueve la movilidad ascendente.

UNA RADIOGRAFÍA DE LAS DISPARIDADES TERRITORIALES EN PERÚ

LA PRIMACÍA URBANA —como expresión de la preponderancia demográfica y económica que la primera ciudad de un país tiende a poseer con respecto a su propia red urbana nacional y a la concentración espacial de la actividad económica— ha sido la fuente principal de las disparidades territoriales en Latinoamérica. La primacía de las ciudades capitales de provincia en Perú, y en especial de Lima, frente al resto del país es evidente cuando se analiza la información disponible: la alta concentración de la actividad productiva y financiera, así como las inequidades tributarias en Lima y en las principales ciudades de la Costa, muestran la severa segmentación del territorio y sus potencialidades. Lima por sí sola concentra el 43.5% de la producción nacional, aglomera el 33.45% de la Población Económicamente Activa (PEA), obtiene el 55% de la producción industrial y el 56% del comercio; concentra, además, el 55% del ingreso nacional y el 84% y el 86% de las colocaciones y depósitos financieros a nivel nacional, respectivamente.

La dimensión espacial de la pobreza y de las carencias en términos de acceso a los servicios básicos es otro rasgo de la distribución territorial desigual de los activos de los hogares y de las oportunidades de desarrollo en estos territorios. Las tasas de pobreza y de pobreza extrema en Lima metropolitana se han mantenido claramente por debajo del promedio nacional y del promedio del resto del país durante el período comprendido entre 1997 y 2006; en Lima, en 2006, dos de cada diez habitantes fueron calificados como pobres y uno de cada diez vivía en condiciones de extrema pobreza, mientras que en Huancavelica —el departamento con las tasas más altas de pobreza— ocho de cada diez fueron calificados como pobres y siete de cada diez como pobres extremos.

En materia de desigualdad de ingresos, los avances han sido lentos —el índice de Gini ha pasado de 0.532 en 1997 a 0.505 en 2004—. Sin embargo, la persistencia de la desigualdad se aprecia de manera más nítida cuando se analiza la distribución del ingreso por deciles o quintiles y por áreas geográficas. En 2003, el 20% más rico (quintil 5) de la población peruana concentraba el 55.17% de los ingresos, mientras que el 20% de la población más pobre (quintil 1) tenía apenas el 3.82% del ingreso. Por otra parte, la ratio entre el quintil 5 y el quintil 1 en las áreas urbanas fue superior (10.12 veces) al registrado en las áreas rurales (6.29).

CRECIMIENTO “SIN GOTEO”

NO CABE DUDA de que la economía peruana ha experimentado una notable recuperación en su desempeño económico en los últimos 15 años, tras alcanzar, a inicios de los noventa, uno de los niveles de crecimiento más bajos de las últimas cuatro décadas —similar al de inicios de los sesenta—; desde entonces, ha gozado de una notable recuperación y, en 2005, logró superar los niveles de PIB per cápita registrados a mediados de los setenta, los más altos en el último lustro. El desempeño de la economía peruana ha sido también notable, si se toma como marco de referencia el comportamiento promedio experimentado por los países de la región. En los últimos 10 años, ha registrado tasas de crecimiento del PIB y del PIB per cápita sostenidas y con algunas oscilaciones, superiores a la media de la región.

Sin embargo, este buen desempeño macro de la economía peruana no ha ido acompañado de mayor bienestar en los hogares, lo que se conoce como crecimiento “sin goteo”. Al respecto, existen dos planteamientos sobre lo sucedido en los últimos años en la economía peruana. El primer planteamiento postula que el crecimiento experimentado por la economía peruana, al menos en el período de 2001 a 2005, sí ha permitido mejorar los ingresos familiares y, por lo tanto, reducir la pobreza. Los mecanismos de transmisión habrían funcionado del siguiente modo: un mayor crecimiento económico trae consigo una mayor demanda de insumos por parte de las empresas —entre ellos, la mano de obra—, lo cual se refleja en un aumento en el número de empleos y salarios, y, por lo tanto, en una elevación de los ingresos familiares que permite sufragar mayores gastos relacionados con la alimentación, la vivienda, el vestido, la salud o la recreación.

Según este postulado, el canal de crecimiento (empleo-ingresos-gastos) se potenciaría aún más cuando: a) el crecimiento es “pro pobre”, es decir, está liderado por sectores intensivos en mano de obra —generalmente de baja calificación y donde se encuentran insertados los hogares pobres—, en los cuales las vinculaciones intersectoriales son mayores (por ejemplo, una tasa de crecimiento liderada por el sector de la construcción requerirá más mano de obra que si la misma tasa de crecimiento viene liderada por la gran minería), y b) los agentes económicos mantienen expectativas favorables en relación con un crecimiento sostenido; si, por el contrario, las empresas consideran que el crecimiento es transitorio y que existe una elevada incertidumbre sobre el futuro, no invertirán ni contratarán más mano de obra. Un tercer canal, aunque indirecto, consiste en que, mientras mayor sea el crecimiento económico, mayor será la recaudación y, por lo tanto, mayor podrá ser el crecimiento del gasto público que podrá orientarse a mayor gasto social e inversión en infraestructura, lo que redundará en una mejora de los ingresos familiares, directamente en el primer caso, y mediante mejoras de la productividad, en el segundo caso.

El segundo planteamiento que, desde mi punto de vista, se ajusta más a la realidad peruana sostiene que, a pesar de los sólidos y significativos avances en el plano macroeconómico, éstos no se han traducido en bienestar generalizado para la población y se mantienen las condiciones de desigualdad y exclusión vigentes en décadas pasadas. Una revisión de los principales agregados económicos demuestra que, a pesar de los esfuerzos por mantener bajos niveles de inflación e incrementar el gasto público social, no se han producido cambios significativos en cuanto a pobreza y extrema pobreza, y la desigualdad se mantiene en niveles elevados, por lo que los beneficios del crecimiento se han visto contrarrestados por aumentos en la desigualdad. Ha tenido lugar el fenómeno del “empobrecimiento sin pobreza” que, además, parece haberse acentuado en los últimos años. Este fenómeno aparece cuando una buena parte de la población no pobre ve disminuir sus ingresos (o su consumo), a tal punto que no llega a cruzar la línea de la pobreza y, sin embargo, su posición final ha empeorado respecto a la anterior; paralelamente, no han existido cambios importantes en el porcentaje de pobreza global estimado durante dicho período o, en todo caso, se ha reducido.

El mercado de trabajo —que en una economía de mercado es el encargado de traducir el crecimiento en bienestar— no ha sido un elemento central en la estrategia de lucha contra la pobreza en Perú. El desempleo urbano presenta una tendencia creciente desde finales de los ochenta y en 2007 alcanzó un 8.4%, ligeramente por encima de la tasa de desempleo promedio vigente para la región (8%). Sin embargo, lo que más afecta a la economía peruana es el subempleo (según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, INEI, el subempleo urbano en 2001 fue de 47.6% de la población ocupada urbana), la informalidad (equivalente al 65% de la población ocupada urbana en 2003, según datos de la CEPAL, y que genera hasta el 10% del PIB total nacional, según el Ministerio del Trabajo, en 2004) y los bajos salarios (las remuneraciones medias reales no muestran signos de recuperación tras su drástica caída a finales de los ochenta).

La tesis de que el crecimiento ha sido “pro pobre”, sustentado en sectores con gran capacidad de generación de mano de obra, tampoco se correspondería plenamente con la realidad. Las tasas de crecimiento de los sectores de la construcción, la industria, la agricultura y la pesca han superado a las del sector de la minería sólo en los dos últimos años. Se requerirá un período mayor para poder evaluar en qué medida este comportamiento es sostenible y cómo el crecimiento de dichos sectores se traduce, efectivamente, en mayores encadenamientos sectoriales, más puestos de trabajo, mayor capacidad de gasto y bienestar para las familias más desfavorecidas.

La paradoja de los planos micro y macro en Perú se hace visible cuando se compara el ranking departamental a partir de los indicadores de PIB per cápita, gasto per cápita y las tasas de pobreza regionales; se aprecia que la posición que ocupan los territorios regionales es bastante diferenciada según el indicador que se utilice (véase Cuadro 1). Los departamentos de Pasco y Junín, localizados en la Sierra Central de Perú, y Ucayali, en la Selva, aparecen dentro del grupo de los diez departamentos con mejores niveles de PIB per cápita, pese a presentar niveles de gasto per cápita que los sitúan por debajo del grupo de los diez departamentos con mejores niveles de gasto per cápita. Puede observarse, además, que las tasas de pobreza son elevadas, especialmente en Pasco, donde siete de cada diez personas son pobres. Lo contrario sucede con los departamentos costeños de Tumbes y Lambayeque que se sitúan entre los diez con mejor gasto per cápita, pero cuyos niveles de PIB per cápita no les permiten situarse en las primeras diez posiciones de la clasificación.

LOS ACTIVOS DE LOS HOGARES Y EL CRECIMIENTO REGIONAL EN PERÚ

EXISTEN PROFUNDOS DIFERENCIALES en el acceso y la posesión de los activos por parte de los hogares, sean activos públicos, humanos, privados, financieros o sociales, según los niveles de ingreso o de gasto per cápita; así lo demuestra la Encuesta de Condiciones de Vida elaborada por el INEI. La variable de gastos del hogar (en lugar de la de ingresos) refleja de manera más adecuada los niveles de vida de la población, ya que incluye los recursos provenientes del crédito y del ahorro al que muchos hogares tienen que acudir para aliviar las fluctuaciones de sus ingresos como consecuencia de la coyuntura económica o por aspectos relacionados con el ciclo de vida. Además, el sector informal en Perú es muy importante en términos de empleo y se caracteriza por no llevar una contabilidad que separe el consumo productivo del consumo privado. Asimismo, se registra una importante participación de los familiares, lo cual imposibilita una buena estimación de los excedentes y, en consecuencia, de los ingresos de los informales.

Los principales resultados para el período de 1997 a 2006 son los siguientes:

• El gasto per cápita de los hogares limeños en 2006 fue 1.62 veces el valor promedio nacional. Con excepción de Lima y de toda la Costa, el gasto per cápita mensual del hogar de todas las demás regiones se encuentra por debajo del promedio nacional. Al analizar la evolución del gasto familiar a partir de la agrupación de los hogares según la edad que tenía el jefe del hogar en 1997 (“jóvenes”: menos de 30 años; “maduros”: entre 31 y 45 años; y “adultos-mayores”: mayores de 46 años), se encuentra que los hogares con jefes maduros muestran una tendencia creciente en el gasto per cápita familiar conforme aumenta su edad en la cohorte, mientras que los hogares de los jefes más jóvenes presentan, en general, una tendencia decreciente. En cambio, los hogares de los jefes adultos-mayores presentan una mayor estabilidad en sus niveles de gasto per cápita. Por otra parte, para las tres agrupaciones, son los hogares de Lima los que exhiben los mayores niveles de gasto per cápita familiar en todo el período analizado.
• En relación con las variables de capital humano, se corrobora la existencia de una desigual distribución territorial de la cantidad de horas trabajadas por el jefe del hogar; además, el número de horas trabajadas se asocia positivamente con mayores niveles de gasto per cápita del hogar. La participación en el mercado de trabajo es también diferenciada, en función del grupo de edad al que pertenezca el jefe del hogar: los más jóvenes presentan una tendencia creciente en relación con el número de horas mensuales trabajadas, mientras que los jefes de la segunda y tercera agrupación presentan tendencias más estables e inclusive decrecientes. La convergencia en horas trabajadas parece ser la excepción, más que la regla, cuando se analizan las diferentes agrupaciones; parece existir coincidencia en el número de horas trabajadas entre los maduros y los adultos-mayores de los hogares localizados en la Costa Sur, y entre los jóvenes y los maduros de los hogares localizados en la Selva.
• El número de años de educación del jefe del hogar se asocia de manera positiva con los niveles de gasto per cápita del hogar. Los años de educación de los jefes de hogar se incrementan ligeramente conforme aumenta la edad de los jefes más jóvenes; este ligero incremento se mantiene conforme éstos pasan al grupo de los maduros, pero va decreciendo en los últimos años de pertenencia a este grupo; finalmente, se produce un fuerte descenso cuando los jefes del hogar pertenecen al grupo de los adultos-mayores. Como parece lógico, no existe convergencia en el número de años de educación cursados por el jefe del hogar entre los tres grupos de edad en ningún dominio geográfico; los hogares que pertenecen al grupo más joven y que, a su vez, están localizados en la Costa (norte, centro y sur) y Sierra Sur presentan los mayores niveles de educación; en el caso de Lima metropolitana, los jefes de hogar maduros son los que tienen más años de educación. En cuanto a las relaciones entre las variables de capital humano y los ritmos de crecimiento del gasto per cápita familiar, un factor determinante son las horas trabajadas al mes por el jefe del hogar y las horas promedio trabajadas por los hijos, aunque la participación de los hijos en el mercado laboral no necesariamente implique, en el corto plazo, ganancias en la tasa de crecimiento del gasto per cápita familiar.
• Se constata una relación inversa entre el indicador de pobreza y el gasto per cápita del hogar: un menor número de necesidades básicas insatisfechas se corresponde con un mayor nivel de gasto del hogar. En cuanto a la infraestructura pública, la relación entre las variables de acceso a servicios básicos (agua, luz, alcantarillado) y el nivel de gasto familiar es directa; menores posibilidades de acceder a los servicios básicos se corresponden con menores niveles de gasto familiar. La conexión de luz dentro de la vivienda resultó ser un factor significativo, asociado de manera positiva con aumentos en el gasto per cápita familiar.
• En cuanto a las variables de capital privado, el acceso de los hogares a servicios de telefonía fija e Internet están igualmente asociados de manera positiva con los niveles de gasto per cápita del hogar, mientras que, en los departamentos donde los niveles de gasto per cápita de los hogares son reducidos, existirían mayores limitaciones para acceder a dichos servicios. La asociación positiva entre el capital privado y el gasto per cápita del hogar se constata también cuando se consideran las tasas de crecimiento del gasto per cápita familiar.
• Los patrones de ocupación de la vivienda son diferentes según los departamentos; como parece lógico, la densidad aumenta en aquellos hogares con menores niveles de gasto per cápita familiar; es decir, el hacinamiento es mayor en los hogares con menores recursos económicos. Por otro lado, se encuentra una relación positiva entre el valor de los bienes duraderos del hogar y el gasto per cápita.
• En cuanto a los activos financieros de los hogares, las posibilidades de acceder a un crédito para financiar los gastos del hogar se asocian de manera positiva con el nivel de gasto per cápita del hogar. Los mayores ingresos corrientes por transferencias, bien sean nacionales o del exterior o rentas de la propiedad monetaria, se corresponden con mayores niveles de gasto familiar. Hay que destacar que las remesas del exterior recibidas en los hogares explican de manera significativa las diferencias en las tasas de crecimiento del gasto regional.
• De las variables indicativas del capital o infraestructura social, ni el indicador de participación de algún miembro de la familia en instituciones u organizaciones sociales ni el grado de confianza otorgado por éstas a un conjunto de instituciones públicas resultaron significativos, aunque sólo se constató que una mayor confianza en las instituciones demostraría que los hogares gozan de mejores condiciones institucionales para realizar con mayor eficiencia su actividad y mejorar sus niveles de bienestar.

Cabe destacar que, dada la gran lentitud y la inercia de las disparidades territoriales en Perú, se sugiere un tratamiento diferenciado a la explicación de dos expresiones distintas de las disparidades: las de nivel y las de ritmo (tasas de crecimiento) del gasto familiar per cápita. En el caso de las primeras, se destaca que los cambios son más bien lentos. En el caso de las segundas, se acepta la posibilidad de relaciones de cambio y causalidad de más corto y mediano plazos, en las que la variabilidad en las tasas de crecimiento del gasto per cápita familiar departamental puede explicarse a partir de las distintas dotaciones de activos de los hogares.

El coeficiente de la variable retardada, siendo negativo y significativamente distinto de cero, podría indicar que se ha producido un acercamiento entre los ritmos de crecimiento del gasto regional durante el período analizado. Sin embargo, el elevado valor del coeficiente y su inercia cuando se condiciona el modelo por variables representativas de los activos de los hogares indicarían que las disparidades de equilibrio prácticamente se habrían alcanzado o que queda poco margen para ello; tampoco se reducen sustancialmente los años para disminuir la brecha a la mitad. En resumen, los resultados muestran que persisten diferencias marcadas en los ritmos de crecimiento del gasto per cápita familiar promedio a escala departamental, y que estas diferencias están determinadas por la persistencia en la desigual dotación de activos de los hogares.

PERÚ ESTÁ CAMBIANDO, PERO LAS DISPARIDADES REGIONALES PERSISTEN

ESTE ARTÍCULO ha puesto de manifiesto que las disparidades territoriales se derivarían de las características de los hogares asociadas a las desigualdades en el ingreso, de la falta de control sobre los activos productivos y del escenario adverso para valorizar dichos activos. Así, el acceso y la posesión de activos se vuelven factores determinantes de la reducción de las disparidades territoriales en Perú, al afectar directamente el bienestar de los hogares y la movilidad social.
Es imposible negar que algo está cambiando en Perú, un país que ha crecido de manera continua en los últimos 6 años. Dichos cambios se perciben en un nuevo orden social y económico, que se ha sustentado en cambios importantes en la estructura de la propiedad, en la apertura al mercado y el papel subsidiario del Estado, y en las fuentes de financiamiento de la inversión. Pero este crecimiento se ha basado, como afirma Efraín Gonzales de Olarte en el último informe de 2007-2008 denominado “Pobreza, desigualdad y desarrollo en Perú”, en un modelo primario exportador y de servicios, con fuerte dependencia del exterior y con poca capacidad autónoma o de desarrollo endógeno, que no ha generado, mediante el mercado de trabajo, los eslabonamientos sectoriales y territoriales necesarios para que el crecimiento se redistribuya.
Si bien el crecimiento en los últimos años ha hecho retroceder ligeramente la pobreza, éste no ha tenido los mismos efectos sobre las desigualdades territoriales. Por ello, el principal reto al que se enfrentará la economía peruana en los próximos años es doble: a) el desafío de lograr un entorno “macro” que apueste por el bienestar de los hogares; en otros términos, lograr integrar mercados y territorios para generar efectos significativos en el mercado de trabajo y, consecuentemente, en los ingresos y gastos de los hogares y territorios más desfavorecidos; y b) a partir del enfoque de los activos de los hogares, diseñar estrategias para combatir de manera diferenciada las causas de la desigualdad entre los territorios regionales.

Es pertinente considerar dentro de las políticas regionales la disminución de las diferencias en las dotaciones de activos para lograr la “convergencia” o la reducción de la brecha en los niveles de gasto regional y en sus ritmos de crecimiento. Pero lo más importante es que los objetivos del crecimiento regional sostenido y la mejora de las condiciones de vida se conviertan en temas prioritarios para el país. Debemos aspirar a llegar a un punto en el que los pobres compartan las ganancias del país donde viven cuando éste crece y que los ricos compartan las penurias sociales en momentos de crisis. Para eso, deberá tomarse en consideración la diversidad de los hogares y de los diferentes territorios, y las secuencias, las prioridades y las estrategias de intervención que puedan plantearse deberán adecuarse a dichas realidades para garantizar tanto su éxito como su efectividad.

MARÍA TERESA GALLO RIVERA es Doctora en Economía por la Universidad de Alcalá e investigadora del área de Estudios Territoriales y Urbanos del Instituto Universitario de Análisis Económico y Social de la Universidad de Alcalá. Sus líneas básicas de investigación se centran en la economía regional, fundamentalmente en el análisis del crecimiento y las disparidades regionales, así como en las áreas de desarrollo urbano y territorial.

Eutanasia

Jesús Olguín Pérez

En últimas fechas sonó otra vez uno de los temas controvertidos de nuestra era, algo que de muchas maneras resulta fascinante para los medios al grado de llevar la nota a los extremos. Me refiero al caso de Eluana, una Italiana que llevaba 17 años en coma y que su familia y un grupo de abogados trataban de terminar con esa condición frente a la negativa de las autoridades de aquel país. Este es el último caso del que se ha escuchado, pero que no se nos olvide que en Inglaterra, Estados Unidos y muchos otros países donde no es legal la eutanasia, existen muchos más. Ahí está el muy sonado caso en España, que terminó en libro y película (Mar adentro) en donde un padeciente parapléjico que, sin tener una enfermedad terminal, pedía la aplicación de la eutanasia por no estar conforme con la condición física en la que terminó después de un accidente y que, por su propia mano con la ayuda de otros, dio fin a su vida probablemente como un acto de triunfo ante un sistema que le impedía realizar su voluntad.

Es sin duda un tema difícil. La medicina del siglo XXI es espectacular. A los que participamos en ella a veces se nos antoja que transgrede lo natural y sobre todo en ocasiones nos hace reflexionar hasta donde sí y hasta donde no se debe, nos hace pensar que si el cuerpo envejece y pierde sus capacidades es porque debe haber un final pero sobre todo, nos hace sentir tan seguros en aplicar toda su fuerza para salvar una vida en el mismo nombre de la vida, que sin lugar a dudas se nos olvida lo humano. Eluana estaría muerta a pesar de las leyes, las religiones, las conciencias humanas y los decretos presidenciales.

No es cuestionable lo que el hombre ha logrado a través de la tecnología para mejorar su calidad de vida, la duración de la misma y la transformación a la que ha sometido a la naturaleza. Es quizás apremiante entender que casi nunca morimos como quisiéramos, pero que prever condiciones como las de Eluana el día de hoy es factible. En nuestro país podemos realizar una carta de testamento vital donde no aceptamos mantenernos con vida asistida por la tecnología si se diera el caso. Habría que meditar, que la eutanasia puede existir para quien la quiera pero, sobre todo, es ventral que los medios de divulguen las noticias con sobriedad y, claro, sin desdoro de las controversias que el tema general. Pueden ser instrumento para que cada uno de nosotros entienda desde su propia perspectiva la vida y la muerte, lo que implica alejarnos de las soluciones mágicas como la variedad de productos que aparentemente nos alejan de la muerte y nos hacen lucir más jóvenes o sin la confusión que genera en un niño de 5 años las más de mil muertes que ha visto en su corta vida tan sólo en las caricaturas. En fin, que situaciones como las de Eluana no sean recurso para el sensacionalismo.

Médico cirujano.

15 de abril de 2009

El “no voto”: ¿esfuerzo inútil?

José A. Crespo

En el número de abril de la revista Nexos se hace una reflexión plural sobre si conviene votar o no en las actuales circunstancias. Una de esas reflexiones la hace José Woldenberg (Gesto inútil), a quien mucho aprecio y respeto. En lo que hace a la discusión sobre las razones de votar o no votar en estas elecciones o, más aún, como él mismo lo pone, si tiene sentido abstenerse, mi postura es que, a partir del comportamiento de todos los partidos en los últimos años, se puede concluir que no hay diferencia sustancial entre ellos. Y que los ciudadanos que así lo sientan (no sabemos cuántos son) pueden expresar ese rechazo y ejercer una presión sobre los partidos anulando el voto (aunque muchos, al parecer, no quieren ni siquiera concurrir a la urna). La postura de Woldenberg es que esa estrategia no tiene mayor sentido. Recuerda el ex presidente del IFE que en los últimos años pasamos “de un partido hegemónico a otro pluripartidista“, y de una política “monocolor a otra donde el pluralismo se reproduce en las instituciones de Estado”. Es cierto, pero algunos pensamos que los partidos se repartieron el poder que antes detentaba el PRI, sin compartirlo a su vez con sus respectivos representados, para lo cual no se les ven muchas ganas (ahí está todavía esperando, por ejemplo, la reelección consecutiva de legisladores y munícipes, como mecanismo esencial de la democracia representativa).

Afirma también Woldenberg que “la abstención tiene sentido cuando alguna fuerza política fundamental en un país es excluida de la contienda”, lo cual quedó superado ya. Cierto, pero ahora la exclusión se hace con los presuntos representados de los partidos o al menos muchos así lo sentimos. Por lo cual, la pregunta sería si el “no voto” de esos ciudadanos que no nos sentimos debidamente representados ni partícipes de las decisiones (así sea indirectamente), más allá del voto, puede contribuir estratégicamente a superar en medida importante dicha marginación. Woldenberg recuerda que el voto nos llevó a un mayor pluralismo político. Cierto, pero, paradójicamente, en las actuales circunstancias, el voto podría fortalecer el arreglo partidocrático y oligárquico que muchos percibimos y del cual nos quejamos. En cambio, el “no voto”, si es suficientemente amplio, podría llamar la atención partidocrática para que se dé el siguiente paso a la apertura y la inclusión política, en este caso, no de la oposición, sino justamente de los ciudadanos.

Finalmente, Woldenberg advierte que un fuerte abstencionismo, más que ser un instrumento adecuado para avanzar en la democratización (en la relación entre partidos y ciudadanos), puede provocar un retroceso, echar abajo lo que hemos logrado en muchos años: “¿Queremos desfondar lo poco o mucho que hemos construido hasta ahora?”. Ante esa advertencia, que es perfectamente atendible, haría yo dos apuntes: a) Es cierto que un abstencionismo total, por definición, provocaría un colapso de la democracia en vigor. Simplemente no podría instalarse la Cámara baja y se crearía una crisis política y constitucional. No es eso lo que se busca (aunque no podría asegurar que algunos no pretendan eso). El cálculo es que hay un buen número de ciudadanos que sí tienen una preferencia partidista o están dispuestos todavía a votar por el “mal menor” (las encuestas calculan entre 30 y 40 %), por lo cual, aun con una elevada abstención, no habría colapso. b) Me parece menos riesgoso institucionalmente, en lugar de abstenerse, presentarse a la urna y anular el voto, con el fin de reproducir en lo posible lo que en muchas democracias se conoce como “voto en blanco”, para lo cual existe ahí un recuadro específico en la boleta. Se estaría emitiendo un “voto de castigo” a todos los partidos, sin rechazar de plano a todas las instituciones. Es cierto que, de alcanzar la anulación y la abstención juntas, igualmente ciento por ciento, la temida crisis ocurriría (como lo pinta José Saramago en su Ensayo sobre la lucidez). Pero el cálculo es, como se dijo, que muchos ciudadanos votarán por algún partido, para evitar así el colapso. Si la abstención, junto con el voto nulo, son excepcionales, pero no totales, no habrá colapso, mas los partidos recibirán el mensaje del amplio malestar (en el lenguaje que sólo parecen entender) y, quizá, actúen en consecuencia (haciendo reformas que permitan compartir en medida suficiente su poder con los ciudadanos, reduciendo también sus insultantes privilegios, llamando a cuentas a sus infractores, etcétera). No se trata tampoco de prescindir de los partidos (“que se vayan todos”), sino de mejorar la representación. En todo caso, la probabilidad de que eso ocurra es mayor con un amplio “no voto” que con una abundante votación, que no generaría en sí misma ningún incentivo para la corrección o la reforma. Probablemente al contrario, sería un elemento de inercia, al considerarse como apoyo y aval a su camino y comportamiento actuales. Infortunadamente, los cambios (al menos en México) suelen darse, no antes, sino en medio o después de una crisis (y a veces ni así), que en este caso sería una de representación política.

Muestrario. Una encuesta telefónica publicada la semana pasada por Reforma (4/IV/09), reporta que, a propósito de la campaña negativa del PAN contra el PRI, 29% le cree al primero y 40% al segundo. De lo cual podría inferirse que dicha campaña no afectaría al PRI, lo cual se podrá aclarar en futuras encuestas. El sondeo sugiere también que sólo 12% considera interesantes las campañas, 46% no les presta atención y 37% ya se está hartando de ellas. Igualmente, 62% percibe más ataques que propuestas en la publicidad política. Y 56% considera que el proceso no está siendo democrático, frente a 32% que sí lo ve como tal.

Algunos pensamos que los partidos se repartieron el poder que antes detentaba el PRI, sin compartirlo a su vez con sus respectivos representados.

1968 y los derechos humanos en México

Natalia Saltalamacchia Ziccardi

LAS FECHAS SIMBÓLICAS suelen convertirse en resortes para reflexionar sobre algún suceso que dejó huella; sobre acontecimientos cuya pulsión perduró intelectualmente, colocándose bajo la piel de la historia, incluso si muy pronto se agotaron materialmente. Es el caso de los movimientos estudiantiles que sacudieron al mundo occidental en 1968, un fenómeno que se extendió desde Praga hasta París, se contagió a Londres, Turín y Bonn, se manifestó en las calles estadounidenses y se apropió de tantos otros lugares, como la Ciudad de México. Esta insurgencia juvenil no fue, qué duda cabe, una casualidad, sino el producto de un ethos generacional; fue, ante todo, una explosión de hartazgo frente al orden conservador dirigido por sus mayores. Su hilo conductor a través del globo fue la impugnación —colérica y alegre a la vez— del statu quo en sus distintos ropajes locales, ya fuese la opresión soviética, la sociedad capitalista consumista y autocomplaciente, el belicismo imperialista de Vietnam, la segregación racial o las prácticas antidemocráticas de un partido político dueño de todo el poder.

Sucedió hace 40 años y fue un movimiento telúrico, corto en duración, pero de largo aliento en términos de su impacto cultural y también, en algunos casos, de sus consecuencias políticas. El reciente debate sobre el mayo francés lo confirma: Nicolas Sarkozy ubicó ahí el origen de todos los males de Francia, el momento en el cual, desde su perspectiva, se impuso la idea de que “se había acabado la autoridad, la cortesía, el respeto; de que no había nada grande, nada sagrado, nada admirable”. Del otro lado de la palestra respondió Ségolène Royal citando, en contrapunto, los “formidables avances en términos de la conquista de la libertad, de la igualdad entre el hombre y la mujer, y de los derechos sindicales”, conquistas que, uno podría añadir, constituyen nada menos que el telón de fondo que hizo finalmente viable, en 2008, la candidatura de un afroamericano para ocupar la Casa Blanca.

Lo cierto es que tanto los seguidores como los detractores en las sociedades tocadas por este fenómeno suelen coincidir al menos en un punto: las cosas ya no fueron iguales después del movimiento del 68. Y en ese sentido, México no es la excepción: la historia política del siglo XX mexicano puede contarse con un antes y un después de los acontecimientos de aquel año y, sobre todo, de aquella tarde de octubre en la que se abrió fuego en contra de una multitud inerme en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. La viñeta publicada por Abel Quesada en el periódico Excélsior del 3 de octubre de 1968 —titulada “El otro muerto” y en la que un féretro con la insignia “statu quo” es arrojado al mar— da cuenta de que incluso sus contemporáneos tuvieron conciencia de ello.

A lo largo de las últimas cuatro décadas, muchos mexicanos se han afanado por hacer cuentas con este pasado. En el juego de sumas y restas, en la disputa por el significado político y social del 68, han participado académicos e intelectuales, miembros de la clase política y protagonistas del movimiento, organizaciones gremiales y ciudadanas, y muchos otros. Y es que el legado del 68 corre por múltiples avenidas. Una de ellas, quizá menos conocida o estudiada, se refiere a su impacto directo e indirecto en la formación de un movimiento por los derechos humanos en el país. En efecto, los antecedentes más remotos de dicho movimiento —que adquiriría cuerpo y fuerza mucho más tarde, a principios de la década de los noventa— se encuentran ahí, en la respuesta de algunos ciudadanos que, frente al abuso de poder por parte del Estado, “descubrieron” el paradigma de los derechos humanos y de su fuerza legitimadora.

LOS DERECHOS HUMANOS EN EL MÉXICO DE 1968

COMO SEÑALAN DIVERSOS AUTORES, la movilización estudiantil de 1968 representó para el régimen del partido hegemónico en México un desafío diferente a lo acostumbrado: en primer lugar, porque provino principalmente de los jóvenes de la clase media beneficiada por las políticas desarrollistas encabezadas por los gobiernos posrevolucionarios; en segundo lugar, porque —a diferencia de otros movimientos, como el ferrocarrilero, el magisterial y el médico que le precedieron— no planteó demandas gremiales, sino reivindicaciones de índole civil y general que apuntaban a debilitar los cimientos del autoritarismo priísta. Como en todos los movimientos sociales, existieron por supuesto variaciones en las posiciones políticas de los participantes y distintas ideas sobre las razones últimas de su movilización. Sin embargo, las demandas puntuales incluidas en el pliego de peticiones presentado al gobierno —entre las que destacaban la libertad a los presos políticos y la derogación de los “delitos de disolución social” según el Código Penal— estaban muy lejos de ser radicales o revolucionarias. De hecho, eran sorprendentemente mesuradas para los franceses, italianos o alemanes que observaban la acción de sus coetáneos de este lado del Atlántico.

Visto en conjunto, lo que en sustancia se reivindicó en 1968 fue la vigencia real de las libertades democráticas y el respeto a la letra de la Constitución. Debido al núcleo de sus demandas y pensado desde las categorías mentales del México de hoy, resulta tentador describir —como lo ha hecho el escritor mexicano Carlos Monsiváis— el movimiento estudiantil de 1968 como una gran movilización social a favor de los derechos humanos. Sin embargo, no fue razonado ni articulado así por sus jóvenes protagonistas en aquel tiempo. La razón primordial, y que antecede a cualquier otra consideración política, es simple: a finales de los años sesenta, el discurso de los derechos humanos como tal estaba fuera del radar de la sociedad mexicana, en particular, y latinoamericana, en general. Es decir, era fundamentalmente desconocido, y los distintos movimientos sociales del país y de la región no acudían a este paradigma para interpretar o desafiar las relaciones y las estructuras de poder imperantes. En una zona del mundo caracterizada por la pobreza, la exclusión y la polarización socioeconómica, el desarrollo y la transformación radical de la estructura social eran los temas privilegiados por los intelectuales y los líderes políticos de la época. En 1972, por ejemplo, Amnistía Internacional (AI), fundada 11 años atrás, se lamentaba por “la inexistencia de movimientos por los derechos civiles en América Latina”.

El movimiento estudiantil mexicano fue peculiar en este sentido. Al invocar la Constitución para exigir el respeto a las “libertades democráticas” y a las “garantías individuales” de los ciudadanos, se acercó, sin saberlo o sin tener conciencia de ello, al paradigma de los derechos fundamentales, es decir, de los derechos humanos como derechos legales reconocidos en el ordenamiento jurídico nacional. Medió para ello una razón de oportunidad política: al fincar la legitimidad de sus reclamos en este documento fundacional, se pretendió enfrentar al gobierno mexicano con su propio discurso demagógico, es decir, con aquella retórica que continuamente elogiaba y veneraba a la Constitución emanada de la Revolución, para después ignorarla a conveniencia. Como ha dicho Jesús Silva-Herzog Márquez, la Constitución era entonces considerada como “fuente de inspiración, pero no de obligación” para la clase gobernante. Mediante sus planteamientos, el movimiento estudiantil impugnó este entendimiento colectivo, incrustado en la cultura política del país.

Así, en el discurso y en las acciones concretas del movimiento, predominó en términos generales una lógica reformista que pretendía, ante todo, generar cierta apertura en un sistema político percibido como asfixiante y cuyas principales estrategias fueron la movilización social y la exigencia de un diálogo público con las autoridades. Esto ocurrió, por supuesto, sin menoscabo de que algunos de sus participantes concibieran individualmente sueños revolucionarios e imaginaran su posible concreción en algún futuro no cercano. Ese futuro pareció adelantarse para muchos ante la respuesta represiva —abierta y contundente— del gobierno de Díaz Ordaz. La masacre de Tlatelolco terminó con aquel movimiento estudiantil, pero no con la disidencia política. Entre otras cosas, radicalizó a cientos de jóvenes que optaron infelizmente por responder a la violencia estatal con más violencia. Las guerrillas urbanas y rurales comenzaron a brotar en el país y, con ellas, la acción estatal, fundamentalmente clandestina e ilegal, dirigida a aniquilarlas. Ambas circunstancias —Tlatelolco con sus decenas de muertos, centenares de heridos y miles de encarcelados, así como la detención arbitraria, la tortura y las desapariciones forzadas que caracterizaron a la guerra sucia en México— dieron pie a la formación de las primeras organizaciones civiles mexicanas que adoptaron el referente de los derechos humanos.

ORGANIZACIONES PIONERAS EN LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS

EN EL ORIGEN DE CUALQUIER RECLAMO fundado en los derechos humanos, hay un agravio de fondo, una circunstancia en la que el goce de determinados derechos básicos —como la libertad personal o la integridad corporal— se ve negado o amenazado, y por algún motivo no se encuentra remedio a través de la justicia ordinaria o del marco legal imperante. En muchos países de América Latina, por ejemplo, el discurso de los derechos humanos hizo una incursión decidida durante la década de los setenta cuando, a raíz de la proliferación de regímenes militares, se canceló cualquier legalidad y se arrancó de tajo todo derecho. En aquellas situaciones caracterizadas por una intensa arbitrariedad y el uso predatorio del poder del Estado, distintos actores sociales latinoamericanos —incluso los más refractarios ubicados en la izquierda radical— terminaron por valorar, aprender e incorporar este sistema de ideas. Desde la convicción o desde la estrategia política, aquellos grupos que fueron víctimas de la represión estatal y de sus allegados, ya sea dentro de sus países o en el exilio, recurrieron al discurso de los derechos humanos para fundar sus denuncias contra el autoritarismo y para salvar vidas.

En México sucedió algo similar, aunque en muy pequeña escala debido a las características particulares del sistema autoritario mexicano y a su capacidad para administrar las contradicciones político-sociales sin recurrir a la suspensión del orden formalmente democrático. Tlatelolco dio pie a la creación de una de las primeras organizaciones mexicanas defensoras de los derechos humanos —la sección mexicana de Amnistía Internacional— e impulsó a otra más antigua —el Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos)— a convertirse en abanderada de esta causa. En ambos casos, el incentivo fue el mismo: la indignación por aquel sacrificio colectivo y la subsiguiente batalla por liberar a los presos políticos, estudiantes y maestros, confinados en la cárcel de Lecumberri. Más adelante, a mediados de los años setenta, una tercera organización se integró en este conjunto: el Comité pro Defensa de los Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, después bautizado como Comité Eureka. Esta agrupación, conformada principalmente por familiares de personas desaparecidas o detenidas en el curso del combate a la guerrilla, pronto se erigió en un actor muy combativo y militante.

Lo que distinguió a estos grupos de otros que en su momento persiguieron objetivos similares fue que poco a poco comenzaron a concebir y a representar discursivamente las diversas instancias de abuso de poder —ya fuera la supresión del debido proceso legal, la tortura durante los interrogatorios policiales o el pisoteo a la libertad de expresión— como un conjunto de violaciones a los derechos humanos. En un país en el que, salvo alguna excepción, ni siquiera los juristas o los intelectuales utilizaban esta matriz teórico-conceptual para describir e interpretar los problemas sociopolíticos de México, éste fue un hecho notable. Dado que el referente de los derechos humanos estaba ausente en el universo cultural de los mexicanos, la pregunta obligada es cómo llegaron hasta ahí los líderes y miembros de Cencos, de la sección mexicana de Amnistía Internacional y del Comité Eureka.

LA DIFUSIÓN NORMATIVA TRASNACIONAL

LA HISTORIA ES LARGA Y RICA en pormenores; no obstante, es posible identificar algunos factores en común. El primero se refiere a la mayor disposición que suelen tener las personas que hacen frente a situaciones personales críticas para ampliar su repertorio de ideas y de referentes con el objetivo de encontrar la solución a un problema grave. En este caso, por ejemplo, personas como Alicia Escalante y Rosario Ibarra —fundadoras de AI-México y del Comité Eureka— se enfrentaron a la urgencia de rescatar a sus hijos del encarcelamiento arbitrario o del hoyo negro de la detención-desaparición forzada, respectivamente. Sin embargo, la traducción de un sentimiento de injusticia y de pérdida personal en un esfuerzo organizativo, así como su vinculación con la causa de los derechos humanos, requirió un proceso de aprendizaje.

El segundo factor en común se refiere a ciertas características del proceso, que en este espacio pueden apenas apuntarse. Fue después de transitar por un camino individual de puertas institucionales cerradas y vías legales totalmente bloqueadas cuando estas mujeres tomaron la decisión de orquestar algún tipo de acción colectiva y salir de sus hogares para participar por primera vez en la vida pública del país. E, igualmente, fue la búsqueda infructuosa de remedios en la arena nacional lo que las empujó a buscar ayuda fuera de México, particularmente la de organizaciones internacionales de derechos humanos, como AI, la Comisión Internacional de Juristas (CIJ) o la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH). Esto generó, en una etapa muy temprana, los primeros vínculos trasnacionales relacionados con la defensa de los derechos humanos en México.

Lo que en ambos casos inició como un llamado contingente a la solidaridad internacional, terminó por convertirse en una relación estructural y mutuamente provechosa, particularmente con AI. Después de experimentar en primera persona el apoyo de Amnistía Internacional en el caso de su hijo y de otros participantes del movimiento del 68, Alicia Escalante se propuso —junto con otras personas, como el profesor universitario Héctor Cuadra— inaugurar la sección mexicana de dicha federación global de defensores de derechos humanos. Amnistía plantó así uno de sus primeros pies en toda Latinoamérica, justo antes de que la sombra del autoritarismo militar comenzara a extenderse por la región. En los años subsiguientes, este grupo trabajaría en la defensa de los presos de conciencia y en el apoyo a los exiliados políticos de otros países, especialmente los chilenos.

Aunque su membrecía durante los años setenta nunca fue numerosa, la sección mexicana de AI dejó huella al menos en tres sentidos. En primer lugar, comenzó a diseminar el concepto de los derechos humanos en el espacio social mexicano y, aunque por distintas razones no encontró tierra particularmente fértil, algunos de sus miembros más jóvenes —como Mariclaire Acosta— se convirtieron en destacados líderes de la lucha por los derechos humanos en México. En segundo lugar, gracias a su existencia, la situación de los derechos humanos en México se mantuvo presente en la agenda de Amnistía Internacional en una época en la que, debido a las crisis humanitarias generadas por el terrorismo de Estado, otros países latinoamericanos eran considerados como prioritarios. Sólo así se explica que, en el curso de esta década, altos funcionarios del secretariado internacional de Amnistía hayan encabezado dos misiones de investigación en el país y produjeran el primer informe —es decir, el primer ejercicio de escrutinio internacional— sobre la situación de los derechos humanos en México del que se tenga cuenta. Por último, aunque oficialmente la sección mexicana no podía encargarse de los casos de violación a los derechos humanos en su propio país (siguiendo una política general de Amnistía Internacional), en la práctica, este grupo ayudó al secretariado internacional con sede en Londres y a otras secciones nacionales interesadas en México a comprender mejor el funcionamiento real de un sistema político que sabía ocultar bien sus vicios detrás del velo de la legalidad; asimismo, fungió como puente entre éstos y aquellos mexicanos que se acercaron buscando apoyo. Una de estas personas fue Rosario Ibarra, dirigente del Comité Eureka.

Durante estos años, Cencos, organización experta en el uso estratégico de la comunicación, prestó su ayuda decidida a las otras dos agrupaciones. Su presidente, don José Álvarez Icaza, les transmitió el mensaje de que “la represión funciona cuando es secreta”, por lo que era necesario recurrir a las denuncias públicas y mantener siempre una red nacional e internacional de apoyo. Seguramente atendiendo a estos consejos, el Comité Eureka hizo sus primeros contactos con Amnistía Internacional, cuyo prestigio y visibilidad habían escalado como resultado del Premio Nobel de la Paz recibido en 1977. Quizá también por ello, el Secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, aceptó reunirse con el Secretario General de AI, Martin Ennals, en enero de 1978. En esa ocasión, Ennals entregó, entre otras cosas, una lista de presos políticos y de 314 personas desaparecidas en México. De manera inusitada para los integrantes del Comité Eureka, cuyas denuncias no habían merecido jamás una respuesta pública o privada por parte de las autoridades, en este caso el gobierno respondió de forma inmediata. Apenas unos días después, dio a conocer un documento con referencias a la situación legal de cada uno de los presos a los que aludía Amnistía y anunció que se haría “una investigación exhaustiva sobre los supuestos secuestros y desaparición de personas”.

Para el Comité Eureka, el dato no estaba en la sustancia de esta respuesta, sino en su celeridad e incluso en el solo hecho de que existiera. El mensaje fue claro: la exhibición ante la audiencia internacional de los abusos cometidos en México era un talón de Aquiles para el gobierno, siempre interesado en proyectar la imagen de un país progresista y democrático, respetuoso de los derechos humanos. Mientras otros actores internacionales —y de manera destacada el gobierno de Estados Unidos, incluso en la era del presidente Carter— se mostraban totalmente desinteresados en apoyar o simplemente escuchar acerca del problema de la tortura y la desaparición de personas en México, algunas ONG internacionales de derechos humanos estuvieron dispuestas a colaborar en la investigación y difusión internacional de estas denuncias. Así pues, estas organizaciones se convirtieron en aliados naturales para el Comité Eureka que, a partir de entonces, abrió otro frente de lucha caracterizado por una intensa acción allende las fronteras del país.

Como sucedió con los fundadores de AI-México, el Comité Eureka llegó al paradigma de los derechos humanos por la vía de la difusión normativa trasnacional, es decir, mediante la relación con actores internacionales promotores de esta agenda. La relación de colaboración particularmente intensa y duradera forjada con Amnistía Internacional fue una correa de transmisión no sólo de ideas, sino también de estrategias de acción y de aprendizaje respecto a los mecanismos disponibles en el régimen internacional de derechos humanos para ventilar sus agravios e intentar movilizar sanciones simbólicas internacionales hacia el gobierno de México por su falta de respuesta ante el problema de los desaparecidos.

EL LENGUAJE DE LOS DERECHOS HUMANOS: UN PUENTE HACIA EL RESTO DEL MUNDO

COMO LOS ESTUDIANTES EN 1968, el Comité Eureka había comenzado su participación en la vida pública reclamando al Estado mexicano que respetara su propia legalidad, esto es, demandando la presentación con vida de sus hijos o de otros de sus familiares con base en las garantías individuales consagradas en la Constitución. Al adoptar después el lenguaje de los derechos humanos para referirse a la misma exigencia —algo que sus simpatizantes dentro de la izquierda mexicana, nacionalista o marxista, por lo general se negaron a hacer en aquel tiempo—, Eureka modificó simbólicamente los términos de su lucha: primero, añadió el componente de una prerrogativa moral a su exigencia legal; segundo, representó su situación en México como algo equiparable a lo que acontecía en otros países latinoamericanos y que, por cierto, el gobierno de México condenaba enérgicamente en su política exterior. Asimismo, mientras que la reivindicación de las “garantías individuales” era políticamente inteligible y jurídicamente exigible sólo en el ámbito nacional, el encuadre de sus demandas en términos de derechos humanos —es decir, de normas internacionalmente reconocidas— abría una ruta hacia la comunidad internacional y las instituciones multilaterales de derechos humanos.

Así, por ejemplo, cuando en 1980 se creó el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias en el seno de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, el Comité Eureka, en mancuerna con AI, presentó varias decenas de casos de ciudadanos mexicanos que fueron admitidos. De esta forma, en el histórico primer informe de dicho Grupo de Trabajo, hecho público en enero de 1981, México figuró entre los países en los que se reportaban personas víctimas de la desaparición forzada, al lado de otros catorce países abiertamente dictatoriales —como Argentina, Brasil, Chile, El Salvador, Guatemala Nicaragua, Sudáfrica, y Uruguay—. No era ésta buena compañía, mucho menos si se toma en cuenta que México había roto relaciones diplomáticas con algunos de estos Estados, precisamente por sus violaciones a los derechos humanos.
Es muy posible que estas consideraciones terminaran por convencer al gobierno de México de la necesidad de enviar un mensaje positivo en esta materia a la comunidad internacional. Lo cierto es que, después de un proceso interno expedito, en marzo de 1981, el Estado mexicano depositó las declaraciones de adhesión a la Convención Americana sobre Derechos Humanos, al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y al Pacto Internacional de Derechos Económicos y Sociales. Con ello, México adquirió por primera vez obligaciones jurídicas internacionales en materia de derechos humanos, lo cual cobraría importancia en el futuro, en la medida que los ciudadanos mexicanos se decidieron a activarlas en su beneficio.

ENTRE AYER Y HOY

A DIFERENCIA de muchos otros países latinoamericanos, el movimiento por los derechos humanos en México no despegó en los años setenta, sino que tuvo que esperar todavía otra década. En un país imbuido en la cultura del nacionalismo revolucionario, esta matriz de ideas que, en efecto, tenía el potencial de abrir rutas de ida y vuelta entre México y la sociedad internacional, no despertaba simpatías entre la mayor parte de la clase política. Para algunos, el discurso de los derechos humanos podía ser el caballo de Troya del intervencionismo estadounidense; para otros, la Constitución mexicana bastaba y sobraba. Más allá, se pensaba que era un discurso burgués, inútil e inocuo como vía de transformación social. No obstante, la represión de 1968 y después la guerra sucia fueron golpes suficientes para que algunos mexicanos fijaran su horizonte en la defensa de los derechos humanos. Sus organizaciones y aquellas otras internacionales con las que colaboraron sentaron un precedente, tanto en el plano discursivo como en el del activismo; también dejaron un registro histórico de las violaciones a los derechos humanos en los años setenta.

Hoy, el lenguaje de los derechos humanos es ampliamente conocido y reconocido por la sociedad mexicana. Se encuentra presente en forma constante en el discurso político y en el debate social. Se enseña en las universidades y es el tema de innumerables publicaciones. Se cita en las sentencias del Poder Judicial y cuenta con instituciones públicas autónomas abocadas a su promoción y a su defensa no jurisdiccional. Aunque la realidad impone un optimismo moderado, visto en perspectiva histórica, se debe reconocer que todo esto apunta hacia un cambio cultural, un cambio que, con idas y vueltas, comenzó a producirse hace aproximadamente 40 años.

NATALIA SALTALAMACCHIA ZICCARDI es profesora-investigadora del Departamento Académico de Estudios Internacionales del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

Contra el agandaye


Luis González de Alba

Agandaye

Los ciudadanos estamos representados en el Congreso por el diputado de nuestro distrito para que nuestra opinión sea tomada en cuenta, por eso es necesario que votemos y pensemos bien al votar, lo dice la Constitución y nuestro código electoral… (ya puede usted soltar la carcajada: ¡juar, juar, juar!!! O como se estila por internet: lol: laughing out loud=carcajadas).

En los hechos, los partidos han conseguido blindarse contra cualquier forma de control ciudadano:

1. Se dieron la llave única de entrada al Congreso y al Ejecutivo. Los partidos y sólo los partidos pueden lanzar candidatos a puestos de elección popular, cualquier puesto en cualquier elección, local o federal. Están en perfecta complicidad todos, sin excepción. Es un acuerdo entre secuaces para repartirse el pastel del presupuesto sin dar cuentas a otro poder ni al ciudadano, porque nada le deben ni tiene éste cómo oponerse.

2. Nos habíamos dado un Instituto Federal Electoral integrado por consejeros inamovibles para que ese árbitro tuviera completa independencia. Dieron golpe contra el IFE, en abierto desacato de la ley. Se pelearon por colocar cada uno su alfil y no cumplieron ni los plazos que ellos mismos se habían ordenado. Los ciudadanos sólo pudieron, la mayoría, tragarse su rabia; quienes escribimos, despotricar inútilmente. Nos repetirán el numerito cuantas veces se les pegue la gana porque no hay otro poder, ni la Suprema Corte, que pueda objetar sus golpes y someter por la ley a los golpistas. Van solos y no se quitan.

3. Atentaron contra la libertad ciudadana a informarse sobre las pillerías, malos manejos o francos delitos que un candidato pueda tener en su haber porque está prohibido “denigrarlos” y “deslustrarlos”. Es ya contra la ley señalar que la candidata a gobernadora por el PRD, Irma Serrano, declaró su admiración por Hitler, salvo, matizó, porque “dejó demasiados judíos vivos”. Es contra la ley ventilar los acuerdos de Mario Marín, hoy gobernador de Puebla, mañana candidato al duodeno distrito, con un pederasta. Es contra la ley mencionar el halconazo del 10 de junio al participante comprobado y fotografiado, pero candidato.

¿Queremos derogar esas aviesas limitaciones a la libertad de expresión y de información? Debemos pedirlo… a quienes las elaboraron con el fin de que no los pudiéramos tocar con el pétalo de una crítica.

4. De 500 diputados, 200 se deben única y exclusivamente a la dirección de su partido que les regaló la diputación a cambio de disciplina. Los otros 300 deben salir a pelear por su curul, pero una vez elegidos en votación universal no tienen obligación, ni incentivo alguno, para buscar la opinión de sus electores por la sencilla razón de que, hagan como hagan, sean faltistas o tesoneros, ignorantes o promotores de magníficas leyes, todos están castigados de antemano con la no reelección. Así que trabajan, de nuevo, para las oligarquías de cada partido en afán de congraciarse con ellas y, en tres años, saltar de una Cámara a otra y evadir la no reelección.

5. Desde hace cuatro legislaciones los vemos empecinados en la manera de meter zancadilla al contrario, al costo que sea para el país. Esperan iniciativas de ley frotándose las manos para no dejarlas pasar. Los “acuerdos” que nos venden como súmmum de ingeniería legislativa y condescendencia mutua son basura. Nada con respecto a reformas en fisco, energía, petróleo, trabajo, seguridad pública.

6. Han impuesto a las campañas electorales la trivialización de quien vende refrescos, moda o hamburguesas y nadie puede evitar ese daño a la vida republicana porque no hay el instrumento ciudadano para hacerlo ni el poder que equilibre esas desmesuras.

7. Hicieron gratuitos sus spots en radio y TV, pero no se rebajaron de manera proporcional los miles de millones que antes pagaban a medios electrónicos. Se asignaron tres mil 600 millones de pesos y debemos agradecer que no fueran 10 o 100 veces más, porque no habríamos tenido cómo impedirlo. A fines de febrero, los consejeros del IFE avisaron, en plena crisis que tiene en la calle a centenas de miles de desempleados, que se subirían el sueldo, de 175 mil a 333 mil… al mes. Se retractaron, pero el daño por la intentona desvergonzada ya es irreparable.

Por esto, porque nos han maniatado, los ciudadanos debemos anular nuestro voto, pedir el recuento de los insultos puestos en las boletas o, simplemente, no votar. En 1976, no tener otro candidato frente a López Portillo, hizo pensar al PRI que debería permitir una mayor expresión ciudadana, y así dieron inicio las reformas electorales culminadas en 20 años y que hoy vemos en peligro. Quizá los partidos recapaciten ante urnas vacías. Quizá no, y debamos recurrir a instancias internacionales.



Luis González de Alba. Escritor. Su libro más reciente es Otros días, otros años. Es colaborador del diario Milenio.

Lo que realmente estaban pensando

DENISE DRESSER

Hace unos días Felipe Calderón anunció la renuncia de Josefina Vázquez Mota a la Secretaría de Educación Pública para contender por una curul en el Congreso. En su lugar nombró a Alonso Lujambio, exconsejero del Instituto Federal Electoral y presidente hasta el lunes 6 del Instituto Federal de Acceso a la Información. Para comprender mejor las motivaciones y los efectos de ese cambio, esta columna ofrece un ejercicio de “deconstrucción” o “decodificación” de los pronunciamientos públicos hechos hasta el momento por los actores involucrados. Este enfoque está basado en la teoría del filósofo francés Jacques Derrida, que busca entender el significado real de un texto para encontrar su contradicciones inherentes y sus significados irreconciliables. He aquí, entonces, lo que realmente estaban pensando mientras decían lo que decían.
Josefina Vázquez Mota: Señor Presidente, me voy [Y ME TIEMBLAN LAS PIERNAS DEL ENOJO QUE ME PRODUCE ESTA SALIDA IMPUESTA; MUCHOS INTERPRETARÁN MI DESPLAZAMIENTO COMO UNA VICTORIA DE ELBA ESTHER, Y EN POLÍTICA LA PERCEPCIÓN ES LO QUE CUENTA]. Ha llegado el momento de asumir otras responsabilidades [A LA FUERZA]. Le agradezco [SÍ, COMO NO], muy querido Presidente, que me haya permitido aceptar la invitación de nuestro partido, Acción Nacional, para buscar desde el Congreso de la Unión, con liderazgo y la fuerza de las ideas, construir acuerdos y respuestas a los problemas y anhelos de las familias mexicanas [ME ESTÁ OBLIGANDO A SER UNOS DE TANTOS EN EL CONGRESO EN LUGAR DE DESPACHAR DESDE EL ESCRITORIO DE JOSÉ VASCONCELOS]. Estoy muy emocionada este día, es obvio, ¿verdad? [ESPERO QUE NO SEA OBVIO QUE ESTOY FURIOSA] Es un cambio, es un cambio muy importante [Y LO RESIENTO HASTA LA MÉDULA DE LOS HUESOS]. Señor Presidente, es muy gratificante estar con usted y poderle compartir lo que ha sido nuestro proyecto y poderle decir que me siento muy alentada, esperanzada y profundamente agradecida con usted [MÁS BIEN ME SIENTO TRAICIONADA Y USADA Y NO SE ME OLVIDA QUE CUANDO MURIÓ JUAN CAMILO MOURIÑO, USTED LE DIO TODO EL CRÉDITO POR LA NEGOCIACIÓN CON EL SNTE; NADA MÁS FALTA QUE AHORA NO ME CUMPLAN Y NO ME DEN EL LIDERAZGO DE LA BANCADA COMO LO HAN PROMETIDO]. También puedo oírlo sentada, señor Presidente [Y PREFIERO HACERLO PORQUE SI NO, SOY CAPAZ DE PROPINARLE UNA PATADA].
Felipe Calderón: “La decisión de Josefina Vázquez Mota requiere de mucho valor” [NI MODO, TENGO QUE DECIR ESTO, YA QUE LA OBLIGUÉ A SALIR DE LA SEP PORQUE ME PREOCUPA MÁS LA AGENDA ELECTORAL Y LA POLITÍCA PARLAMENTARIA QUE LA ALIANZA POR LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN]. El gobierno necesita el respaldo del Congreso. Yo necesito, como Presidente de la República, el respaldo de diputadas y diputados que, como Josefina Vázquez Mota, tienen claramente un compromiso generoso con el país [Y ASÍ ADEMÁS LA OBLIGO A COMPROMETERSE CON EL PAN Y A DISCI-PLINARSE, COSA QUE NO SIEMPRE HA HECHO, COMO SIEMPRE ME LO RECUERDA GERMÁN MARTÍNEZ]. Es una decisión que respeto enormemente y tengo la certeza de que sabrá imprimir su liderazgo y su talento para seguir avanzando, desde la trinchera más importante del país, la Cámara de Diputados, en la transformación de México [PARA MÍ LO PRIORITARIO ES QUE LOGREMOS PARAR AL PRI CUANDO TENGA MAYORÍA EN LA CÁMARA DE DIPU-TADOS Y POR ELLO NECESITO CONCENTRAR A MIS ALIADOS ALLÍ]. Con tu liderazgo en el Congreso, Josefina, estoy seguro, gana México y ganamos todos los mexicanos [OK, LO RECONOZCO, GANO YO]. Estar al frente de la política educativa del Estado exige capacidad de concertación y entendimiento y, desde luego, quehacer político [NADA DE CONFRONTAR REALMENTE A ELBA ESTHER GORDILLO O HACERLA ENOJAR, YA QUE ESTOY LIBRANDO OTRAS BATALLAS MÁS IMPORTANTES QUE LA EDUCACIÓN; NI QUE DETERMINARA EL FUTURO DEL PAÍS; QUE OTRO SE OCUPE MÁS ADELANTE]. El nuevo Secretario sabe que en la política está el espacio de construcción de acuerdos en beneficio de la educación [NADA DE PELEARSE CON LA MAESTRA EN FAVOR DE LOS NIÑOS DE MÉXICO; LO QUE CUENTA ES GANAR LA SIGUIENTE ELECCIÓN Y MANIOBRAR EN EL CONGRESO]. Necesitamos resultados tangibles y verificables, y por eso pido al maestro Lujambio consolidar los avances en materia de evaluación, como la Prueba Enlace, que nos permiten identificar en qué puntos somos fuertes y en cuáles debemos esforzarnos mucho más [SÍ, QUE ALONSO SIGA HACIENDO EVALUACIONES Y MEDICIONES Y NEGOCIACIONES SALARIALES EN LAS QUE SIEMPRE CEDEMOS, EN LUGAR DE HACER ALGO MÁS QUE NOS CAUSE PROBLEMAS Y ABRA NUEVOS FRENTES… NADA DE LIDIAR CON LA OPACIDAD SINDICAL, EL ASUNTO DE LAS CUOTAS O EL SALARIO DE ELBA ESTHER… SEGUIREMOS OCUPANDO EL ÚLTIMO LUGAR EN LAS EVALUACIONES EDUCATIVAS DE LA OCDE, PERO NO TENGO OTRA OPCIÓN: POLÍTICA PARTIDISTA MATA REFORMA EDUCATIVA].
Alonso Lujambio: Hace algunos minutos le presenté al Presidente mi renuncia como comisionado del Instituto Federal de Acceso a la Información [A PESAR DE QUE NO TENGO UN SOLO ANTECEDENTE QUE ME VINCULE CON LA EDUCACIÓN PÚBLICA EN MÉXICO O QUE DIJE QUE JAMÁS ACEPTARÍA UN PUESTO DE FELIPE CALDERÓN O QUE MI NOMBRAMIENTO PONGA EN ENTREDICHO LA AUTONOMÍA DEL IFAI]. Al asumir esta nueva responsabilidad manifiesto mi lealtad personal e institucional a usted, señor Presidente [QUÉ BUENO QUE HEMOS SIDO AMIGOS TANTO TIEMPO Y QUE FUI A SU FIESTA DE CUMPLEAÑOS A LOS PINOS A PESAR DEL BORLOTE QUE SE ARMÓ]. Yo asumo esta responsabilidad como mandato del Presidente para hacer política. Yo soy de los que creen que hacer política es cosa digna [Y MÁS SI ES EN BENEFICIO DEL PAN, PARTIDO DEL QUE SIEMPRE DIGO QUE NO SOY MIEMBRO, AUNQUE LLEVO VEINTE AÑOS ESCRIBIENDO SOBRE SUS LÍDERES]. Vengo a hacer política para atender cabalmente su instrucción de dar continuidad, profundidad, viabilidad a todo lo valioso y necesario que busca la Alianza por la Calidad de la Educación [QUE EN REALIDAD NO SE HA CONCRETADO, PERO EN FIN, VENGO A HACER POLÍTICA Y POR ELLO ACABO DE RATIFICAR COMO SUBSECRETARIO AL YERNO DE ELBA ESTHER]. Siempre es complejo y apasionante e importante, si todos nos ponemos en el contexto de exigencia, si todos tenemos claridad respecto de la relevancia extraordinaria que tiene la relación de la SEP y el SNTE, estoy cierto que podemos encontrar equilibrios que nos lleven a decisiones que supongan claramente una agenda de calidad con la educación [YA ME DIERON ÓRDENES DE NO HACER OLAS]. No creo en los cambios espectaculares, nada especialmente importante para la sociedad se conquista de modo inmediato, se conquista con esfuerzo todos los días, con constancia y perseverancia.
No creo que todas las metas de una política de Estado se logren en tres años; lo importante es encarar un problema estructural [CON ESTO YA ME CUBRÍ LAS ESPALDAS HASTA QUE ACABE EL SEXENIO; AUNQUE NO LOGRE MUCHO, DIRÉ QUE ROMA NO SE CONSTRUYÓ EN UN DÍA]. Creo que el Presidente ha sido muy valiente, porque no solamente en éste, sino en otros temas, se ha encarado sin dobleces, sin temores, sin cálculos políticos respecto de cómo el ciclo electoral puede afectar los resultados o hacer evidentes las virtudes de una política de Estado [BUENO, CON LA EXCEPCIÓN DE ESTE CASO Y EL DE LA REORMA ENERGÉTICA, EL SUBSIDIO A LA GASOLINA, EL APOYO A LA GERONTOCRACIA SINDICAL Y ALGUNOS MÁS QUE PREFERIRÍA NO RECONOCER EN ESTE MOMENTO]. Estoy ahora en una etapa simplemente de ponerme a sus órdenes (de los gobernadores) [COMO DEBE SER, A PESAR DE LOS NEGOCIOS QUE HAN HECHO CON LA VENTA DE PLAZAS SINDICALES Y SOBRE LOS CUALES GUARDARÉ SILENCIO]. Hoy tuve oportunidad de saludar a la maestra Gordillo… La maestra fue muy amable conmigo, fue una dama, y eso yo lo aprecio como un gesto que, sin duda, posibilita un arranque cordial en la relación que voy a tener con ella [Y QUE NO SE ME OLVIDE BESARLE LA MANO LA PRÓXIMA VEZ QUE LA VEA].
Elba Esther Gordillo: El muchacho sabe escuchar [YA GANÉ].

Candidatos del PAN: Amigos de Espino y Calderón

ÁLVARO DELGADO

Mientras que el presidente del Partido Acción Nacional (PAN), Germán Martínez, colocó a varios de sus amigos y del Felipe Calderón en las listas de candidatos a diputados plurinominales, entre ellos la dirigente ultraconservadora Paz Fernández Cueto y el empresario Manuel Clouthier Carrillo, Manuel Espino acomodó también a muchos de sus allegados: Francisco Xavier Salazar Sáenz, Arturo García Portillo, Pablo Rodríguez Regordosa, Bonifacio Herrera, Gerardo de los Cobos y Jesús Giles.

Entre los que, casi seguramente, serán diputados federales se encuentran, además, el exsecretario de Estado foxista Javier Usabiaga, Julio Castellanos, exoficial mayor de la Secretarían de Educación Pública con Josefina Vázquez Mota, también registrada como candidata, y Francisco de la Vega de la Madrid, exaspirante a gobernador de Baja California.

Después de más de cinco horas de deliberaciones en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PAN, el presidente de este partido, Germán Martínez, informó, casi a las 22:30 horas, que las listas de candidatos a diputados plurinominales de las cinco circunscripciones fueron aprobadas por unanimidad, salvo la cuarta, en la que el senador Humberto Aguilar Coronado emitió una abstención.

Las listas, de las que sólo dio a conocer los primeros diez lugares, reflejan que, aun cuando Espino no logró ser inscrito como aspirante a la diputación, ganó que varios de sus afines obtuvieran la postulación y por ello no emitió ningún voto en contra ni hizo ningún pronunciamiento, al menos hasta el cierre de esta edición.

La única discusión fuerte en el CEN fue la que tiene que ver con la elección a diputados federales pluninominales de Chihuahua, donde Javier Corral acreditó acciones de defraudación electoral que pretendían evitar que lograra la candidatura: Una facción, encabezada por el senador Ulises Ramírez, propuso anular la elección en el estado, pero el también senador Ricardo García Cervantes lo impidió.

Al final, la estrategia para evitar que Corral, identificado como "un peligro para Felipe Calderón", no fuera diputado quedó conjurada, aunque fue colocado en el lugar número 8 de la lista de la primera circunscripción, que encabeza Manuel Clouthier Carrillo, hijo del excandidato presidencial del PAN Manuel Clouthier.

Amigo de Calderón y Martínez, Clouthier es seguido en la lista por María Dolores del Río, quien renunció a la dirección del Instituto de Educción de los Adultos (INEA) para buscar se candidata a gobernadora de Sonora; enseguida aparece Arturo García Portillo, secretario de Acción Electoral del PAN en el periodo de Espino; luego "Kilo" de la Vega de la Madrid, exaspirante a gobernar Baja California, y cierra la lista Bonifacio Herrera, frustrado aspirante a alcalde de Durango capital y compadre de Espino.

Martínez colocó a otros de sus amigos --y de Calderón--, como Roberto Gil, representante del PAN ante el Instituto Federal Electoral (IFE), quien encabeza la lista de la tercera circunscripción, en la que va en segundo lugar Nelly Márquez, allegada del difunto Juan Camilo Mouriño, y Gloria Luna, coordinadora de la campaña de Calderón en Chiapas y delegada de la Sedesol.

La cuarta circunscripción la encabeza Josefina Vázquez Mota, exsecretaria de Educación Pública, seguida del líder sindical Valdemar Gutiérrez Fragoso --cuyo hijo está preso por narcotraficante--, y luego Paz Fernández Cueto, de la Red Familia, patrocinada por la iglesia católica; Valentina Díaz de Rivera, de Puebla; Jesús Giles, alcalde de Cuernavaca, Morelos; Mónica López Rabadán, diputada local defeña, y Pablo Rodríguez Regordosa, jefe estatal de El Yunque en Puebla.

Justamente otro prominente miembro de El Yunque encabeza la segunda circunscripción, Francisco Xavier Salazar Sáenz, cuyo seudónimo es "Capablanca", y quien fue secretario del Trabajo de Vicente Fox, en cuya lista aparece también Javier Usabiaga, también exsecretario foxista, y otro guanajuatense y miembro de esa organización de extrema derecha, Gerardo de los Cobos, coordinador de los diputados locales de Guanajuato.

La quita circunscripción está encabezada por otro amigo de Calderón y Martínez, Julio Castellanos, exalcalde de Zamora, Michoacán, y quien ha sido colaborador cercano a Vázquez Mota, la "líder" de la campaña de los candidatos a diputados, y en esa misma lista aparece Mariela Pérez de Tejada, secretaria de la Mujer del CEN; y Agustín Torres Ibarrola, excolaborador del presidente del PAN.

Hasta anoche no se habían resuelto aún las designaciones en nueve distritos de mayoría, entre ellos dos de Puebla, donde eran promovidos el locutor deportivo José Ramón Fernández, por el sexto, y Ana Teresa Aranda, quien fue despedida como subsecretaria de Población y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación y se negaba a ser candidata de mayoría.

13 de abril de 2009

Crítica a la crítica televisiva

Marco Levario

Encajonados

Quién sabe cuánto tiempo transcurrió para que los habitantes de la Tierra conocieran y usaran los anteojos de aumento, ingeniados por Rogelio Bacon en 1267. No lo vimos y por eso de veras no podemos definirlo ni aunque peleáramos con molinos de viento, que ya eran desde hacía poco más de dos siglos y medio, aunque debamos reconocer que a esa improbable epopeya no habríamos podido acudir como metáfora pues un caballero andante la proyectaría hasta 338 años después.

Ya existía el velocípedo desde 1420, sin embargo ignoramos cuándo y qué tan rápido se extendió la imprenta, concebida tres décadas después. Pero el terreno ignoto de las fechas que signen lo antedicho, o su falta de precisión, no se debe en modo alguno a cierta falla del reloj mecánico que desde el invento de Johann Gutenberg ya llevaba marcando el tiempo un millón 489 mil 200 horas aproximadamente. En suma, el desconocimiento nuestro se debe a que aludimos a procesos complicados donde el desarrollo histórico abre la posibilidad para que se proyecten las cosas, surjan y se expandan hasta configurar poco a poco el cuadro de uso generalizado y así también modificar la vida misma en los órdenes público y privado.

El caso es que todo eso que decimos pasó, delo por hecho. Aunque no haya fotografías sabemos que hubo una vez, hace mucho tiempo, en 1500, que se inventó el primer aparato desde el que sería proyectado el avión; lo de menos es si Leonardo Da Vinci haya sido telegénico. Y aunque no tengamos la grabación de sonido o el impreso de alguna entrevista exclusiva otorgada por Galileo Galilei, tenemos en cuenta la utilidad del péndulo o del telescopio, surgidos de la imaginación y la creatividad del gran astrónomo italiano. No obstante la ausencia de registros de imágenes en movimiento puestas en el celuloide, conocemos que la máquina de escribir surgió en 1714 y pasa lo mismo con la cámara fotográfica, el radio o el cine: un día y a una hora determinada fueron inventados. Aunque no nos lo informaran por teléfono o no lo hayamos oído y visto en televisión, con imágenes a color, en vivo y en directo. En todo caso, quizá, los inventos fueron menos emotivos al estar desprovistos de fama y espectacularidad y no hayan sido respaldados por los anuncios de los patrocinadores.

De otros inventos

Todo este invento viene a cuento para hacer los siguientes apuntes:

1. Con denodada persistencia, parte de la ideología crítica de la televisión –la llamada Escuela de Frankfurt es una de sus principales exponentes– aduce que lo que no está en la pantalla es como si no existiera y reclama un panorama de comunicación parcial y a menudo distorsionado. En consecuencia acusa tanto a ese aparato como a los diseñadores de contenido de ser los culpables del vacío de la información que campea en el mundo.

Sin embargo, la proclama no contempla o desdeña el hecho de que el mismo recuento y visión parcial de los sucesos se halla en los demás medios de comunicación y que eso se debe tanto a sus características técnicas propias como a la intención editorial que subyace en el ejercicio de la libertad de expresión. Las distorsiones o las omisiones informativas suceden en el periodismo desde su origen, y no a partir de la televisión aunque por sus efectos éstas tengan más envergadura. Eso tiene varias explicaciones situadas en el (casi) incontenible afán comercial de las empresas mediáticas, pasan por las insuficiencias éticas y profesionales de los propietarios de los medios y de los diseñadores de la comunicación y circundan el protagonismo político de los mismos medios que también delimitan el relieve de los temas según sus propios intereses.

Además, la fobia a la televisión deja de considerar las limitaciones técnicas del aparato. Es imposible que ésta abarque todo lo que ocurre y además, sin sesgos. No puede corresponder a todas las expectativas de comunicación y lo mismo pasa con las otras máquinas que integran la medioesfera sin que por eso se les denuncie, más bien esa medioesfera es la que conforma el mosaico heterogéneo de las noticias. A diferencia de los grandes inventos antedichos al principio de este apartado, el invento desde el que se carga de respon-sabilidad a la televisión ha sido muy extendido pero no corresponde con la realidad televisiva y, por ende, su mayor utilidad ha sido la denuncia.

2. Esa crítica a la televisión también se queja, así lo hace por ejemplo Pierre Bordieu, de que uno de los principales problemas que plantea la televisión “es el de las relaciones entre el pensamiento y la velocidad. ¿Se puede pensar atenazado por la velocidad?”1. Entre otros planteamientos y cuestionamientos esos fueron los que hizo Bordieu en dos conferencias que, por cierto, ofreció para la televisión de Francia en 1996 y que luego revisó para hacer un libro.

El enfoque carece de encuadre pero no nada más porque las conferencias del mismo intelectual francés muestran que la televisión comprende un esfuerzo de síntesis y de elocuencia que muchos intelectuales se muestran rejegos a llevar a cabo. También resulta errático exigir a la televisión una función que no tiene. Es como si se criticara al libro porque carece de imágenes o a la radio porque en el aparato no se puede leer o mirar los acontecimientos.

Debe aceptarse sin embargo que, en efecto, nunca nadie podría pensar atenazado por la velocidad, incluso ni siquiera Pierre Bordieu, pero guste o no la dinámica televisiva comprende formatos donde las imágenes y la velocidad forman parte de su definición tanto técnica como de uso, al que no se le han encontrado abundantes alternativas. Por cierto, desde principios de la década de los 90 del siglo XX los medios emulan las características de la televisión mediante estructuras ágiles y textos breves, en la prensa particularmente, las llamadas “ventanas” reproducen la pantalla televisiva, y ni hablar de la cortedad de los artículos de opinión o los ensayos; la tendencia se expresa y alienta en la televisión. Eso no quiere decir, sin embargo, que no sea deseable la oferta de contexto en los partes noticiosos junto con el juicio detallado que explique sus razones y sus alcances, incluso hay programas dedicados a eso. Registran niveles mínimos de televidentes, por cierto, y eso verifica que la relación entre audiencias y oferta es mucho más compleja de lo que parece a simple vista y sin pensar pausadamente frente a una frase de lectura rápida como la escrita por Bordieu.

En definitiva, la televisión no es un instrumento que sirva para recrear el pensamiento, esa actividad pertenece a otros ámbitos, al libro o a la escuela, por ejemplo; incluso como advierte Domenique Wolton conviene recordar que, en la esfera de la información televisiva, “no existe relación entre información y conocimiento”2. Otro asunto es que, en efecto, la audiencia demande apegada a sus derechos y en un ámbito de libre competencia, que el Estado garantice contenidos distintos acordes con la función social que se les asigna a los medios de comunicación.

3. He aquí otro asiduo reproche: la televisión no sólo no refleja toda la realidad sino que incluso suele incurrir en montajes que hacen de la realidad un espejismo cuando no francamente un invento y como en la cultura de masas contemporánea ver es creer, lo que se ve existe aunque no sea cierto. Y al revés también, aunque no haya imágenes puede haber un gran acontecimiento que, dada la supremacía de la televisión, no sean conocidas. Tales son dos de los nudos más destacados expuestos por Ignacio Ramonet en su celebrado libro La tiranía de la comunicación.

Vayamos por partes

La televisión, y esto pasa también con los demás medios, no puede situarse al margen de la verdad, incluso aunque lo pretenda porque el razonamiento de la audiencia haría pedazos su credibilidad y en consecuencia sus expectativas financieras. La televisión no refleja toda la realidad ni puede hacerlo aunque se lo proponga o se lo exijan, sus condiciones como máquina lo hacen imposible además de que funciona a partir de la inteligencia y las capacidades de suyo limitadas del hombre como para acometer una empresa de tal magnitud.

Además, el invento informativo no es prerrogativa de la televisión, como tampoco son los éxitos periodísticos. Sin duda, las trasgresiones éticas y profesionales en la esfera mediática y particularmente en el orden informativo, datan del inicio de la actividad del periodismo de finales del siglo XVIII y principios del siguiente hasta la fecha.

Tanto en la prensa, la radio y la televisión además de en Internet hay estafas noticiosas de toda laya y es imposible siquiera un recuento al respecto en estas líneas. Sólo recordamos que Ramonet menciona el falso osario de Timisoara, al que considera el engaño más importante desde que se inventó la televisión; “los cadáveres alineados bajo los sudarios no eran víctimas de las masacres del 17 de diciembre (de 1989), sino cuerpos desenterrados del cementerio de los pobres y ofrecidos de forma complaciente a la necrofilia de la televisión”3.

La conmoción que esto causó es tan consabida como el estupor que se generó al ser develado el montaje. Sin embargo, la situación se refiere a la falta de escrúpulos tanto de quienes ofrecieron la tarima como de quienes sin verificar aceptaron montar el teatro, es decir, se dirige a los precarios insumos éticos y profesionales de quienes decidieron difundir las imágenes. No puede haber reproche a la televisión por eso, sino a los usos perversos que llega a haber en ella, como no puede criticarse a la prensa por sus embustes ahí están los inventos de Jayson Blair que, de 2002 a 2003 durante seis meses, desde The New Yok Times, engañó a los lectores con reportajes en lugares en los que nunca estuvo y que reseñan intercambios con personas con las que nunca platicó.



Ubiquémonos en la segunda sentencia de Ramonet: “los grandes acontecimientos no producen necesariamente imágenes” y por eso, también dada “la supremacía” de la televisión pueden haber hechos relevantes que no sean conocidos4. Eso es cierto desde el origen del hombre hasta nuestros días. No hay imágenes del proceso mediante el cual el homínido dio el gran salto, tampoco se encuentran dentro del archivo si quiera algunas que den cuenta de buena parte de los inventos del hombre... y después de la televisión ocurre lo mismo; ese instrumento, como hemos dicho, no lo abarca todo. Tampoco hay ni puede haber imágenes de las crisis económicas, políticas o culturales, en todo caso hay representaciones conceptuales o imágenes de sus consecuencias, es decir, de las formas mediante las cuales éstas se expresan. Pero en todas estas aristas si algo se demuestra es precisamente la dinámica de la mediosfera en donde los vacíos de cada medio de comunicación pueden ser cubiertos por otros. Eso implica, además, evitar la supremacía de la televisión en el orden informativo, como ha sucedido en innumerables episodios. Adicionalmente como generadores de contrapeso al derecho a la información las audiencias son determinantes, igual que las críticas que, como las de Ignacio Ramonet, cifren la atención en los excesos de los medios de comunicación.

Respecto a la televisión acordamos, claro está, con que el impacto de la imagen es más vigoroso y abarcador, y por ello más persuasivo que los demás medios, pero ésa es al mismo tiempo que debilidad, una de las fortalezas de la televisión. En ese terreno, otra tendencia universal marca dos pautas: primero, la autorregulación, que alude a mecanismos desde los cuales se definen los contenidos con parámetros éticos para no lesionar la credibilidad de la audiencia y, por ende, las ganancias económicas y, segundo, la regulación del Estado porque ahora, esa tendencia con la que coincidimos, no plantea que los contenidos estén sujetos sólo a la dinámica del mercado.

4. La misma escuela crítica arguye que, dadas las características de la televisión que dramatiza o en general transforma en espectáculo casi cualquier cosa, el aparato se convierte en la principal fuente de amarillismo y escándalo en nuestros días. Dice que esto es así, además, porque todo, hasta la información, se ofrece como mercancía.

Cierto, pero aquello también es resultado de una vertiente universal que comenzó en 1830 cuando aparece una gran variedad de periódicos baratos que fueron pensados para un público más vasto con el objeto de captar mayores ingresos por venta de ejemplares y publicidad. ¿Por qué no habría de suceder lo mismo en la televisión?

John B. Thompson detalla que los diarios consagraban un espacio muy amplio a los relatos sobre crímenes, violencia sexual, juego y deportes. Sobre el escándalo, aunque lo mismo opera para el sensacionalismo en general, el autor recuerda que su auge como fenómeno de significación coincide con la aparición de la imprenta y los medios electrónicos de comunicación.

Thompson señala además: “En la era de la televisión, la publicidad mediática se define cada vez más por la visibilidad entendida en su estricto de visión (es decir, de la capacidad para ser visto con los ojos)”5 y por la posibilidad de que esa visibilidad abarque grandes distancias e incluso sea transmitida en directo. Sólo vale añadir que esa observación está ceñida a un proceso más complejo aún, en donde la visibilidad comienza a ser imperativo en la gestión pública y en todos los órdenes de la vida social. En la esfera global eso expresa la dilución entre lo público y lo privado.

Sobre los contenidos orientados con afanes mercantiles. ¿De qué otra manera podría ser si no? La historia de todos los medios de comunicación en el mundo no se explica sin la vertiente económica y comercial, más aún como antes hemos dicho, incluso sus características fueron trazados por su valor de uso. Además de que, en efecto, la atribución reguladora del Estado sobre los medios sea uno de los principales desafíos de la democracia dada la función social de aquellos y que por eso se diferencian de cualquier otra industria, la comercialización de la oferta mediática –para la que se busca incrementar audiencias, lectores o radioescuchas y contratar más publicidad comercial y oficial–, es condición esencial para su desenvolvimiento como empresa y para su autonomía e independencia frente a los gobiernos.

Es improbable que, en cambio, se sugiera una vuelta a la noria rumbo al enfoque europeo imperante de los años 50 hasta principios de los 80 del siglo pasado, me refiero al carácter público de los medios sobre la propiedad privada de éstos. Eso es improbable por la crisis de identidad que tuvieron los medios luego del dislocarse el modelo público de propiedad en Occidente a mediados de los 80 del siglo pasado y luego de que los fines en la actualidad se enfocan a afianzar el modelo de propiedad privada; por ejemplo, entre 1983 y 1988, en Francia prácticamente se dislocaron los medios públicos televisivos al pasar de tres cadenas televisivas a siete siendo cuatro de ellas privadas, y similares procesos hubo en los demás países.

Es imposible entender a las sociedades modernas sin medios de comunicación privados, entre otras razones porque la tutela omnímoda del Estado significaría una sola oferta mediática y porque es contraria al ejercicio de las libertades, en este caso, las de empresa, comunicación, información y opinión así como de elección individual frente a la programación que se ofrece. Eso no quiere decir, evitemos malentendidos, que los medios públicos sean obsoletos, más aún, pese a sus limitaciones podrían ser un contrapeso de la oferta de índole privada, como lo han sido en España, por ejemplo. Esto, siempre y cuando, además, no signifique, como llegó a ser en Europa, que se reproduzcan los mismos patrones de los medios privados, en donde el imperativo del rating conduce a excesos como los que se han expuesto. Se trata de establecer una vía alterna a la oferta predominante.

Por otro lado, habría que revisar la situación específica de cada país en el orden del esquema de propiedad y dentro del imperativo de su diversificación, pero es indudable que el caso del emporio televisivo más importante de habla hispana es paradigmático, nos referimos claro está a Televisa que opera en México. El impresionante desarrollo de esa empresa se gestó desde los primeros años de la década de los 50 hasta principios de los noventa del siglo pasado y se debió principalmente a su aquiescencia con los gobiernos surgidos del sistema de presidencialismo omnímodo y la tutela de un solo partido. Una acuciosa investigación de Raúl Trejo Delarbre demuestra que “A cambio de una actitud displicente (y casi exenta de cualquier sesgo crítico) hacia la información que proviene del gobierno, Televisa ha recibido un trato preferencial para la trasmisión de sus señales” y, en general, cualquier apoyo para su desenvolvimiento empresarial.6

Luego de ese periodo de poco más de 40 años, y como también documenta en otros trabajos el experto más reconocido del país, Televisa consolidó un poder tal que ahora configura uno de los problemas más importantes de la democracia mexicana. Pero eso no se debe a la televisión en sí misma, reiteramos, sino a la forma en como actúan los dueños del monopolio: entre los recovecos de la política para promover sus intereses financieros a través de planes empresariales convertidos en ley, en los resquicios de la norma para trasgredirla según sus intereses, como por ejemplo en la publicidad política embozada que prohíbe la ley;
en su recurrente falta al esquema normativo que le obliga a una función social específica, etcétera. Esto lo hace con la permisividad de no pocos actores políticos que cifran sus expectativas en la visibilidad que puedan tener en la pantalla y en las campañas de promoción que pueden ejercer a través de ésta. En suma, en México se encuentra uno de los ejemplos más destacados del protagonismo político de una empresa mediática y de su preeminencia en el mercado que subyuga la posibilidad de que existan otras ofertas. Nada menos durante el sexenio del gobierno del presidente Vicente Fox, entre 2000 y 2006, Televisa obtuvo el 15.56% del gasto de publicidad oficial y eso significó un ingreso de mil 803 millones 219 mil 725.48 pesos.

5. Citemos otra crítica asidua, está entre las más famosas aunque la creemos también equivocada. Dice Giovanni Sartori: “la televisión invierte la evolución de lo sensible en intelegible y lo convierte en ictu oculi, en un regreso al puro y simple acto de ver. La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender”.7

Visto con seriedad no es claro porqué la televisión invierte la evolución de lo sensible en intelegible. Pero, sobre todo, hay que tener presente que mirar la televisión no es un simple acto de ver. Si así fuera, en cierto sentido, nada debiera de preocuparnos dado que ver significaría contemplar y entonces no sería atrofiada la capacidad humana de razonar en la que, por cierto, también participan los sentidos. Pero hasta el simple y llano acto de contemplar suscita sensaciones e inexorablemente también reflexiones, incluso aunque no lo pretenda la televisión se trata de una reacción inherente a la naturaleza humana.

Como ya se argumentó, la televisión no es un instrumento que sirva esencialmente para motivar al pensamiento pero en modo alguno para atrofiarlo; habitualmente carece de conceptos pero no los anula en el individuo, el único responsable de elaborarlos. Con razón Gustavo Bueno precisa que “el espectador no puede ser considerado inocente como si de un mero espejo o receptor pasivo de verdades y de apariencias se tratase. Si el televidente o la audiencia resulta movido por estímulos o montajes televisivos ad hoc, él es en todo caso, quien se mueve: ante todo es él quien conecta su televisor como sujeto operatorio, quien cambia de cadena o apaga el aparato y quien interpreta”. Pero además, el experto en filosofía detalla en que “una conducta e-motiva (emocional) no es un género de conducta que pueda contraponerse a la conducta ‘racional’, ninguna conducta puede dejar de ser emocional o ‘motivada’; de lo que se trata es de discernir diferentes tipos de emociones o motivaciones (...) Pero tan racional puede ser una conducta motivada por un estímulo artístico o deportivo; tan racional puede ser la conducta de un espectador colérico de televisión, como la de un flemático. Dicho de otro modo: quien se considera ‘movido’ (motivado, emocionado) por una campaña electoral televisada, es porque él mismo participa con causa de la energía de ese impulso motor; es decir, porque es cómplice de ese impulso y porque él mismo es partícipe de la campaña en la medida en que precisamente en él está siendo manipulado”.8



Parafraseando a Gilles Lipovetsky que se refiere a la moda, la televisión ha provocado a esa escuela el reflejo crítico antes que el estudio objetivo, se le evoca para fustigarla, marcar distancia y deplorar la estupidez de los hombres. Si estuviéramos en el nivel de proclamas de Sartori podríamos reaccionar con otro acto de fe y escribir parrafadas enteras sobre la confianza que vale la pena tener en el hombre. No es el caso. Es mejor ceñirnos a la siguiente arista:

El alegato de Sartori adolece de la falta de tradición intelectual europea en el análisis de la televisión, donde el imperio de la ideología empañó la capacidad de entenderla. Esa fragilidad se exhibe, por ejemplo, en el escaso análisis que hay sobre las audiencias. Aunque paradójicamente se hable mucho de éstas, incluso erigiéndose como su portavoz, habitualmente se les reduce a conformar una mera masa de maniobra desde la que actúa el ente televisivo, como si la medioesfera sólo se integrara por éste y como si ese mismo ente moldeara todas las percepciones y las creencias y además ordenara todas las actitudes y los actos de esa masa.

Pese a todo, con una facilidad y un éxito asombroso, como sucede con muchas de las frivolidades que proyecta la televisión, se habla de una masa de maniobra que, al seguir el molde que mantiene Sartori para revisar los efectos del multimedia, conformará “un público de eternos niños soñadores que trascurren toda la vida en mundos imaginarios”. No obstante, el comportamiento de las audiencias es mucho más complicado y no muestra indicios de seguir la ruta que el mismo autor italiano asume como profecía, es más, no muestra indicios de seguir una ruta. (A diferencia de Europa, en Estados Unidos sí hay una trayectoria de estudios de las audiencias que se han hecho lo mismo para los fines comerciales de los propietarios y los diseñadores de contenido, que han sido emprendidos por diversos circuitos académicos e intelectuales).

Intentemos diluir la artillería pesada circunscrita a la inevitable alineación televisiva en la base de entender, primero, que no puede hablarse de un público sino de públicos en virtud de que la televisión se dirige a una audiencia heterogénea, anónima y difusa. Más allá de los instrumentos que sirven para medir las preferencias de esos públicos, la definición de los contenidos televisivos tiene resultados aleatorios y contrastantes en cuanto a las respuestas; no se sabe a ciencia cierta por qué se mira más un programa que otro; en distinto nivel se hallan las emisiones que por su propia naturaleza alcanzan altísimos índices de rating, como sucede con los eventos deportivos o musicales o con algún hecho insospechado.

Mirar la televisión es un colectivo que se ejerce en privado y eso hace aún más difícil de medir la reacción de los públicos. Para responder a esa segmentación, los hacedores de la pantalla delimitan programas especializados pero eso no diluye el reto porque, de cualquier modo, las expectativas se dirigen al gran público, o sea, al principal socio de la televisión. En esa órbita de intereses la oferta se delimita según la demanda, pero esa relación es dicotómica, pues la demanda no obedece a impulsos unidireccionales o previsibles y, en más de un sentido, llega a expresar rechazo. Como señala Domenique Wolton:

“Las encuestas, las reuniones o los informes de quejas hechos por las asociaciones de espectadores muestran que el público no se deja engañar respecto de la ausencia actual de innovación, de la obsesión por el rating, de la desaparición de los programas documentales, de la excesiva ‘espectacularización’ de la información, de la insuficiencia de programas científicos y culturales, de la omnipresencia de los juegos...”9

Sin duda, la audiencia es uno de los principales contrapesos del contenido televisivo. Lo es porque sus preferencias y sus niveles culturales delimitan la oferta y constituyen el campo para la promoción de los negocios de la empresa mediática tanto en el orden de los ingresos publicitarios como en la promoción de sus intereses financieros en el marco de las democracias contemporáneas. A pesar de ello, y a diferencia de Wolton, el autor de este libro considera que la programación no ha de estar ceñida exclusivamente a la dinámica del mercado sino, como se ha dicho, también a un cuadro normativo que fije limitaciones sobre la base del criterio de la función social a la que están obligados los medios de comunicación.



1 Bordieu, Pierre. Sobre la televisión, Compactos Anagrama, Barcelona, España, 1997, 140 pp., pág. 39.
2 Wolton, Dominique. Elogio del gran público. Una teoría crítica de la televisión, Colección El mamífero parlante, Gedisa Editorial, Barcelona, España, 1992, 316 pp., pág. 44.
3 Ramonet, Ignacio. La tiranía de la comunicación, Temas de debate, Editorial Debate, Madrid, España, 222 pp.
4 Op. Cit.
5 B. Thompson, John. El escándalo político. Poder y visibilidad en la era de los medios de comunicación, colección Estado y Sociedad 94, Editorial Paidós, Barcelona, España, 392 pp., pág. 24.
6 Trejo Delarbre, Raúl. Ver pero también leer, Los libros del consumidor, Instituto Nacional del Consumidor, México1991, 165 pp., pág. 74.
7 Sartori, Giovanni. Homo videns. La sociedad teledirigida, Punto de lectura, México, 2006, 213 pp., pág. 53.
8 Bueno, Gustavo. Televisión: apariencia y verdad. Estudios de Televisión, Gedisa Editorial, Barcelona, España, 333 pp., pág. 329.
9 Op. Cit. pág. 55


Director de etcétera.

Restiyuyen a Corral su triunfo en el primer lugar

- Anulan la votación en Batopilas, se confirmaron las graves irregularidades denunciadas..

A los miembros activos y adherentes del Partido Acción Nacional en el Estado de Chihuahua: A la Opinión Pública.

Con motivo de la resolución emitida por la Segunda Sala de la Comisión Nacional de Elecciones del PAN, en la que se restituye el triunfo del Licenciado Javier Corral Jurado en el primer lugar de la votación estatal emitida el 29 de marzo pasado, a partir de anular la votación en la casilla de Batopilas, queremos manifestar lo siguiente:

1.- En primer lugar expresar nuestra satisfacción por el primer paso que significa esta resolución en torno del objetivo que nos impusimos al presentar el juicio de inconformidad: limpiar el proceso electoral del pasado 29 de marzo y buscar por todos los medios posibles, estatutarios, reglamentarios y legales un castigo ejemplar a los responsables de esta afrenta al panismo en general y de este insulto a la memoria de Manuel Gómez Morín, en su propia tierra.

La resolución nos da la razón ante la impugnación presentada, porque fundamentalmente lo que hace es respetar el voto de los panistas de nuestro Estado en su sentido original, libre y democrático.

Se restituye así el derecho de los militantes activos a decidir la elección de sus candidatos. Estamos convencidos que es nuestro deber insistir en que estos hechos no queden impunes, sería un antecedente funesto para el futuro del Partido no hacerlo.

Sabemos que hay responsabilidad en quienes ejecutaron las tropelías, pero también en quienes las ordenaron, y luego en quienes se beneficiaron de ellas. No cejaremos en esta exigencia, hasta ver que se sancionen ejemplarmente a los responsables. De manera paralela buscaremos la justicia interna a través de la Comisión de Orden del Consejo Nacional, y daremos vista al Ministerio Público a través de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales. Lo acontecido en Batopilas constituye la comisión de varios delitos.

El día de mañana presentaremos ante el Pleno de la Comisión Nacional de Elecciones un nuevo escrito de impugnación por no haber atendido nuestras pruebas en el caso de Nonoava, donde se presentaron casos tan similares como los de Batopilas, e incluso logramos acreditar ante la fé pública del Juez mixto del lugar, el testimonio de dos compañeros que dijeron haber recibido las boletas previamente votadas. Lo consideramos ineludible llevar acabo ante el seguimiento que haremos para que se castigue a los responsables, pero más aún, en estricta correspondencia a quienes tuvieron el valor y la consistencia para ofrecernos su testimonio pese al estado de salud en que algunos de ellos se encontraban y también bajo presiones indebidas de los coordinadores regionales del Comité Directivo Estatal.

Esos compañeros, que viven por cierto con grandes carencias, tuvieron la grandeza de miras para identificar lo que estaba de por medio en esta impugnación: cuidar el buen nombre de Acción Nacional, su tradición democrática. Confían en nuestro Partido, en la Comisión Nacional de Elecciones, y no podemos, no debemos defraudar también su esperanza.

Buscaremos substanciar nuestros recursos hasta la instancia que sea necesaria, estatutaria o legal. Que nadie tenga ninguna duda que se trata de una lucha a favor de los derechos de los miembros del Partido, en la más exacta fidelidad a los principios del PAN.

El continuar con nuestra denuncia hasta el final tiene un significado especial para nosotros: se trata de cuidar al Partido para que siga siendo un instrumento de cambio para los mexicanos como lo soñaron nuestros fundadores, un instrumento confiable, transparente que es capaz de reconocer sus errores y rectificar el rumbo cuando es necesario, de no hacerlo perderíamos nuestra congruencia y nos haríamos cómplices, entonces sí, causando un grave daño a su imagen.

2.- También estamos listos para apoyar, en cuanto se inicien formal y legalmente las campañas, a nuestros amigos y compañeros candidatos en los nueve distritos de mayoría, pues estamos seguros que frente a nuestros principales adversarios daremos una batalla competitiva y con las mejores propuestas basadas en nuestra plataforma 2009-2012. Somos un equipo de candidatos que llevará a la Cámara de Diputados una representación comprometida con los intereses ciudadanos del Estado de Chihuahua, y que de manera particular hará valer el derecho a la seguridad pública de todos.

Además, para iniciar nuestro recorrido estatal de apoyo a las Campañas Distritales, empezaremos en el Municipio de Batopilas. En los primeros días del mes de mayo, en una caravana que partirá de Ciudad Juárez, volveremos a Batopilas a honrar la memoria del fundador y depositar una ofrenda floral en su monumento.

Dra. Victoria Chavira Rodríguez, Lic. Javier Corral Jurado Dr. Victor Manuel Talamantes

1 de abril de 2009

La Iglesia como avalista en los préstamos en Italia: una nueva Edad Media



Por Francesca Barca

La conferencia episcopal italiana ha firmado un acuerdo con la asociación de la banca italiana para crear un fondo de 30 millones de euros dirigido a las familias en dificultades económicas. Ese dinero se recaudará en las parroquias de todo el territorio nacional, según afirmó monseñor Mario Crociata al final de la conferencia de los obispos, el 31 de marzo.

Para poder acceder a estos créditos bancarios, que se distribuirán a razón de 500 euros mensuales, habrá que dirigirse directamente al cura de tu parroquia. Como requisito, se debe ser una familia regularmente casada y tener hijos o enfermos a su cargo. Para Monseñor Crociata, supone una ayuda para salir de la crisis económica. Aún así, hay que señalar que es mucho más elevada que las ayudas que el gobierno Berlusconi ha dado a los pobres. El gobierno creó una carta social a finales de 2008 un sistema de ayuda social que asegura entre 450 y 500 euros al años, unos 40 euros al mes, al que por el momento solo han tenido acceso 400.000 personas.

Con esta operación, el Estado recurre de nuevo a la Iglesia católica para intervenir ahí donde este no puede -o no quiere- llegar. Volvemos siglos atrás, a un sistema en el que el cuidado de los pobres y el sistema social eran competencias de la Iglesia, ya que el Estado no podía encargarse. El asistencialismo católico, además de reemplazar al Estado, crea un sistema de dependencia y proselitismo no solo innecesario, sino indeseable.