30 de junio de 2006

¿Cómo se paga el capital social?




Michael Layton

Resumen: Los mexicanos se consideran un pueblo muy "solidario", pero la desconfianza en los marcos institucionales y en las organizaciones no gubernamentales ha llevado a una insuficiencia de conexiones individuales con las redes sociales, así como de normas de reciprocidad y confianza en las organizaciones. Esto es una señal de que la sociedad civil mexicana es débil. Son las organizaciones y el Estado quienes deben atraer la participación y apoyo de la sociedad.

Michael D. Layton es doctor en Ciencia Política por la Duke University y director del Proyecto sobre Filantropía y Sociedad Civil, Departamento de Estudios Internacionales, Instituto Tecnológico Autónomo de México.


Las estrategias y teorías sobre el desarrollo han evolucionado dramáticamente durante las últimas décadas. En principio se concentraron en la formación de capital físico como son fábricas e infraestructura y en el capital necesario para su financiamiento. El enfoque cambió posteriormente para resaltar la importancia del desarrollo de capital humano y promover así la inversión en salud y educación. En la última década se ha subrayado la importancia del capital social y el avance de la sociedad civil, en especial en términos de democratización, pero también en su relación con el desarrollo económico y social.

En el presente ensayo se reflexiona sobre la manera en que en México se financia el capital social, su importancia, así como las actitudes de la población en torno al mismo. Como base de esta reflexión se utiliza la información obtenida en la primera Encuesta Nacional sobre Filantropía y Sociedad Civil (Enafi) sobre capital social, participación, donaciones y trabajo voluntario, llevada a cabo por el Proyecto sobre Filantropía y Sociedad Civil del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) en 2005.

Putnam define capital social como "las conexiones entre individuos-redes sociales y las normas de reciprocidad y confianza que resultan". De acuerdo con el Banco Mundial "cada vez existen mayores pruebas que muestra que la cohesión social es crítica para que las sociedades prosperen económicamente y para que el desarrollo sea sustentable". El capital social es "el pegamento" para una sociedad que mantiene unidas a las instituciones y facilita la resolución de problemas políticos y la defensa de los derechos humanos.

Al igual que otras formas de capital, el capital social no es gratuito: requiere inversión. Ello conduce a la pregunta: ¿cómo se paga el capital social? Mientras que el desarrollo de esquemas para financiar el capital físico ha sido relativamente claro, no pasa lo mismo con el capital social. En el caso de infraestructura o programas sociales, un gobierno extrae la inversión de los impuestos o bien a través de organismos binacionales o multilaterales. De igual forma, gobiernos o donadores internacionales pueden invertir en organizaciones no gubernamentales (ONG); en este caso la inversión tendrá poco sentido sin la participación de las comunidades hacia las que se dirigen los esfuerzos.

En un principio, el proceso requiere tiempo e interacción humana -- reuniones, llamadas telefónicas y actos de reciprocidad -- . Conforme los grupos se organizan más y al cabo se institucionalizan, requieren apoyo financiero para mantener personal y un lugar de trabajo. En un contexto donde no existe una sociedad civil fuerte, muy común en las sociedades en transición democrática, ¿cómo se pueden promover las redes sociales y las normas de reciprocidad y confianza características del capital social? Las organizaciones civiles requieren, para poder mantenerse a lo largo del tiempo, un sentido de comunidad y un compromiso de ciudadanía: participación, donaciones, tiempo y liderazgo.

Cada país tiene su historia y postura al respecto. En México, según los datos obtenidos en la encuesta, la historia empieza como un rompecabezas. Aunque la sociedad civil mexicana es poco desarrollada y enfrenta una crisis de financiamiento, los mexicanos se creen muy solidarios.

EL CASO DE MÉXICO

La sociedad civil en México ha contribuido de una manera importante al desarrollo del país: el movimiento estudiantil de 1968, el terremoto en la ciudad de México en 1985, y movimientos para promover y proteger los derechos políticos, de mujeres y de indígenas. Muchos se refieren al terremoto como el despertador de la sociedad civil, pero su vigésimo aniversario del año pasado no generó celebraciones, sino más bien reflexiones y cuestionamientos sobre dónde está y cómo está la sociedad civil. Los números no son alentadores.

En un estudio llevado a cabo en 37 países por la Johns Hopkins University, el Proyecto Comparativo del Sector No Lucrativo, donde se comparan países de América Latina, Europa y África, México presenta los siguientes datos:

De la Población Económicamente Activa (PEA), sólo 0.4% trabaja en el sector social, mientras que en los países en vías de desarrollo dicho porcentaje representa en promedio 1.9: es decir, cinco veces mayor que México, lo que lo ubica en último lugar en el nivel internacional.

En relación con las fuentes de financiamiento, las organizaciones en México obtienen 85% de sus recursos de las cuotas de servicios, lo que coloca al país en segundo lugar en el nivel internacional. Únicamente 8.5% proviene de fondos gubernamentales; en este rubro México ocupa el lugar 30 de 34, y el último entre los países latinoamericanos. Menos del 7% de sus recursos proviene de donaciones privadas de individuos, empresas o instituciones donantes: la filantropía constituye 0.04% del Producto Interno Bruto (PIB), colocando a México en último lugar en el plano mundial.

Lo que podemos concluir de estas cifras es que la sociedad civil mexicana se encuentra muy poco desarrollada. Las raíces de este problema están principalmente en la herencia de tres décadas de Porfiriato, seguidas por el régimen de la Revolución Mexicana, con siete décadas de gobierno de un solo partido. Durante todo este tiempo, un Estado fuerte restringió el desarrollo de una sociedad civil fuerte e independiente.

A pesar de la debilidad de la sociedad civil que reflejan los datos, los mexicanos se describen como "muy solidarios". Un sentido de solidaridad, sin embargo, no parece ser suficiente para sustentar las actividades del sector. Hoy en día, las organizaciones en México enfrentan una crisis de financiamiento, a pesar de su creciente riqueza México ha sido incapaz de desarrollar fuentes internas para financiar el capital social nacional. Lo anterior plantea la pregunta: ¿cómo se paga el capital social?, como una cuestión urgente para las organizaciones y el país. Empezar a entender esta problemática fue la intención del presente esfuerzo de investigación.

LA ENCUESTA

Para comprender este fenómeno en México, el Proyecto sobre Filantropía y Sociedad Civil, del ITAM, llevó a cabo la primera encuesta de opinión pública a nivel nacional: la Encuesta Nacional sobre Filantropía y Sociedad Civil (Enafi). Su objetivo es entender y cuantificar diversas actitudes y comportamientos sobre temas como: trabajo voluntario; donaciones; capital social; pertenencia y participación en organizaciones. La realización de la encuesta se enfrentó a dos retos principales: el primero fue la generación de datos en un contexto en el cual no existían y, el segundo, en generar información para lograr reformas en políticas públicas y estrategias organizacionales. La Enafi fue aplicada en febrero y marzo de 2005, con una muestra de 1500 ciudadanos mayores de 18 años con credencial de elector. La Enafi es representativa en el nivel nacional y su tipo de estudio es de encuesta de vivienda, con el intervalo de confianza de 95% y su margen de error es de +/- 3.5 por ciento.

Una contribución significativa de la Enafi es que nos ayuda a entender cuáles son las formas de pago del capital social en México y por qué los mexicanos sí son solidarios pero no han construido una sociedad civil fuerte. Las formas incluyen trabajo voluntario, organizacional e informal, donaciones y participación. Además, el nivel de confianza -- interpersonal e institucional -- sirve como un indicador importante del capital social. De entrada, se puede decir que hay un déficit en los rubros de capital y de confianza. Asimismo, se percibe que las organizaciones tienen poca presencia en la vida de los mexicanos.

Uno de los retos que presentó la encuesta fue establecer el vocabulario para discutir estos temas, en un contexto donde hay poca presencia de las organizaciones y poco conocimiento de ellas. Cuando preguntamos, "Durante los últimos 12 meses, ¿realizó usted trabajo voluntario para algún grupo u organización?", sólo 23% dice que sí. Pero en una pregunta subsiguiente, en la que se enlistan opciones específicas, 45% mencionó por lo menos una opción.

Los tipos de organizaciones que se mencionan más son: Religioso (24.5%), Escolar/educativo (24.0%), Desarrollo comunitario/acción vecinal (17.3%) y Salud (14.3%). Lo que tienen en común estos rubros es que son un rasgo prominente en la vida cotidiana.

Al preguntárseles cómo se involucraron en el trabajo voluntario, casi un tercio señaló que fue a raíz de la invitación de un miembro de la organización, y otro 20% contestó que fue porque tiene algún familiar o conocido al que ayudan mediante una actividad de este tipo. Otro 20% se involucró vía la escuela de sus hijos o la iglesia. En resumen, más de 70% se involucró con la organización por medio de un contacto directo, personal; por campañas de difusión vía medios (4%) o vía internet (1%) tienen un impacto mínimo.

El nivel de solidaridad expresado informalmente, entre amigos y vecinos es aún más alto que el expresado a través de organizaciones. Al preguntárseles si habían ayudado a amigos y vecinos en su enfermedad, en las labores de su casa, en su trabajo y escuela, o si les habían dado dinero: la mitad o más respondió afirmativamente, y en los tres primeros casos, en un tercio, y lo habían hecho con frecuencia. Aquí empezamos a desenmarañar el rompecabezas de una sociedad solidaria sin una sociedad civil fuerte. Esta misma tendencia a la informalidad se manifiesta en lo que corresponde a las donaciones.

En términos de donaciones otra vez lo informal predomina. Lo que caracteriza a las formas más comunes de realizar donaciones -- "el boteo", colecta de la Cruz Roja y el Redondeo en supermercados -- es su escaso valor en efectivo: se trata más de un acto inmediato, emocional, que de una decisión ponderada para lograr el máximo impacto en la solución de un problema. De hecho, muy pocos encuestados reportaron haber realizado contribuciones mayores a los 50 pesos.

Uno de los resultados más sorprendentes: 79% de la gente prefiere dar limosna directamente a una persona necesitada en lugar de a una organización. Los mexicanos expresan su solidaridad por esta vía: contestando que 15% lo hace siempre, 52% lo hace la mayoría de las veces y 20% algunas veces. Sólo 10% dice haberlo hecho "rara vez", y la opción de "nunca" no alcanza 1%. Aunque dar limosna se trate de la forma de dar más común y frecuente, no genera capital social, ya que no crea lazos de reciprocidad ni apoya a la formación de organizaciones.

Otra forma de pagar el capital social es mediante participación y pertenencia a una organización. Otra vez la Iglesia gana a todos los demás ámbitos: 25% es miembro y participa (otro 6% es miembro pero no participa). La Junta vecinal le sigue (15% participa, 5% de los miembros no participa), después Asociaciones de padres de familia o de ex alumnos (11 y 7) y Clubes/equipos deportivos (9 y 3). Pero el resultado más sorprendente es que 90% reporta que nunca ha participado en "asociaciones de asistencia social u organismos no gubernamentales". Sólo 4% es miembro y participa, y otro 2% es miembro pero no participa.

¿Por qué los mexicanos no participan? En otras palabras, ¿por qué los mexicanos no parecen tan dispuestos a pagar o invertir en capital social? No se trata simplemente de una diferencia cultural. En estas mismas páginas, Alejandro Moreno (FAE, vol. 4 núm. 2, p. 62) habló sobre las diferencias entre los mexicanos en México y en Estados Unidos en términos de número promedio de organizaciones al que pertenecen (membresía): anglo-estadounidenses 2.8; mexicano-estadounidenses 2.4; el mexicano en México 1.4. (La Enafi tiene el mismo resultado para los mexicanos.)

Parte de la explicación es que las organizaciones en México son poco proactivas: piden donaciones o trabajo voluntario a pocas personas -- dos terceras partes de los encuestados señalan que ninguna organización le ha pedido una donación, y tres cuartos, que no les han pedido trabajo voluntario. Sólo 17% reporta que ellos mismos o un familiar han recibido ayuda de una organización. Existe, pues, un círculo vicioso de poco impacto y poca presencia de las organizaciones en la vida cotidiana, y pocas organizaciones. Otro factor es la baja densidad institucional. En Chile, por ejemplo, hay 50 organizaciones para cada 10000 habitantes: en México, hay sólo una. Todo eso implica que las organizaciones no son tan conocidas, ni gozan de tanta confianza.

En términos de la confianza institucional, la Iglesia tiene los mayores niveles, con 77% reportando mucho o algo de confianza en ella. Los medios de comunicación tienen el segundo lugar, con 55%; grupos de barrio 34%; en tercer lugar, versus organizaciones sociales o no gubernamentales 22%. Parece que lo más cercano y familiar es más confiable que lo más abstracto y lejano.

Estos resultados ponen a las ONG en el mismo nivel de confianza que el Congreso (22%), Sindicatos (19%) y partidos políticos (17%). Hay que decir que la sociedad mexicana en general tiene un nivel muy bajo de confianza: cuando preguntamos, "tiene confianza en las instituciones", 83% dice que no, y sólo 15% dice que sí.

¿Cómo se paga el capital social? En México cuando se paga, se paga de una manera más informal: sí se expresa la solidaridad en los mexicanos, pero no por vías institucionales. Como escribe Alejandro Moreno en su libro, Nuestros valores (2005):

Efectivamente, a inicios del siglo XXI nuestra sociedad continúa siendo sumamente desconfiada y característicamente desorganizada. Los mexicanos suelen desconfiar de los demás y de su entorno, por lo general no forman parte de grupos ni de asociaciones, y tienden a realizar poco o nulo trabajo voluntario de forma organizada. La solidaridad parece ser uno de mis valores guía, haya o no el contexto institucional para manifestarla.

Si el diagnóstico que ofrece la Enafi es la solución intelectual al rompecabezas de solidaridad de no tener una sociedad civil fuerte, ¿quién podrá ofrecer la solución práctica? Las organizaciones de la sociedad civil deben desarrollar estrategias para atraer más participación y apoyo en términos de tiempo y dinero de parte de los ciudadanos. De hecho, el factor más importante que la encuesta encontró para predecir quién puede ser donante y aportar servicio voluntario es el de su pertenencia a alguna asociación. Por una parte, corresponde a las organizaciones convertir la solidaridad mexicana en un pago del capital social. Y por otra, es también responsabilidad del Estado, por medio de un marco regulatorio más favorable y espacios de participación, así como de la sociedad y de la iniciativa privada, facilitar esa urgente transformación.

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