31 de octubre de 2008

Autoridades de España aceptaron que se difunda el contenido de la asistencia jurídica

Gustavo Castillo García

Luego de las críticas que legisladores y otros actores sociales y políticos lanzaron a la Procuraduría General de la República (PGR) por promover un amparo para no entregar la información que envió el gobierno de España a las autoridades mexicanas respecto de supuestas investigaciones de lavado de dinero que involucran a Manuel Carlos Mouriño Atanes, padre del secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, la dependencia que encabeza Eduardo Medina Mora informó que entregará los datos al Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), toda vez que las autoridades ibéricas aceptaron ayer por la tarde que se difunda públicamente el contenido de la asistencia jurídica.

Esto ocurre también luego de que la PGR se desistiera de un amparo promovido ante autoridades federales, el cual ya le había sido concedido de manera definitiva para no difundir la información relacionada con el padre del secretario de Gobernación. La promoción de este recurso legal constituyó un referente histórico, porque se considera que es la primera ocasión en que la dependencia federal promueve este tipo de estrategias jurídicas en aras de evitar la transparencia.

Al filo de las 15 horas, tiempo de México, el gobierno de España autorizó a la PGR que enviara al IFAI y al solicitante de la información los documentos que integran la respuesta a una petición de asistencia jurídica mutua, realizada por la policía mexicana a las autoridades ibéricas en los años 2003 y 2006, informó Fernando Castillo, director de comunicación social de la procuraduría.

“El caso de la petición de asistencia jurídica con España, del señor Mouriño Atanes, no fue porque existiera una averiguación previa que la motivara, sino una solicitud de información policial que hizo el agregado de la PGR en ese país en los años 2003 y 2006, y esto fue motivado por la publicación de una nota periodística.

“En ese contexto, se debe puntualizar que no hay, ni en México ni en España, alguna investigación, acta circunstanciada o averiguación previa que indique que existe blanqueo de capitales por parte del señor Mouriño Atanes”, dijo el funcionario.

Entrevistado vía telefónica, mencionó que los documentos respectivos serían entregados al IFAI a más tardar la mañana de este viernes, dado que al mismo tiempo que se obtenía la aprobación de las autoridades ibéricas para entregar los datos, “la PGR se desistía del amparo que a título personal había presentado el coordinador de Asuntos Internacionales, Adrián Franco, para no entregar la información, dado que podría incurrir en responsabilidades si la hubiera proporcionado sin ese aval”.

Según Fernando Castillo, el amparo fue solicitado porque “las asistencias jurídicas y el señalamiento de que su contenido es confidencial es una situación similar a la divulgación de una averiguación previa”.

30 de octubre de 2008

Exige IFAI información que involucra a padre de Mouriño

Jorge Octavio Ochoa

El Universal

El Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) advirtió que la PGR debe proporcionar a ese organismo la información del gobierno de España en la que se involucra a Manuel Carlos Mouriño Atanes, padre del secretario de Gobernación, en presuntos hechos de "blanqueo de capitales".

Apenas el mes pasado, la PGR le informó al IFAI que la coordinación de Asuntos Internacionales y Agregadurías, promovió un amparo indirecto ante la juez del 4º distrito en materia administrativa en el Distrito Federal para mantener en reserva la información.

En sesión plenaria, el IFAI advirtió que nunca un Comisionado de ese organismo a "filtrado" a terceros, información que esté bajo análisis y de ahí que la desconfianza de la PGR resulta injustificada.

Por ello, en su próxima sesión, determinarán el mecanismo por el que se les podría hacer llegar dicha información para que sea analizada.

El proyecto que será discutido, establece que la Procuraduría General de la República no entregó prueba alguna de que "el reino de España" hubiera entregado, con carácter de confidencial, la documentación solicitada, ni que su divulgación pudiera causar daño diplomático en las relaciones de ambos países.

La PGR tampoco ha fundado las razones que lleven a concluir que la documentación es reservada; es decir, no motivó su clasificación, pero sí impidió que el IFAI hiciera la verificación, señala el dictamen presentado por el comisionado Juan Pablo Guerrero y que será discutido en la próxima sesión.

El proyecto sugiere la entrega de la información en "versión pública" con objeto de proteger la información que pudiera estar clasificada.

Para la elaboración de dicha versión, la PGR deberá atender los lineamientos de la Ley de Transparencia y los ordenamientos para la clasificación y desclasificación de documentos.

El titular del IFAI, Alonso Lujambio, acusó a la PGR de "chicanear" la Ley Federal de Transparencia mediante un amparo "aberrante", que se aleja subrayadamente del margen de la ley.

La ley es clarísima cuando dice que los comisionados del IFAI pueden tener acceso a la documentación para tener elementos para emitir un juicio.

"Decir que si le enseño al comisionado el documento, acto seguido se estará perdiendo el carácter de reservado, es una tontería del tamaño de una catedral", dijo molesto, al hablar durante la sesión de pleno.

De acuerdo con informes del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), la PGR mantiene en reserva, de manera indebida, información que involucra al padre del actual secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, con "blanqueo" de dinero.

Esto se desprende de una investigación iniciada desde el 2002 por Carlos Miguel López Torres, agregado de la Procuraduría General de la República en España, quien solicitó dicha información.

Había respuestas oficiales del gobierno español, sobre una supuesta investigación en contra de Mouriño Atanes, por presunto blanqueo de capitales.

Se solicitó información de toda la documentación que la PGR posea al respecto, pero la respuesta de dicha dependencia fue negativa y catalogó como "clasificada" dicha información.

La PGR consideró que su difusión causaría un menoscabo en las relaciones internaciones entre México y España, ya que la dependencia daría a conocer datos que otros estados u organismos internacionales le entregaron con carácter de "confidencial".

Tribunal: CCE violó ley con spots en 2006

Jorge Octavio Ochoa

El Universal

En un hecho sin precedentes, el Tribunal Electoral (TEPJF) ordenó ayer al IFE sancionar a PAN, PRI y PVEM por los spots de la guerra sucia, emitidos por el Consejo Coordinador Empresarial (CCFE) en la campaña presidencial de 2006.

De acuerdo con el fallo aprobado por la Sala Superior, esos partidos fueron responsables al no haber realizado las acciones necesarias para prevenir o rechazar los mensajes contenidos en esos promocionales en apego a las disposiciones electorales.

El pasado 29 de septiembre, el consejo general del IFE exoneró al PAN de la campaña impulsada por el CCE, en la que cuestionaba la propuesta de política económica de Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo ayer, por unanimidad, los magistrados consideraron que el CCE violó disposiciones legales y benefició no sólo al PAN, sino también a PRI-PVEM, por lo que el IFE tendrá que “individualizar” sanciones a cada uno de ellos.

El organismo empresarial respondió ayer que sólo “ejerció su libertad de expresión”.

El representante del PRD ante el IFE, Rafael Hernández Estrada, declaró que “con esta sentencia quedan en evidencia varios actores que tomaron parte en los acontecimientos del 2006”.

“A final de cuenta, la Sala Superior hizo justicia en este caso. Corresponde ahora al IFE, que ha visto revocada la resolución que había tomado, acatar la sentencia del Tribunal e imponer las multas que procedan contra los partidos beneficiados”.

Queda en evidencia, dijo, nosólo el propio CCE, “que se dedicó a denostar y calumniar al candidato de la izquierda”, sino también el propio candidato del PAN, Felipe Calderón, que fue el beneficiario de esa campaña indebida.

Quedan en evidencia el ex presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, que fue “indolente”; los funcionarios la Dirección de Radio, Televisión y Cinematografía de Gobernación, que mintieron para ocultar la evidencia de esta multimillonaria campaña.

También las televisoras, que fueron requeridas en las diligencias del caso y que algunas veces no respondieron a los requerimientos de la autoridad o lo hicieron con información vaga.

Cabe señalar que el código vigente en 2006 no preveía la sanción a particulares y es el motivo por el cual el CCE no podrá ser multado o sancionado de alguna otra manera por el IFE.

29 de octubre de 2008

Crisis y tv

Gabriel Sosa Plata



Basta con “echarle ganas” para afrontar la peor crisis económica mundial desde 1929, dicen algunos artistas de la televisión comercial. Así de fácil



“Hoy el mundo está atravesando una crisis económica muy grande, que también está afectando a México”, dice Fernando Colunga. “Pero por más grande que sea, jamás va a ser más grande que nosotros mismos”, agrega Jacqueline Bracamontes.

Y luego vienen frases como “Más grande es el amor a nuestro país”, “Más grandes son las ganas de que nuestros hijos tengan un futuro mejor del que nosotros jamás tuvimos”, “Muchísimo más grande es nuestro esfuerzo y gigantesco nuestro corazón” (EL UNIVERSAL, 24 de octubre).

Como si la crisis económica viniera de Plutón, el spot, que una y otra vez se retransmite en canales de cobertura nacional, reduce todo a un problema de actitud. Si le echamos ganas (el corazón ya lo tenemos grande, lo cual es un avance importante), seguramente podremos superar la recesión, el desempleo, la inflación, la especulación cambiaria, la caída de las bolsas y la falta de liquidez para inversiones.

Demagógico, el spot es un insulto a la inteligencia de los televidentes y de los millones de seres humanos que ya comenzamos a vivir los estragos de la crisis económica, no por falta de solidaridad, de amor a los hijos o a nuestras naciones, sino por una serie de problemas estructurales originados, como dijo el ex presidente de Chile, Eduardo Frei, por la “arrogancia”, la “soberbia” y la “incompetencia” de un conjunto de empresarios y políticos estadounidenses.

La insolvencia hipotecaria y la pérdida de confianza en los bancos estadounidenses fue el principio del desastre que rápidamente se extendió y generó el colapso financiero mundial. Los países en desarrollo, se ha dicho en los últimos días, serán muy afectados. Tan sólo en México, el peso se ha devaluado, la bolsa ha tenido caídas paulatinas (algunas de ellas históricas), las expectativas de crecimiento económico se han reducido, el crédito se está restringiendo y el desempleo se agudizará.

Ayer, EL UNIVERSAL dio cuenta de las declaraciones del secretario del Trabajo, Javier Lozano, quien finalmente reconoció que debido a la crisis financiera mundial, en México no se podrán crear más de 300 mil empleos por año hasta 2010 y que para finales de 2008 se registrará una “fuerte caída” en el mercado laboral. No se tendrán ni siquiera los 340 mil empleos que se registraron hasta septiembre, alertó.

¿Cuál debe ser el papel de los medios ante un escenario así? Me parece que deben informar de manera clara y sin sensacionalismos sobre la crisis, investigar y denunciar a los culpables que la originaron, convertirse en observadores muy estrictos y críticos de las acciones de empresas y gobierno en este terreno (y no en cómplices) y, sobre todo, aportar información significativa para la toma de decisiones en los hogares (ahorro, uso de tarjetas, economía familiar, etcétera).

La explotación del sentimentalismo patriotero, funcional quizás para una final de futbol, es contraproducente en un panorama como el que enfrentamos, porque genera rechazo e impotencia en lugar de simpatía. La retórica televisiva no aporta soluciones y en cambio sí parece justificar el estado injusto de un sistema económico que recurre, de nueva cuenta, a los ya de por si marginados sectores de la sociedad para dar solución a los problemas de la crisis. Poco favor se hace la empresa de tv que promueve tales ideas.

Hace algunos días el presidente de la Asamblea General de la ONU, Miguel D’Escoto, dijo que hay que dejar de lado las declaraciones de buenas intenciones y aplicar “medidas correctoras” para acabar con las desigualdades, el hambre, la pobreza, la crisis alimentaria, el calentamiento global, el terrorismo y las crisis “creadas por el hombre” y por la falta de democracia en las naciones.

Por lo pronto, en México, Adal Ramones ya nos dio la solución: echémosle ganas.

La necesaria izquierda

Javier Corral Jurado

A lo largo del fin de semana, se ha insistido mucho en reprochar a Andrés Manuel López Obrador, una conducta contradictoria frente a la reforma energética que, habiendo conjurado el elemento privatizador, no mereció de su parte el aval esperado y por el contrario ha convocado a la resistencia civil de sus seguidores para tratar de detener su aprobación. Se le ha acusado de tirar a la basura un evidente triunfo programático de su defensa del petroleo, o como en el PAN llamamos cuando éramos oposición al triunfo de nuestras ideas en las leyes, una victoria cultural.

Desde hace tiempo tengo para mí que, en efecto, hay un impulso autodestructivo en Andrés Manuel López Obrador. Es un filón interno de una personalidad subconsciente que lo lleva a actuar contra sí mismo en el momento culmen en el que puede conseguir un triunfo o hacerse de la razón. Su campaña electoral del 2006, es una bitácora precisa para quien desee seriamente observar cómo un candidato puede alejarse por voluntad propia del camino de la victoria electoral y luego contribuir de singular manera con la voluntad de sus adversarios para dejar en cero una ventaja de diez puntos.

Pero en el caso que nos ocupa siento además que, no hace suyos los logros del amplio debate que se abrió y el fuerte ajuste que se dio a los dictámenes, porque considero que nunca fue suyo el propósito de contribuir a una reforma en el sector energético, ni se acogió con gusto a la iniciativa que por la vía del Frente Amplio Progresista presentaron un grupo de expertos en la materia; porque esa acción se colocó como un paso muy relevante dentro del proceso de negociación política en el Congreso por parte de los senadores del PRD para desatorar la reforma estructural en México y avanzar en otros temas, en sentido contrario a la dinámica de descalificación general en que ha basado López Obrador su movimiento.

Al triunfar la estrategia opuesta, y conseguir mediante el debate, el diálogo y la negociación avances en el régimen fiscal, orgánico y regulador de Petróleos Mexicanos, es lógico que se sienta derrotado. No me atrevo a decir que no vivan en él convicciones profundas, principios y valores sociales muy importantes, y propuestas para mejorar el sector energético del país, pero por ahora ese no era el interés mayor, como sí mantener un movimiento de resistencia al gobierno de Felipe Calderón, para el que consensos como el energético lo legitiman.

México necesita en el ámbito de la competencia política una izquierda moderna y democrática, capaz de sobreponerse a los cacicazgos sindicales, a los caudillismos ideológicos o a los mesianismos populares. El sistema de partidos, más específicamente, requiere de una Izquierda que sea capaz de asumir los riesgos y las responsabilidades de un proceso de negociación de sus propias propuestas, y si sale triunfadora, reconocérselo. Y ese paso trascendental, valiente e inteligente, lo ha dado el grupo de legisladores perredistas en el Senado.

Es de esperarse que se repita la actitud en la Cámara de Diputados. Ojalá haya en el gobierno de Calderón, la capacidad para entender la dimensión de esa decisión perredista.

Cuba y México: la reconciliación

José A. Crespo

Con la apoteótica recepción al canciller cubano, Felipe Pérez Roque, se cierran heridas y liman asperezas con el gobierno de Cuba, tras los fuertes desencuentros que se dieron desde el de Ernesto Zedillo y se profundizaron a punto de ruptura con Vicente Fox. La explicación oficial del distanciamiento, ofrecida por Jorge Castañeda, primer canciller de Fox, es que, habiendo transitado México del autoritarismo a la democracia, dejaba de haber afinidad entre nuestro régimen político y el cubano. Además, la promoción internacional de derechos humanos constituiría un “anclaje internacional” para consolidar la democracia mexicana. Escribe Castañeda que “la tesis del anclaje internacional de la nueva democracia mexicana… fue retomada casi íntegra del ya clásico propósito español a principios de los años ochenta”. Añade que conversó “largamente sobre esta autodefensa española con su autor, Felipe González” y que persuadió a Fox de “que la mejor protección para la incipiente democracia mexicana residía en su anclaje externo” (La Diferencia, 2007). Claro, pero cuando no hay voluntad para respetar y fortalecer internamente esa democracia —como no la tuvo Fox— no hay “anclaje internacional” que sirva. Así, como la política exterior mexicana debía reflejar ese importante cambio, entonces tendría que votarse contra la violación de los derechos humanos en Cuba, lo que generó tensión entre ambos países.

Es decir, la relación con Cuba se fijó desde una perspectiva de política interna (la presunta democratización mexicana que debería reflejarse en su política exterior) y no a partir de una estrategia geopolítica, en la que México se mantenía como interlocutor válido entre Cuba y Estados Unidos, no sólo por la cercanía geográfica, sino porque fuimos el único país del continente que jamás rompió relaciones diplomáticas con el gobierno de Castro. Sin embargo, si de acuerdo con la óptica castañedista la política exterior se definía durante los gobiernos del PRI por afinidades de régimen (autoritario), entonces no se explica por qué se rompieron relaciones con España franquista o Chile de Pinochet. Tampoco se entiende por qué durante el gobierno de Fox no hubo distanciamiento —sino acercamientos— con esa enorme dictadura de partido único que sigue siendo China. Las cosas son, evidentemente, más complejas.

Fox pensaba —y piensa— que el bloqueo estadunidense a la isla era, no sólo injusto, sino ineficaz: “En lugar de boicotear a Cuba y transmitir por Radio Martí, Estados Unidos debiera enviar Coca-Cola y nuevos episodios de la serie Friends” (La revolución de la esperanza, 2007). Y tomó como compromiso personal “llevar a Cuba al mundo del libre comercio”. Fox fue, pues, convencido por Castañeda de la validez de la doctrina de las “afinidades políticas” como eje de la relación con Cuba: “Todos los males de Cuba fueron pasados por alto por el PRI… que rara vez señaló las tendencias antidemocráticas de otras naciones para que no le dijeran aquello de ‘miren al burro hablando de orejas’.” Esos males de Cuba (su carácter dictatorial y la violación a los derechos humanos y políticos de los disidentes) no serían tolerados por un gobierno presuntamente democrático como el que encabezaba Fox (que sigue pensándose a sí mismo como el Václav Havel o el Nelson Mandela mexicano). Los beneficios estratégicos de esa relación debieran quedar subordinados a los valores democráticos que ahora México empezaría a promover a nivel internacional.

Pero la relación se deterioró a partir de ciertas circunstancias, como la Cumbre de Iberoamérica en Monterrey, cuando Castro le tendió una celada a Fox, en la que cayó redondo (algo que debió prever Castañeda) y lo exhibió más tarde como un mentiroso. Y lo más fuerte vino cuando Carlos Ahumada fue a dar a Cuba en su fuga (ayudado por el gobierno federal, según dijo a los cubanos, presuntamente a cambio de los videos que comprometían al gobierno capitalino de Andrés López Obrador). Castro aprovechó esa situación para dar un nuevo golpe a Fox. Fue el gobierno mexicano quien escaló en el conflicto retirando a nuestra embajadora en La Habana, bajo el argumento de que los cubanos habían violado y amenazado nuestra soberanía (no se dijo exactamente cómo lo hicieron, pues la información fue clasificada por 12 años). Fox afirma que: “Funcionarios del PRI reconocieron después haberse reunido con funcionarios cubanos, en crasa violación a nuestra soberanía en cuestiones de política interna… no podíamos permitir que el gobierno de Cuba se entrometiera en los asuntos de México”. Un doble rasero, pues Fox había visitado en 2002 a opositores cubanos en Cuba. Castañeda narra que él y Fox sabían que esa decisión no iba a gustar al gobierno cubano, “pero en el marco de la nueva política exterior era indispensable hacerlo”. Ningún presidente lo había hecho antes, si bien la predecesora de Castañeda (Rosario Green) había recibido a varios disidentes en la embajada de México (1999), por lo cual “el Presidente de la alternancia no podía ser menos; tenía que hacer más”, cuenta Castañeda. Sí, muy bien. Pero cuando funcionarios cubanos se reunían con la oposición en México, entonces era una “crasa violación a nuestra soberanía”, según escribe Fox. Lo cual sirvió para justificar el distanciamiento entre ambos países, cuando lo que estaba en el fondo era un acuerdo del gobierno federal con Ahumada.

Calderón decidió desde que llegó a Los Pinos que no valía la pena prolongar el pleito con Cuba y probablemente no porque considere que su gobierno sea políticamente afín al cubano (aunque la recepción que le dio el PAN a Pérez Roque lleva a pensar que quizá sí), sino porque ha visto de mayor utilidad recuperar la posición estratégica de México en el área.

22 de octubre de 2008

Mariguana y narcotráfico

José A. Crespo

La semana pasada, el asambleísta Víctor Hugo Círigo, del PRD, presentó una iniciativa con vistas a despenalizar nacionalmente la producción, el comercio y el consumo de la mariguana, de la que México es el principal productor. No parecen haber condiciones políticas para que avance esa iniciativa. Probablemente por cálculo electoral, el propio PRD capitalino se deslindó de la propuesta, pese a haber sido aprobada en el último Consejo Nacional de ese partido. Pero la propuesta del diputado Círigo al menos dará lugar a un debate de fondo sobre los resultados de la prohibición legal de las drogas en general, y la conveniencia de mantenerla.

1) Jamás he entendido la racionalidad de convertir un problema grave, pero manejable, de salud pública, en otro inmanejable de seguridad pública, primero, y de seguridad nacional, después, que provocan violencia incontrolada, corrupción de los cuerpos de seguridad, infiltración de las instituciones por los capos y una amenaza a la viabilidad misma del Estado. Eso se debe en buena parte a la enorme rentabilidad económica del mercado negro de narcóticos, calculada en dos mil 500 por ciento.

2) Con semejantes ganancias, existe un incentivo permanente para entrar a ese mercado negro, aun a riesgo de perder la libertad o la vida (eso de “toda la fuerza del Estado” no parece intimidar a los narcos en absoluto). Además, ello explica la gran capacidad corruptora y la respuesta armada de los cárteles (capaces de adquirir sofisticados arsenales, vehículos blindados, aviones y hasta submarinos).

3) Que la mariguana es droga puente a otras más perniciosas no se cuestiona, pero eso también ocurre con el tabaco y el alcohol y no por ello tan perniciosas drogas se vuelven a prohibir.

4) Se argumenta que por razones morales el Estado no debe dejar sin protección a las víctimas del narcotráfico, tal como lo ha expresado el encargado del tema en las Naciones Unidas, Antonio María Costa: “¿Deberíamos legalizar la esclavitud moderna a la luz de la intrínseca dificultad de plantarle la cara?” (9/oct/08). Pero en el consumo de drogas no hay víctimas involuntarias, sino “víctimas cooperativas”: los consumidores deciden ingerir las drogas, por lo que lo más eficaz en esos casos es la publicidad, la información y la rehabilitación, nada de lo cual genera poderosos cárteles ni la violencia y la corrupción derivadas de su combate. El consumo de estupefacientes no puede compararse con los delitos en donde las víctimas son involuntarias, como el secuestro, la prostitución infantil, el tráfico de órganos o la esclavitud. Más aún, es absolutamente irracional que algunos estados (como el mexicano) dediquen tanto tiempo y recursos a combatir los delitos con “víctimas cooperativas” y descuidan así la prevención y persecución de crímenes con víctimas involuntarias. Resulta desalentador que ni siquiera el encargado de drogas de la ONU pueda hacer tan elemental distinción entre esos dos tipos de delito.

5) Es verdad que la despenalización resulta políticamente poco viable en tanto Washington se oponga a ello, pues eso impide que dicha medida se tome a nivel al menos hemisférico (hacerlo de manera aislada y unilateral reduciría fuertemente la eficacia de dicha reforma, además del costo político de contravenir a Estados Unidos en tema tan sensible). Desde luego, hay una gran hipocresía y doble rasero del gobierno estadunidense, pues al menos 12 entidades en su país han despenalizado la producción y el consumo de la mariguana. Se replica que sólo para fines terapéuticos, pero esa es la coartada de una mayor liberalidad. Por ejemplo, en California se puede obtener una receta para comprar diversos tipos de mariguana en tiendas legales, con sólo reportar al médico una cierta pérdida del apetito o sufrir insomnio o dolores de cabeza. No sería racional, como suele afirmarse, que estadunidenses vinieran a México exclusivamente a fumar mariguana. Lo pueden hacer en condiciones de absoluta legalidad en su país, donde se produce 60% de la mariguana que consume.

6) La despenalización favorecería una mejor atención al consumo y la adicción a diversas drogas. La prohibición estimula que los productos sean adulterados y provoquen mayor daño a la salud que si fueran legales (durante la prohibición del alcohol, en Estados Unidos, algunos consumidores llegaban a quedar ciegos por la mala calidad de lo que bebían, cosa que difícilmente ocurre ahora que es legal y sujeto a control de calidad). Además, la gran cantidad de recursos dedicados a combatir inútilmente la oferta de drogas podría canalizarse a reducir su demanda, mediante información, prevención y rehabilitación. Debe dejarse a los ciudadanos decidir sobre su respectiva salud, como sucede con el alcohol, tabaco y alimentos dañinos a su organismo. Pues además el paternalismo estatal resulta inútil para abatir el consumo. Y, en el caso de los menores de edad, las campañas preventivas han mostrado ser muy eficaces, como en el tema concreto del tabaco.

7) Se ha dicho que la legalización implicaría rendirse ante los cárteles de la droga y que promoverla es hacerle el juego a los capos. Me parece que es a la inversa: los más perjudicados por la legalización serían los cárteles (y otros sectores que se benefician de la prohibición, como los financieros que lavan dinero), pues perderían el negocio de su vida. Los que hacen el juego a los narcotraficantes son justamente quienes defienden la prohibición. Por eso, el día que se considere seriamente despenalizar alguna droga, los capos invertirán parte de sus desorbitadas ganancias en financiar intensas campañas contra esa opción.

16 de octubre de 2008

Jun, el pueblo de la teledemocracia europea

Elecciones generales 2004- los habitantes reciben ayuda del personal del ayuntamiento (Fotos: Ayuntamiento de Jun)

Desde hace diez años, la localidad granadina de Jun se ha convertido en un laboratorio cibernético para toda Europa. Bajo la premisa “derecho a Internet para todo el mundo” el ayuntamiento de este pueblo de 3.500 habitantes es un ejemplo de optimización de recursos y administración eficaz: se acabaron las colas kilométricas para rellenar eternos documentos oficiales.

De la vega de Granada a Nueva York

Actuaciones como la celebración de un pleno del Ayuntamiento por Internet en junio de 2001, ejercer el voto electrónico, avisar a la Policía Local por sms y convocar una huelga general virtual, son solo algunos de los casos en que la digitalización de la información en Jun ha aportado transparencia y eficiencia a tareas que antes empeñaban horas y desesperación entre la población. Pero la cobertura que dio el diario New York Times a cuatro columnas en los comienzos de esta iniciativa pionera en España y Europa fue el elemento que despertó el interés a nivel internacional.


Vista aérea de Jun, en la vega de Granada (Andalucía)
Vista aérea de Jun, en la vega de Granada (Andalucía)Vista aérea de Jun, en la vega de Granada (Andalucía) | www.ayuntamientojun.org

El alto grado de participación de las elecciones nacionales españolas de marzo de 2004 puso la guinda a un proyecto que, hasta entonces, había sido criticado por la oposición de “propaganda política”. En aquella ocasión, los habitantes de Jun pudieron votar mediante el móvil o a través de una firma electrónica otorgada por el Ayuntamiento cuya privacidad está completamente garantizada.

José Antonio Rodríguez, alcalde del municipio granadino, asegura que es un ejemplo de “teledemocracia activa”, una manera de fomentar la retroalimentación entre ciudadano y gobierno local con menos trámites y más rapidez. “Tenemos la obligación de resolver una petición que se realice mediante correo electrónico en 24 horas”, subraya el regidor de Jun, cuyo blog es el más visitado en toda España.
Aplicar la informática en lo cotidiano


Los niños aprenden a utilizar Internet desde una edad muy temprana
Los niños aprenden a utilizar Internet desde una edad muy tempranaLos niños aprenden a utilizar Internet desde una edad muy temprana | www.ayuntamientojun.org

Ya no hay ‘inforicos’ ni ‘infopobres’ en Jun, existe wi-fi en todos los rincones de la localidad y hay un centro donde, además, se facilita el uso de ordenadores públicos. El pretérito trámite de solicitar recetas en la farmacia pasó a la Historia: actualmente todo está digitalizado y la medicación habitual de cada paciente se renueva de forma automática. La afluencia de habitantes en los centros de salud ha bajado un 40% al ahorrar el trámite de solicitar nuevas recetas para sus medicamentos, dejando espacio y tiempo para pacientes de atención urgente. La implantación de este sistema de receta electrónica ya se está exigiendo en el resto de Europa, el éxito de Jun, se contagia y triunfa.

El voto electrónico y vía móvil también está siendo imitado en el continente. En Suiza, los cantones lo ejercen así y en las pasadas elecciones francesas se aplicó en cinco distritos parisinos por petición de Sarkozy a ejemplo del ciberespacio de Jun.
Una falsa alarma de cataclismo

Uno de los grandes temores de esta informatización feroz era la de que las relaciones interpersonales se deterioraran. Sin embargo, tanto habitantes de Jun como el alcalde coinciden en que “si cabe, han mejorado”. Los juneros ya no se encuentran en las colas del ayuntamiento, y con menos frecuencia en las del médico. Ahora, las reuniones son de otra índole: ocio, trabajo, pero no “pérdida de tiempo en materia burocrática”. “La Moncloa (nombre con que se conoce la entrada del pueblo donde personas mayores se sientan diariamente) sigue criticando o no, a la entrada del pueblo”, explica José Antonio Rodríguez para justificar que la sociedad junera no ha cambiado en absoluto.

Con respecto a los costes, la optimización de recursos es tal que ha supuesto incluso un ahorro para Jun. La aplicación de las tecnologías, el siguiente proyecto M Administración (administración vía móvil) e instalaciones de redes, entre otros objetivos, es subvencionado por marcas como Telefónica o Iberdrola en forma de premio por ser pionera en este sector.

Los días y los medios

Agosto

27 El Consejo Ciudadano por la Equidad de Género en los Medios de Comunicación y el Derecho a la Información de las Mujeres emite una recomendación a Televisa por considerar que la telenovela Fuego en la sangre promueve y justifica la violencia contra las mujeres.

29 La Prensa celebra su 80 anivesario.

Con el respaldo de elementos de la AFI, personal de la Cofetel confisca el equipo de la radio comunitaria La Rabiosa (103.5 FM), en la región de la Mixteca.


Septiembre


2 Hacienda autoriza una segunda ampliación presupuestal por 300 mdp al IFE, con lo que el organismo contará con 650 millones adicionales –y no 796.9, como originalmente había solicitado– para cumplir con su labor de monitoreo derivada de la reciente reforma electoral.

La SCT formaliza el nombramiento de Rafael del Villar y Gonzálo Martínez Pous como miembros de la Cofetel; asimismo, anuncia que Purificación Carpinteyro será subsecretaria de Comunicaciones.

3 El Tribunal Electoral del ordena al IFE modificar el artículo del Reglamento de Radio y Televisión que fracciona en promocionales de 20 segundos los cinco minutos de tiempo en radio y TV a que tienen derecho los partidos políticos, así como el que suspende la difusión de los mismos en los intervalos entre precampañas y campañas.

Con el respaldo de agentes de la PFP, personal de la Cofetel incauta el equipo de transmisión de la radiodifusora Radiomiramar (98.3 FM), en Salina Cruz.

4 Código DF, Radio Cultural en Línea –radiodifusora del GDF por conducto de la Secretararía de Cultura– inicia transmisiones por Internet.

7 Con la participación de expertos de Alemania, Canadá, Francia, Suiza y Venezuela, entre otros, inician las actividades de la séptima Bienal Internacional de Radio, organizada por Radio Educación.

The New York Times cierra su división de distribución y despide a 550 empleados. Tres días después, en una transacción de 128 mdd, Carlos Slim adquiere 6.4% de la editora; apenas se anunció la compra, el valor las acciones subió 9.1%.

11 El IFE presenta ante concesionarios y permisionarios los lineamientos que deberán acatar los noticiarios de radio y televisión durante los comicios de 2009.

15 La SCT publica en el DOF el acuerdo mediante el que se fijan los requisitos que deberán cumplir los concesionarios y permisionarios de radio AM para que puedan acceder a la FM.

24 Cuando colocaba una manta en que la que se leía “Los secuestradores viven hasta que los ciudadanos quieren”, el locutor Alejandro Zenón Fonseca Estrada, mejor conocido como “El Padrino”, es baleado por un comando armado, a 100 metros de la delegación de la PGR en Tabasco.

15 de octubre de 2008

Dos de Televisa dos

Fedro Carlos Guillén

Hace no mucho escribí en estas páginas que el advenimiento de una competidora para Televisa en los tiempos en que Salinas Pliego pujó por Azteca, nos había brindado esperanza a un grupo de idiotas que nunca entendimos el desastre que se avecinaba: Azteca simplemente multiplicó por dos la imbecilidad televisiva de la que todos hemos sido víctimas. Digo lo anterior por la sencilla razón de que hace no mucho una señora muy lista dijo en una entrevista de radio que las frecuencias se “tendrían que abrir” (imaginar frecuencias abriéndose) para evitar este duopolio que nos tiene a varios hasta la mismísima madre. Por supuesto si el efecto de esta apertura es el de hacer exponencial la propuesta de la televisión mexicana, más vale que nos agarren confesados y así –sin confesar– me tomaron dos iniciativas recientes del grupo Televisa.

La primera se vincula con la transmisión de los Juegos Olímpicos en la que fui testigo de hechos prodigiosos. Porque prodigioso es que viaje una delegación televisiva que supera en número a los atletas para presentarnos lo que nos presentaron. Lo que una persona lúcida esperaría es que un grupo de comentaristas especializados asistiera a las justas deportivas y nos narrara expertamente lo que ahí acontece. Sin embargo quien haya tenido la oportunidad de escuchar a Pepe Segarra gritar cosas como: “¡La diosa de ééébanooo, padres queridooos!” convendrá conmigo que por lo menos en este caso, se trata de un acto fallido. Hasta ahí estarían las cosas (un locutor estridente) de no ser por la propuesta de “entretenimiento” que ha sido diseñada por un conjunto de idiotas y que parecería en su conjunto seguir una línea conceptual definida como: “Vayan a China, búrlense de los chinos lo más que puedan y traten de ser chistosos”.

Por supuesto, el efecto final se resume en dos cómicos que se fingen homosexuales españoles, una mano con ojos que alburea a gente que no entiende lo que le dice, una señora disfrazada de menesterosa (creo que en México la gente no entiende que se están pitorreando de ella y por eso le da risa) acompañada de “su hijo” y un señor de nombre Facundo que ideó cosas para “averiguar si la paciencia de los chinos era una fama bien ganada” o se podían exasperar ante un idiota, agregaría yo editorialmente. También apareció Nadia Comaneci con cara de la mamá del muerto haciendo comentarios indescifrables, una buenona que presentaba espectáculos repugnantes y un niño oligofrénico con peinado de príncipe valiente y voz de pito apodado “El reporterito” (¡El reporterito! Dios mío) que decía cosas como: “%%&()?/%%&” y luego traducía: “el niño dice que le gustan los pescados”.

Lo tristemente notable es que Televisa arrastró en el rating a Azteca (que intentó lo mismo nomás que paupérrimamente), lo que me deja una sensación de orfandad intelectual de la que no me he podido reponer.

El segundo ejemplo ocurre los domingos en la noche en el Canal 2. Se ha diseñado un formato de concurso en el que se elige a alguien medianamente famoso, como el Hijo del Perro Aguayo, y se le pone a lado de gente llamada “soñadora” que intenta hacer el ridículo a cambio de alguna prebenda económica. En este formato he visto cirqueros, gordos enormes tratando de bajar de peso y más recientemente a un grupo de gente que debe cantar y bailar para que un grupo de jueces que son mamoncísimos e ilegibles les pasen el camión por encima. Los familiares aparecen eventualmente echando porras y bendiciones, los soñadores se enfrentan a sus 15 minutos de fama y el público (que imagino con la misma lucidez que mi pisapapeles) asiste al estudio con pancartas y matracas.

Cuando veo cosas como las que he ejemplificado, recurro a la misma pregunta de siempre: ¿es ésta la televisión que merecemos? Por supuesto concluyo que la respuesta es afirmativa y empiezo mis plegarias porque a alguien se le ocurra liberarnos de este tormento. Por cierto, si alguien cree que la salida es programar una orquesta de música clásica o a una nube de snobs explicándonos el origen de la palabra “pápaloquelite”, me apresuro a decirle que no es ahí por donde imagino la salida.

El problema es que creo honestamente que no hay salida, lo cual no deja de ser deprimente.

13 de octubre de 2008

Crisis económica, ¿crisis política?

José A. Crespo

Dice Felipe Calderón, así como varios especialistas independientes, que nuestra economía está mejor preparada que en otras ocasiones para enfrentar con bien el vendaval financiero internacional, y que eso se debe a buenas decisiones que tomaron los gobiernos mexicanos en los últimos años. Por ello, en lugar de un “ajuste de cinturón”, lo que ahora propone es expandir el gasto público en obras productivas, crear infraestructura y fortalecer el mercado interno. Un paquete anticrisis de corte esencialmente keynesiano (en lugar de uno ortodoxamente neoliberal). Asegura Calderón que, una vez pasado el temporal, la economía mexicana será más fuerte y competitiva (“aunque no lo parezca”, le faltó agregar). La verdad es que, como todo el mundo sabe —aunque el gobierno nos lo intentó ocultar—, la economía mexicana sufrirá de manera importante a causa de la depresión estadunidense. De hecho, esos efectos ya se empezaron a sentir. El impacto inflacionario y el nivel de devaluación tampoco es posible saber, por lo pronto, hasta dónde llegará. En suma, el perjuicio real a la economía no se puede calcular en estos momentos, pues lo que prevalece, aun entre los especialistas, es la incertidumbre. No se puede saber con certeza en dónde se ubica el piso de la pérdida de confianza financiera a nivel mundial.

Pero suponiendo que en efecto la economía mexicana está hoy en mejores condiciones que años atrás para enfrentar la crisis en el mundo, habría que preguntar si el sistema político también lo está. Ahí las cosas no son tan claras. Sabemos que las crisis económicas pueden provocar crisis políticas, por más que el origen de las primeras se ubique en el exterior. También, que los sistemas políticos tienen una capacidad limitada para resistir presiones provenientes de diversos sectores movilizados por una afectación económica directa, que los canales institucionales —aun siendo eficaces— tampoco pueden absorber y encauzar un excedente de demandas sociales que se incrementan de manera súbita. Por lo cual, mientras más nos impacte la crisis mundial, mayores presiones habrá sobre un sistema político que no está tan sólido —pese a su mayor pluralismo— como lo estaba hace algunas décadas —pese a su autoritarismo—.

Un régimen político en el que sus líderes e instituciones gozan de la confianza pública puede enfrentar y resistir mejor una grave crisis económica, en parte porque esto último requiere que la ciudadanía crea en las medidas que esos líderes proponen, que esté convencida en su eficacia y buena fe. Mientras menos credibilidad en los dirigentes, más profunda la crisis. Vemos por ejemplo cómo George W. Bush no es capaz de generar ya confianza y tranquilidad en sus conciudadanos. Es como si no existiera. Y eso es en buena parte consecuencia de su mal desempeño en estos ocho años y de haber mentido flagrantemente sobre las causas de la costosa guerra de Irak. Así, después de su último mensaje, la Bolsa de Valores de Nueva York descendió, de menos 80, a menos 200 puntos. Mientras más trataba de inspirar confianza, más se depreciaba el mercado bursátil. “Nadie cree en lo que sale de la boca de los políticos”, aseguró a The New York Times un analista de Standard & Poor’s (11/oct/08).

En el caso de México, pese a la expectativa de que habría mayor credibilidad en las instituciones políticas tras la alternancia del año 2000, ocurrió lo contrario, principalmente porque el liderazgo de Vicente Fox quedó muy por debajo de las necesidades del momento. Lejos de canalizar el entusiasmo y la confianza con que recibió el poder, lo despilfarró a granel en un santiamén. Lejos de fortalecer y profundizar la democratización, la hizo de lado, presuntamente para fortalecer la estructura económica (en lo cual tampoco tuvo grandes logros). Con el propósito de evitar que cambiáramos de “caballo económico” (para evitar así el peligroso populismo), no le importó afectar gravemente la credibilidad electoral, en la cual se había basado la legitimación política de los últimos años. Curiosamente, para enfrentar la crisis internacional, los países desarrollados, al margen del signo ideológico del gobierno en turno, están adoptando medidas tradicionalmente identificadas por la derecha como “populistas”. ¿Alguien habría pensado que un gobierno republicano (o demócrata) en Estados Unidos decidiría comprar acciones de la banca, lo que no había ocurrido desde la crisis del 29? “No es tiempo de ideologías, sino de sentido común”, declaró recientemente Barack Obama.

Calderón se ve ahora obligado por las adversas circunstancias a adoptar algunas de las medidas propuestas por Andrés López Obrador desde su campaña, consideradas por el PAN como peligrosamente populistas (si bien se excluyó de tal paquete una reducción significativa del gasto corriente, que Fox incrementó significativamente con los excedentes petroleros que ya no tendremos). La decisión de construir una refinería con fondos públicos, tras meses de asegurar que no había recursos para ello, fortalece la posición de quienes se oponen a la reforma petrolera “privatizadora”. La reciente disminución en la confianza de la mayoría de las instituciones políticas, la movilización callejera de grupos en promoción de sus demandas —legítimas o no—, el probable cierre de esa formidable válvula de escape que ha sido el éxodo anual de miles de trabajadores mexicanos a Estados Unidos, todo ello aunado a la profunda crisis en la seguridad pública en que nos hallamos empantanados, constituyen condiciones no muy propicias para preservar la estabilidad política. Ante lo cual, se podría pensar en un plan de contingencia política. Pero es más probable una cadena de acusaciones mutuas, recriminaciones, sospechas, entre la clase política, que harán más vulnerable al sistema político.

26 de septiembre de 2008

Alianzas pragmáticas… y cínicas

José A. Crespo

En diversas democracias del mundo, las alianzas y coaliciones partidistas tienen lo mismo un sentido pragmático (facilitar el acceso al poder) que uno ideológico (fortalecer un determinado programa compartido entre los aliados). Así, si bien es comprensible y racional que dos o más partidos que comparten esencialmente un eje ideológico se coaliguen para vencer a un partido o bloque antagónico, resulta absurdo que lo hagan con sus antagonistas ideológicos, sólo con el fin de acceder más fácilmente al poder o incrementar el número de sus curules. En los regímenes parlamentarios con multipartidismo, la coalición con otros partidos llega a ser un imperativo, pues, salvo excepciones (como España), no es posible formar gobierno a partir de un solo partido si éste no cuenta con la mayoría absoluta de diputados. Pero cuando se forman tales coaliciones de gobierno, la norma es que lo hagan con partidos programática e ideológicamente afines, tras pulir sus naturales diferencias (que no suelen ser demasiado profundas). Sólo cuando se trata de derrotar a un partido hegemónico o dominante —por mantener éste posturas cerradas y autoritarias— se forman amplias coaliciones con partidos de dulce, de chile y de manteca. El propósito en tales casos es remover a ese partido dominante, así sea provisionalmente, para empujar reformas que permitan mayor apertura y equidad políticas (así sucedió en Japón en 1993 y en Suecia en 1976). Pero, en condiciones normales, las coaliciones de gobierno se dan casi exclusivamente entre partidos ideológicamente afines.

En México, un régimen presidencial, pero ya multipartidista desde hace algunos años, no hubo a nivel federal una alianza formal entre la oposición con ideología distinta, es decir el PAN y el PRD (o antes, con el PMS o el PSUM). Los intentos de hacerlo tanto en 1997 como en 2000 fracasaron, pero eso no impidió que el PRI perdiera su mayoría absoluta en la Cámara baja, primero, y el Poder Ejecutivo, más tarde (aunque esto último se logró gracias a una alianza informal entre el PAN y varios electores de izquierda que emitieron un “voto útil” para remover al PRI de la Presidencia). Pero una vez lograda la alternancia, difícilmente se justifican las alianzas extraideológicas (es decir, estrictamente pragmáticas) en aras de derrotar a un partido hegemónico. Ahí donde el PRI lo seguía siendo (en algunas entidades, pero cada vez menos), se hicieron alianzas a nivel estatal entre PAN y PRD; por ejemplo, en Yucatán, Chiapas (donde la coalición logró ganar) y Oaxaca (donde el PRI se mantuvo, pese a ello). El partido más pequeño en tales coaliciones en realidad no ganó nada significativo, salvo quizás el gusto de ver derrotado al PRI.

Pero permanece la tentación de formar alianzas entre los partidos mayores, de manera diversa y en distintas entidades, lo que da lugar a ensaladas que ideológicamente no tienen sustento. El PRD recién removió los candados que le impedían aliarse electoralmente con quienes desde hace tiempo considera fuertes adversarios ideológicos: el PAN y el PRI (el famoso “PRIAN”, en otras palabras). Pero la corriente orteguista logró imponerse el fin de semana pasado para abrir la posibilidad de forjar alianzas con alguno de esos partidos, según las condiciones lo aconsejen. La defensa de tal eventualidad a veces resulta surrealista. El senador René Arce defiende por ejemplo esas alianzas, pues así se podrá resistir mejor el empeño del narcotráfico por penetrar las campañas electorales (¿?). Coincido en cambio con la corriente del PRD que ve inútil plantear alianzas con el PAN, a estas alturas. En ese tenor, está el diputado Antonio Soto Sánchez, cuando afirma: “La izquierda no puede aliarse con la derecha, porque no se trata de llegar al poder a toda costa”, lo que provocará que “el PRD pierda su visión de izquierda”. Y, sin embargo, ese mismo legislador deja abierta la puerta para aliarse con el PRI, pues “todavía tenemos algunas similitudes” (23/sep/08). Tampoco veo sentido en dicha alianza exclusivamente para destronar al PAN ahí donde éste gobierna.

El PAN, por su lado, asume una postura ideológicamente congruente, que no siempre ha practicado. Dijo su dirigente, Germán Martínez Cázares: “No veo probable (una alianza) ni con el PRD ni con el PRI, porque tenemos programas distintos y pensamos de una manera distinta”. Pero no todos los miembros de ese partido opinan igual. El diputado Gerardo Priego, por ejemplo, ve conveniente alianzas incluso con el PRD ahí donde el PAN es débil: “Hay estados donde nosotros tenemos muy poca presencia y ahí podríamos discutir con otros partidos donde podemos ver esta asociación para tratar de poner un candidato común” (23/sep/08). Si en cada entidad gobernada por un partido, los otros dos se aliaran sólo con el fin de removerlo, entonces la lógica de la contienda electoral sería lo que siempre se niega; “Quítate tú para ponerme yo” o, peor aún, “Quítate tú, aunque no pueda ponerme yo”.

Y es que con las alianzas puramente pragmáticas, los partidos parecen decirnos: “Quiero tu voto, no tanto para promover nuestro programa e ideario o frenar el de nuestros adversarios. Ese es el pretexto con que justificamos nuestra existencia y privilegios. Lo que en realidad nos interesa es incrementar nuestra presencia política, así como nuestro financiamiento público (emanado de tus impuestos) y, por supuesto, nuestra impunidad por los abusos que cometemos (pues mientras mayor nuestro poder, mayor nuestra impunidad). De ahí que tu sufragio nos resulte particularmente importante, aunque a ti no te reporte gran cosa”. Con tal mensaje se invita al elector medianamente consciente e informado a no contribuir con su sufragio a incrementar el poder, los recursos y las prebendas de tan cínicos contendientes.

25 de septiembre de 2008

Concentración mediática y pluralismo

Carlos Díaz Güell


La concentración mediática es desafortunadamente cada vez más una constante mundial, que en mayor o menor medida imposibilita el sano desarrollo de la democracia. Carlos Díaz y Andrea Recúpero ofrecen un panorama de cuál es la situación en la materia en España y Argentina, donde el pluralismo informativo corre grave riesgos ante la creación de oligopolios y la falta de una legislación que sea eficiente.


España hace tiempo que dejó de ser diferente y la concentración de medios de comunicación y su teórica incidencia sobre el pluralismo y la diversidad informativa, base de todo sistema democrático y de libertades, genera similares preocupaciones que en nuestro entorno, aunque sin llegar a convertirse en centro de debate político. La controversia, de forma generalizada, se centra con frecuencia en una dialéctica maniquea que nos lleva a debatirnos básicamente entre dos posiciones legítimas, pero difícilmente conjugables: la “economicista” y la “ideológica”, entendiendo esta última como la opción que se presenta como defensora a ultranza del pluralismo informativo, fomentando, a su vez, el rechazo a posiciones empresariales que desde el punto de vista económico son, no sólo defendibles, sino plausibles e incluso sanas para el futuro de cualquier proyecto empresarial.

Dejémoslo claro desde el principio: desde la óptica empresarial, una fusión, una compra o cualquier otro mecanismo de concentración, posibilita un redimensionamiento de la empresa y con ello una cadena de sinergias que son buenas para el futuro de la compañía resultante y resultaría una temeridad negar esa alternativa a ningún empresario que se precie y vele por la continuidad de su negocio. Sobra decir que estos procesos de reestructuración, tanto en el mundo de la empresa, en general, como en el de la empresa de comunicación, en particular, son legítimos desde un punto de vista empresarial y suponen, en muchos casos, una respuesta lógica de los operadores a los significativos cambios que se están produciendo en el mercado, y que son impulsados por factores tales como la globalización, la convergencia tecnológica y la desaparición de fronteras.

En el mundo de la economía, son muchas las causas que llevan a las empresas a iniciar procesos de concentración: desde el deseo de responder a la globalización del mercado, hasta la diversificación de riesgos, la persecución de economías de escala –en el supuesto de que éstas existan–, o la búsqueda de nuevos mercados, pasando por el incremento de tamaño o la búsqueda de control sobre determinados puntos estratégicos que aseguren una posición de dominio. Todas ellas son razones más que suficientes y respetables para entender los motivos que impulsan a un empresario a iniciar un proceso de concentración.

Podríamos citar otra media docena de razones referidas al sector mediático que legitiman los procesos de concentración, como pueden ser la desaparición de determinadas restricciones legales o el deseo de aumentar la difusión de una determinada posición política, pero entendemos que es suficiente las hasta ahora enunciadas para centrar el problema que nos ocupa.

Y todo ello dentro de un axioma a mi entender tan irrebatible y real como que crecer nos hace más fuertes, más seguros y, en definitiva, más poderosos.

Y es esta afirmación la que nos lleva a considerar que, en cualquier otro sector, un determinado desmán en un proceso concentrativo, entraría en el ámbito competencial de los organismos reguladores, pero el sector mediático no es un sector cualquiera, sino que en esta sociedad del conocimiento o de la información en la que nos movemos, cobra un valor añadido sobre el que merece la pena tratar de diseñar un control, cuando menos diferente, al de cualquier otro sector económico.

Desde el punto de vista de la práctica política, más etérea y peculiar, las cosas se ven de otro modo y cualquier concentración mediático-empresarial suele resultar negativa para los intereses de la libertad de información por aquello de que cuando “un medio se va, algo se muere en el alma”. Es un hecho cierto, que supera con mucho el debate teórico, de que existe el peligro de que los procesos de concentración lleven a posiciones oligopolísticas en el sector mediático y ello debería obligar a establecer sistemas de control que, respetando la libertad informativa y empresarial, impidan que su actuación ponga en peligro principios constitucionales como la libre competencia y el pluralismo informativo. La cuestión está en determinar cuándo una empresa mediática se fusiona para encontrar posiciones de tamaño que la hagan más rentable y cuándo lo hace para incrementar el grado de poder que detentaba hasta entonces, en detrimento de la diversidad informativa.

Entre conceptos y definiciones

La “caída del muro” y el consecuente triunfo del liberalismo, facilita la irrupción de los medios audiovisuales de ámbito privado en Europa y con ello un cambio considerable en la estructura del sector de medios en nuestro entorno, proceso que se ve fuertemente impulsado con la aparición y desarrollo de las tecnologías digitales y la expansión de ese fenómeno que representa Internet. Todo ello ha propiciado la aparición de grupos multimedia cuyo ámbito de influencia en la sociedad supera con mucho lo que podíamos imaginar no hace más de 20 años.

Si damos por buena la teoría que pone de manifiesto que no se puede hablar, sin más, de concentración empresarial de medios, sino que debemos adjetivarla en, al menos, cinco categorías –empresarial, de propiedad, de mercado, de audiencia y política– tendremos que convenir que el debate sube en intensidad, ardor que se acrecienta si además incorporamos dos elementos como son la pluralidad y el pluralismo1.

Aquí, como en todo, hay teorías para todos los gustos y si por ello fuera, otros autores y estudiosos en la materia sostienen la existencia de otras cinco clases de concentración basadas en el proceso productivo y en la posición de los mercados. Y así hablan de integración horizontal o monomedia; de integración vertical; multimedia; conglomerados (integración multisectorial), e internacional2.

Llegados a este punto y con objeto de no disgregarnos semánticamente, busquemos definiciones de concentración.

Ramón Tamames la describe como el “proceso por el cual se produce la acumulación, en pocas manos o centros de decisión, de toda una serie de propiedades y de capacidades de poderío económico. (...) Las fuertes concentraciones generan desequilibrios importantes en términos sociales, culturales y políticos”3.

Menos ambiciosa en la definición, desde el punto de vista ideológico, es la Real Academia Española (RAE) que, en una de sus acepciones define concentrar como “reunir bajo un solo dominio la propiedad de diversas parcelas” o “reunir en un solo punto o centro lo que estaba separado”.

A efectos de lo que es nuestra actividad profesional, no sería un atrevimiento hablar –y así lo definen algunos teóricos– de modificación estable de la estructura de control de un operador económico, cuando de la misma se derive la fusión de dos o más empresas anteriormente independientes, la toma de control conjunta sobre una empresa igualmente independiente; entendiendo por control la posibilidad, de iure o de facto, de ejercer una influencia decisiva sobre las actividades de una empresa.

O si se quiere algo más simple, podemos considerar como concentración de medios de comunicación los supuestos de crecimiento externo de una sociedad por medio de operaciones tales como las fusiones, las adquisiciones de control, la creación de empresas en participación.

Siguiendo con el proceso conceptual, tratemos de centrar el término pluralismo, recordando que la Constitución Española, en su artículo 2°, se ocupa de él, y recurrimos nuevamente a la RAE que lo define como “sistema que acepta o reconoce la pluralidad de doctrinas, métodos en materia política, económica, etcétera”. Es, pues, un concepto eminentemente político de aceptación de convivencia, de tolerancia.

Si lo trasladáramos al mundo de la comunicación, su definición no sólo pivotaría sobre la idea de diversidad, sino que llegaría, incluso, a confundirse con él.

Y metidos ya en este mundo de las definiciones, no vamos a dejar al margen este término de diversidad y asimilémoslo con variedad, desemejanza o diferencia. Al respecto, sigue vigente la definición del Consejo de Europa de 1992 al referirse a la diversidad como “la posibilidad de elegir en un momento determinado entre diferentes géneros periodísticos, diferentes temas y acontecimientos, diferentes fuentes de información, diferentes intereses, diferentes opiniones y valores, diferentes autores, diferentes perspectivas, etcétera”.

Terminamos con un último sustantivo importante: la pluralidad, concepto más numérico, más cuantitativo, que el pluralismo, más cualitativo y por eso la RAE lo empareja con multitud, copia y número grande de algunas cosas.

Dejemos, por ahora, el mundo de las definiciones y señalemos que el pluralismo es una cuestión de equilibrios y como tal debe moverse en el ámbito de lo político. Hoy por hoy, el término está bendecido por la Constitución Española en su artículo 20 y ello no es de desdeñar.

La calidad de la democracia se mide por muchos parámetros, pero uno de ellos es por la pluralidad y libertad en que se desarrolla la posibilidad de todo ciudadano por acceder, de manera equitativa, al máximo de opiniones, ideas e informaciones. El pluralismo, por tanto, es un valor que asegura a los individuos la diversidad informativa y ello es lo suficientemente importante como para que las sociedades desarrolladas traten de conjugar el pluralismo con la concentración y la pluralidad con la diversidad.

¿Cómo conjugar esta compleja ecuación? Aceptando la sentencia que pone de manifiesto que no hay mercado más intervenido que el libre, la repuesta a esta pregunta no es otra que la que apunta a la vía legislativa, y en este sentido la intervención del Estado, mediante mecanismos reguladores, debería ser perfectamente válida aunque problemática, porque la tendencia de los políticos a “meter la mano” y a utilizar cualquier proceso legislativo con fines partidistas, es algo probado y nada desdeñable. La “solución” no resulta fácil e incluso se torna harto complicada, dado que los políticos, aquí y allá, no parecen dispuestos a quedarse al margen de este tipo de decisiones. El caso italiano, mexicano e incluso el británico, que más adelante comentamos, no deja de producir alarma porque en nombre del bien común se pueden cometer sutiles tropelías.

En España, el asunto al que nos estamos refiriendo se contempla desde diferentes ópticas y doctrinas jurisprudenciales: la de la competencia, la del derecho común, la del específico del sector de medios y la procedente de la vía administrativa, que se reserva la concesión de licencias, cuotas y permisos en materia de radio y televisión con unos criterios normalmente poco ortodoxos. Así, hemos podido comprobar cómo el sistema ha funcionado deficientemente en España, en ocasiones, y basta recordar alguna acción contra la concentración vertical –producto del monopolio de la televisión y el decodificador– o sobre los derechos televisivos del fútbol.

Como de lo que se trata es de controlar las concentraciones que se produzcan en este sector y de prohibir aquellas que tengan un efecto pernicioso en la competencia en este mercado o en el número de voces distintas que participan en el debate y, por consiguiente, de la diversidad de opiniones, el problema grave aparece a la hora de determinar los límites a partir de los cuales se ve afectado el pluralismo.

De la Cuadra Salcedo4 apunta en dirección correcta al señalar que el problema de la concentración consiste en determinar la proporción adecuada de concentración en una sociedad globalizada para, sin renunciar a la dimensión óptima necesaria, evitar el dominio de la información, la cultura y la opinión de unos pocos.

La cuestión clave es saber qué funciones y elementos combina la propiedad de un grupo multimedia para conseguir las consabidas economías de escala o de alcance, sin que éstas afecten al mundo de la diversidad.

El proceso merece reflexión y estudio, aunque no es el momento de profundizar. Por ello, nos vamos a conformar con enunciar algunas experiencias que se han producido en diferentes países en cuya órbita nos movemos.

El primer caso hace referencia a EU, en donde el problema se abordó hace años por el Federal Communication Committee, organismo encargado de regular la mayoría de los aspectos relacionados con las comunicaciones, mediante la revisión y la actualización de las normas de concentración existentes en su momento.

En el Reino Unido, el gobierno de Blair sacó adelante en 2003 la Ley de Comunicaciones, tras un largo debate de casi cuatro años. La ley, entre otras cosas, buscaba reforzar la garantía del pluralismo, tratando de evitar fusiones que supusieran un peligro para la pluralidad. Aunque enfocada a la radiodifusión y con la sombra de Murdoch planeando sobre la literalidad y el espíritu de la norma, la Ley británica consagra la primacía/intervención del poder político sobre los procesos de concentración que se puedan llevar a cabo en este sector.

La Italia de Berlusconi también abordó el problema, aunque es tal la colusión de intereses que se produce en ese país que resulta siempre complicado referenciarse en un sistema en el que RAI, Madiaset y Fininvest han convivido en un modelo turbio donde los haya.

Tan poco ejemplarizante como el caso italiano es el mexicano con su calificada como “infame” reforma de la Ley de Comunicación, que consiguió otorgar un excesivo poder a los dos grandes y dominantes grupos mediáticos del país azteca (Televisa y TV Azteca) con el exclusivo fin de conseguir que estos monstruos del mundo audiovisual apoyaran las candidaturas del PAN y del PRI en contra del candidato que suponía un peligro real para el mantenimiento del sistema: López Obrador.

Es muy frecuente establecer una relación general negativa en materia concentración-pluralismo y la tendencia, siempre populista, suele ser simple: cuanto más grande sea el nivel de concentración de la propiedad, menor será la oferta de medios y a partir de ahí el silogismo se hace sencillo: a mayor concentración, menos medios, y a menor oferta, menor pluralismo.

Sin embargo la ecuación no resulta tan simple.

Doyle5 señala que la relación entre concentración de empresas mediáticas y pluralismo no es tan directa, existen otros factores como la dimensión del mercado, los recursos disponibles en éste, la estructura del sistema y los objetivos y competitividad de las empresas del sector, que impactan decisivamente en el pluralismo, en igual o mayor medida que la propia concentración de la propiedad empresarial.

Lo que sí parece fuera de duda es que la falta de pluralidad está en relación directa con la estrechez del mercado en sus diferentes variables: lingüísticas, poblacionales, económicas... y éste no es el caso de España. Por ello, resulta más que evidente que el pluralismo en un territorio pequeño y monolingüista es inferior al que gozan amplios estados democráticos, multiculturales y desarrollados. Y no hay que ir muy lejos para encontrar casos como el enunciado.

Doyle apunta acertadamente que las acciones que pueden promocionar el pluralismo no deben limitarse a las que afectan a las concentraciones de propiedad, porque es esa una forma de caer en un reduccionismo peligroso: identificar pluralismo con pluralidad y pese a lo equívoco de lo terminológico, no debe hacernos olvidar que frente a la variedad o diversidad que representa el primer término, emerge el número, la cantidad del segundo concepto. Ambos son complementarios y en ningún caso pueden utilizarse individualizadamente como arma arrojadiza.

El gran meollo en torno al pluralismo se plasma en la necesidad de definir el grado óptimo del mismo que se desarrolla en una sociedad determinada, en el entendido de que todos los factores de la ecuación son variables. Como no podía ser de otra manera, el reto se plantea cuando se intenta plasmar en normas o reglas los límites de ese pluralismo, en la medida en que –como se decía con anterioridad– pluralismo es un concepto político de carácter cualitativo, que persigue un grado de diversidad que para ser medido se debe recurrir a mecanismos cuantitativos relacionados con la pluralidad, con el número.

Métodos de medición existen, como señalan Sánchez Tabernero y Carvajal6, aunque no resulta fácil establecer un índice a partir del cual se pueda decir que un grado de concentración es excesivo o no tolerable por los legisladores, pues los resultados dependerán de las características de cada mercado o del tipo de negocio. Cabría añadir que a la vista del abanico de posibilidad de concentración analizada anteriormente, siempre va a resultar complejo, cuando no imposible, objetivar el grado óptimo de pluralismo de una sociedad.

Algunos autores apuntan, en relación con la no existencia de una cierta simetría entre aumento de la concentración y reducción del pluralismo, que la tecnología juega en contra de una hipotética reducción del pluralismo. Y es verdad, aunque también hay que tener en consideración lo que hoy todavía resulta una incógnita: ¿en qué medida es viable la constitución de una empresa para la edición de una sola publicación, o qué posibilidades tiene de salir adelante una experiencia editorial independiente en un mercado dominado por potentes grupos multimedia? La experiencia de aquel Antonio Asensio, que con un capital de 500 mil pesetas, fue capaz de dar con la veta del éxito periodístico con Interviú, millonaria en audiencia y capaz de convertirse en el origen de lo que pudo ser un gran grupo multimedia, en el caso de que no hubiera fallecido el fundador, no parece repetible en la actualidad.

Y si nos metemos en otros jardines, no menos trascendentes, como la concentración de contenidos, el debate puede alcanzar dimensiones de aurora boreal, aunque ciertos países han conseguido legislar en este sentido, es difícil determinar si han logrado los objetivos fijados. Soy de los que piensa que provocada por lo que se ha dado en denominar “tiranía de la audiencia”, es el gran peligro que afecta al pluralismo, hasta el punto de que convierte a los medios de comunicación en productos uniformes y clónicos. Y el peligro se acrecienta cuando no sólo se localiza en el mundo de lo informativo, sino que se traslada a áreas de gran influencia social.

Sea como sea, cada tendencia política configura su propia contradicción teórica y quizá por ello ha alcanzado cierta fama el enunciado por el cual bajo una misma premisa se ofrecen, al menos, dos soluciones posibles, según el ideario político del “matemático” de turno. Así, frente al modelo que determina que privatización es igual a multiplicación de canales y que ello comporta un aumento de la oferta que a su vez se plasma en diversidad y por ende en pluralismo, emerge la tesis que apuesta porque la privatización nos lleva a la multiplicación de canales y ésta a una competencia de libro que desembocará ineludiblemente en una homogeneización de la oferta que nos conduce inexorablemente a la concentración y con ella a la reducción del pluralismo.

Los grupos multimedia en España

España no está fuera de órbita en este sector y como ocurre en otros países occidentales, asistimos a la conformación de distintos grupos multimedia, bien por la vía del favor político o bien por la dinámica del crecimiento puramente empresarial.

Aunque no es el objeto del presente análisis el estudio de cómo están configurados los grupos multimedia y demás grupos periodísticos de nuestro país, sí resulta de interés realizar un repaso sobre cómo está vertebrado el sector mediático en España.

Fracasado con rotundidad el intento de configurar un gran grupo mediático hace unos años, en torno a Telefónica, auspiciado por el poder político y dejando al margen el caso de RTVE, son varios los procesos actualmente en marcha, sin que ninguno parezca claramente cerrado, sino en vía de articulación. Y si hace unos años parecía claro que la concentración iba a girar en torno a dos –Prisa y Vocento–, hoy hay que sumar dos más –Planeta y Unedisa– lo que anuncia que la posible bipolaridad del sector puede ser sustituida por un póquer mediático, en torno al cual cabe pensar que girará el sector en los próximos años, aunque es tan fuerte la evolución tecnológica actual que sería temerario dar por cerrado el proceso de concentración en este sector.

Sin ánimo de ser exhaustivo y a título referencial, ofrecemos una panorámica de las actividades de los ‘cuatro grandes’, cuya cobertura –y a la espera de un estudio más profundo y riguroso–, alcanza proporciones considerables. Así, en televisión, su oferta concentra 60% de la audiencia; en radio, este porcentaje se eleva a cerca de 80%, mientras en prensa escrita supera en algún punto este último ratio porcentual.

Dentro de esta cuádruple concentración sectorial que “amenaza” la pluralidad informativa española hay que hablar, en primer término, de Grupo Prisa. Dejando a un lado cuantas dudas se puedan suscitarse sobre su futuro, dado el proceso de cambio generacional y familiar en el que está sumido, la realidad es que hoy no cabe sino hablar del único grupo multimedia de carácter internacional capaz de aparecer en los rankings internacionales del sector. Pese a haber iniciado un proceso de desinversión en el mundo de la prensa diaria provincial y en el sector de la impresión, el grupo está presente en diferentes segmentos. Editoriales como Santillana, Alfaguara, Aguilar, Taurus y otras; prensa escrita de información general como El País; prensa especializada como Cinco Días y As; radio, como la Cadena SER, Radio Caracol, Grupo Latino de Radiodifusión o 40 Principales; televisión generalista nacional, local y de pago, como Cuatro TV, Canal+, Canal Satélite Digital o Localia; prensa internacional como La Razón de Bolivia, Extra, el Nuevo Día o Le Monde; revistas como Cinemanía, Rolling Stone, Gentleman o Claves, Internet, productoras cinematográficas, publicidad y alianzas nacionales e internacionales, conforman, en definitiva, todo un grupo multimedia líder.

No a poca distancia, se sitúan tres competidores como Vocento, Planeta y recientemente Unedisa, cada cual con fortalezas y debilidades, que permiten configurar el mapa español de la concentración empresarial, que no de concentración de contenidos.

El grupo vasco (Vocento), con clara proyección nacional, tras su entrada en Abc, combina sus claros méritos empresariales en el ámbito regional –El Correo, Diario Montañés, Diario Vasco, La Verdad, Ideal, Hoy, La Rioja, El Norte de Castilla y El Comercio– con ciertas dificultades cuando se trata de abordar proyectos de alcance nacional. Y así, combina la brillante trayectoria conseguida en los diarios regionales con otras más dificultosas en el entorno de la prensa nacional o en el mundo de la radiofonía (Punto Radio). A ello, hay que unir su participación accionaria en la televisión generalista (Telecinco) y en productoras como BocaBoca, árbol o Globomedia, en un claro exponente de reafirmación de su voluntad multimediática, a lo que hay que añadir su presencia en el mundo de la prensa gratuita (Qué), en agencias de información (Colpisa), suplementos semanales (Taller de Editores) o una presencia, más allá de lo testimonial, en diarios regionales argentinos como La Voz del Interior y Diario de los Andes. Internet está igualmente presente en las actividades del grupo.

En similar nivel se mueve el penúltimo en llegar, el grupo catalán Planeta, que desde la base de una potente multieditorial –Planeta, Seix Barral, Espasa, Paidós, o Temas de Hoy, muchas de ellas con fuerte presencia en América Latina– se ha incorporado a la carrera para conformar un grupo multimedia y lo ha hecho, la mayoría de las veces, a golpe de decisiones empresariales, de talonario. Una cadena de televisión como Antena 3, una cadena de radio como Onda Cero, un diario de información general de tendencia conservadora como La Razón y otro de ámbito nacionalista como Avui, forman parte de la tarjeta de presentación de este relevante grupo editorial reconvertido a multimedia.

El último en llegar ha sido la italo-española RCS MediaGroup, editora del Corriere della Sera y la Gazzetta dello Sport, propietaria del 96% de Unedisa, el grupo que en España pivota sobre el diario El Mundo y que siempre ha buscado posicionarse en el rico e influyente multimedia. Sin haberlo conseguido plenamente, su reciente adquisición del Grupo Recoletos –Marca, Expansión, Actualidad Económica, Diario Médico o Gaceta Universitaria, entre otros– le acercan más a ese objetivo, aunque la carencia de una cadena de televisión y de una emisora de radio de ámbito nacional, castra ese objetivo.

Los tres primeros sufren y disfrutan de los dientes de sierra de la Bolsa española y los tres presiden un movimiento al que otros se quieren o se han querido unir: Grupo Zeta, Grupo Godo, Grupo Voz, Grupo Joly o Mediapro, entre otros, y que tratan, a través de proyectos de tecnología digital, de concentraciones de contenidos y de alianzas varias, de uncirse al carro del poder mediático.

Pero dentro de lo que es el mundo de la concentración mediática, no podemos ni debemos pasar por alto lo que hemos denominado como concentración de contenidos y que está lejos de lo que conocemos como ortodoxa concentración empresarial. Señalar en este punto la innegable y legítima alianza que se produce entre destacados profesionales de la COPE, El Mundo y otros medios ligados a los profesionales de unos y otros, para retroalimentarse informativamente y conseguir un mayor grado de proyección informativa en la sociedad española. Lejos de una concentración al uso, es ésta una realidad emergente de donde surge una clara agrupación de contenidos, tan potente o más que la que genera una concentración típica.

Sorprendentemente, esta tipología concentradora es de imposible regulación, aunque llegara el momento, que no es el caso, de que pudiera poner en serio peligro la pluralidad informativa.

Y este fenómeno va más allá de la sutil concentración de intereses empresariales que, en diferente grado, se produce entre medios y empresas y de los que hay varios ejemplos en la geografía mediática española y cuyo caso más significativo es Unión Radio y lo que ello ha representado para los grupos que participaron en el proceso.

Con este rico y diverso panorama, pocos se atreverían a afirmar que el pluralismo en España está en peligro; pero éste, el de la concentración, es un fenómeno en el que no caben teorías inmovilistas, máxime cuando las nuevas tecnologías generan transformaciones en periodos muy cortos de tiempo.

Aunque nos reafirmemos en la idea de que gigantismo no es antagónico a falta de pluralidad, conviene tener en cuenta que ese gigantismo tampoco puede ser presentado en el sector de medios, de manera bondadosa y buenista, pues su sola existencia en posición dominante, como hemos visto con anterioridad, puede taponar el surgimiento de nuevos proyectos de más humilde origen. Esa simple incógnita requeriría una compleja contestación y hoy supone una hipótesis de trabajo que no conviene dejar al margen.

Peligros por vías heterodoxas

Pese a quienes desde un planteamiento reduccionista no tienen empacho en afirmar que el pluralismo informativo está en peligro en España, basándose en estrafalarias teorías ideológicas y conspiratorias, no parece razonable dar pábulo a tales manifiestos, si bien es cierto que salvo el grupo líder, claramente posicionado en una línea editorial ideológica determinada y cuyos contenidos se adivinan, en ocasiones, antes de sentarse frente a ellos, los otros grupos navegan, en mayor o menor medida y con muchos matices, en un cierta indefinición que sólo es transgredida según sus intereses puntuales y por sus comunicadores estrella.

Es en la concentración de contenidos –en sus diferentes modalidades– donde reside el gran problema de la concentración y su consiguiente peligro sobre el pluralismo informativo. Por muy preocupante que pueda resultar para algunos la concentración de propiedades, más preocupante resulta la de contenidos, y bien mirado, ésta sí lleva a una reducción del pluralismo sobre asuntos que están presentes, y que podía preocuparnos e interesarnos bastante más de lo que lo hace en la actualidad.

Es una realidad fácilmente comprobable cómo la actualidad informativa de España pivota sobre muy pocos medios. De forma mecánica, la mayoría de los medios audiovisuales españoles y otros escritos siguen, con una fidelidad digna de encomio, los predicamentos informativos de estos medios de referencia, hasta convertir la pluralidad y la diversidad informativa de nuestro país en algo que cada día cuesta más alcanzar. La denominada tercera España deberá esperar mejores momentos para dejar oír su voz.

Si aceptamos la máxima de que el gigantismo empresarial no tiene por que afectar a la pluralidad; que pluralidad, pluralismo y diversidad son tres conceptos que van especialmente unidos, pero que conviene no confundirlos; que la tecnología abre puertas inmensas en favor de la libertad, y que la concentración empresarial puede propender a controlar el mercado impidiendo que otras experiencias menos poderosas, por no decir humildes, tengan éxito; la salud del pluralismo en nuestro país, entendida ésta a modo tradicional, no parece que esté en grave riesgo, aunque éste es un debate pendiente de celebrar en toda su intensidad y que no suele producirse en público, quizás por una especie de pudor que neutraliza a los profesionales de los medios.

Pero dicho esto, procede afirmar que la existencia de un duopolio informativo de dimensiones domésticas es una realidad en España y toma cuerpo en un proceso de defensa del bipartidismo político, trufado únicamente por movimientos mediáticos de carácter nacionalista, aunque éstos, incluso, se incorporan a uno u otro de los bandos de ámbito nacional cuando es menester.

Es una realidad que el debate político en España suele centrarse sobre la existencia de un duopolio informativo –PSOE vs. PP–, y es ahí donde se produce una real concentración de contenidos, como lo demuestra el día a día de las portadas de los diarios o de las escaletas de los informativos de los medios audiovisuales.

Como señalábamos anteriormente, es una realidad incontestable que ese duopolio de contenidos viene marcado por la existencia de periódicos líderes de los que se nutre buena parte de los miembros de la coral mediática, que para eso sí son útiles los multimedia. Todo pluralismo en España y en buena parte de nuestro entorno político y cultural, se reduce, en demasiadas ocasiones, a eso: a transmitir versiones progresistas y conservadoras de una realidad que en ocasiones se confunde, en una constatación de que el sector de la comunicación es poder y ese poder ha llegado, en ocasiones, a suplantar al que surge de las urnas.

Es esta una diversidad reducida en lo que se refiere a cuestiones domésticas y cotidianas y aunque nuestro mercado es ancho y profundo, y merecedor de ampliar sus contenidos plurales, la monotonía y la uniformidad se han apoderado del sector.

El discurso, llegado a este punto, se torna político como no podía ser de otra manera. Nos movemos en un profundo espejismo porque el terreno de juego está perfectamente marcado y las audiencias de los medios de comunicación de masas están tan claramente posicionadas, por la labor de las políticas de los grupos/partidos, que lo que es una utopía es considerar que, en esta sociedad de la información en la que nos movemos, los ciudadanos puedan actuar al margen de los grandes grupos mediáticos. La pinza funciona.

Nunca como ahora es tan verdad aquel eslogan del 68 que hacía de las moscas referentes para los humanos y hacía un llamamiento a emular el comportamiento alimenticio de los dípteros. Hoy, no hay grandes diferencias entre un adolescente de Bilbao con otro de Osaka u otro de un suburbio de Los Angeles: cantan la misma canción, se instalan el mismo piercing, se graban los mismos tatuajes o enseñan el mismo ombligo. Ello nos debe mover a dedicar un pensamiento a este fenómeno.

Extrapolando esta afirmación, cargada de demagogia, la concentración mediática, sea del calado que sea, o los grandes grupos multimedia, hacen imposible unos escenarios más variados, sean estos intrascendentes o de más alta consideración. Entre los primeros, es un hecho que se produce un cuasi monopolio en materia de transmisión de conocimiento en muchos ámbitos de nuestra cotidianeidad. Entre los segundos, a modo de simple ejemplo, señalar que asuntos de gran calado como la globalización, el cambio climático o la situación en la que vive una gran parte del planeta se han estado aceptando como axiomas irrebatibles de las sociedades desarrolladas o sólo hayan merecido la atención de los fines de semana. Y ello, cuando los grandes grupos mediáticos, nos han acostumbrado a no escuchar las voces de multitud de colectivos que, a lo mejor, están demasiado lejos para dejarse oír a gritos.

Por ello no debe sorprendernos que desde el mundo del subdesarrollo se vea que el control de los medios y el reparto mediático, que se produce en Occidente, haga de éste un mundo lleno de sordomudos y autistas en el que las culturas autóctonas corren peligro de desaparecer y en el que los grandes retos del planeta no se abordan, bien por intereses muy definidos o bien por el perfil acomodaticio de las sociedades desarrolladas y dominantes.

A la postre, los problemas más graves de la concentración afectan a la libertad de creación y de expresión de todos los que se quedan fuera del sistema, y a la hora de buscar “culpables” no se les ocurre nada mejor a los ideólogos del sector que señalar a la denominada “tiranía de las audiencias”. ¡Qué calificativos somos capaces de inventar en esta sociedad mediática! Faltaría más. Quizá son ellas –seguro que lo son– las que provocan la concentración de contenidos capaces de convertir los informativos de televisión o de radio en programas clónicos, en los que las noticias se van encadenando en un orden muy poco excitante o en transformar las parrillas de las programaciones en un calco deprimente y muy poco profesional.

La tecnología como solución... parcial

Frente a los que se esconden tras este concepto de “tiranía de las audiencias” cabe recordar la frase cínica de un reconocido profesional de la pequeña pantalla que creo que recoge fiel y abruptamente lo que realmente sucede: “Si a la audiencia le das paja, come paja; si le das trigo, come trigo”. Excelente diagnóstico.

Las nuevas tecnologías pueden dar solución a esta “tiranía”, pues pueden cubrir más demanda ofreciendo productos de entretenimiento y ocio a minorías determinadas, aunque no parece que esta solución vaya a venir de la mano de los grandes grupos, ocupados y preocupados en mantener o aumentar su cuota de mercado en lugar de asumir que la democracia y el pluralismo son también el respeto por las minorías, qué bueno sería que, alguna vez, se convirtieran en mayorías. Más bien habría que confiar en los movimientos sociales de la ciudadanía –su presencia es hoy inexistente en este sector–, para conseguir que se cubran unos nichos de mercado que, hoy por hoy, están absolutamente al pairo y desatendidos.

Y aunque muchos puedan no estar de acuerdo con la necesidad de una intervención legislativa en defensa de ese proceso, bueno es, llegados a este punto, repetir la idea, a mi modo de ver cierta, aunque paradójica, de que el mercado libre es el más intervenido. O dicho con otras palabras: mantener la libertad, exige perder independencia. Si se obliga a financiar producción cinematográfica, también se puede meter baza en otros ámbitos.

Porque confiar en las audiencias, tan tiranas ellas como mudas, no parece que sea lo más prudente, aunque son muchos los que apuestan por una rebelión de las mismas en busca de un cambio de tendencia. No vale el argumento de que la audiencia es soberana y que tiene en sus manos desconectar aquello que no le gusta. El problema es más complejo y demanda pautas y normas que se cumplan y que permitan, como en los casos de adicción a sustancias prohibidas, un proceso de desintoxicación tutelado por alguien más que no sea necesariamente el proveedor de las sustancias.

Pero no hay lugar para el pesimismo. Las sociedades mutan y lo hacen cada vez a mayor velocidad. Hoy se puede leer algo que arroja esperanza a este debate, y ese algo es un estudio que pone de manifiesto que desde finales del siglo pasado los niños han reducido el consumo de televisión generalista en 18 minutos diarios y los jóvenes adolescentes, en 12, optando ambos colectivos por canales alternativos y temáticos7.


Bibliografía complementaria:

Díaz Nosty, Bernardo. Medios de Comunicación/Tendencia 06. Madrid, 2006.
Farías García, P.; Farias Batlle, P. En torno a la libertad de empresa informativa. Ed. Complutense. Madrid, 1994.
Kowalsky, Tadeusz. Media Concentration and pluralism in the light of national correspondents’ and consultants reports (1995-1997). Estrasburgo. Consejo de Europa, 1998.
VVAA. Televisión and media concentration. Regulatory models on the nacional and the European level. Estrasburgo. Audiovisual Observatory, 2001.

1 Llorens, Carles. “La concentración de medios”. Quaderns del CAC, número 16.
2 Pérez Gómez, A. “La concentración de medios de comunicación”. Quaderns del CAC, marzo de 2000.
3 Tamames, Ramón. Diccionario de economía. Alianza Editorial, 1988.
4 De la Cuadra Salcedo, Tomás. “Informe sobre el régimen jurídico del audiovisual”. Seminario sobre Régimen Jurídico del Audiovisual. Barcelona, noviembre de 1998.
5 Doyle, Gillian. Media Ownership. SAGE. Londres, 2002.
6 Sánchez-Tabernero, Alfonso; Carvajal, Miguel. “Concentración de medios en el mercado europeo. Nuevas tendencias y retos”. Media Markets Monographs. Pamplona, junio de 2002.
7 Informe de Corporación Multimedia, 2006.




Prisa, algunos números

*De enero a junio de este año, los ingresos de Grupo Prisa crecieron 8.8%, para llegar a poco más de dos mil 11 millones de euros.

*Los ingresos publicitarios del grupo registraron un aumento de 4.6%, donde destaca el aporte del área audiovisual con un incremento de 16.2%, fundamentalmente por el canal Cuatro (+22.3%), Sogecable (+20%) y Media Capital (+12.7%). La radio creció 3.7% y Prisacom –la división de contenidos en línea– 38.8%.

*El área internacional del grupo representó 18% de los ingresos. En América, se registró un crecimiento de 17%, entre otras cosas, a partir de un destacado rendimiento de la radio (+29%).

*La venta de periódicos y revistas creció 5%. La difusión de El País aumentó 4.2% (459 mil 718 ejemplares frente a 441 mil 306 de 2007, lo que representó alcanzar dos millones 274 mil lectores), la de As, 6.1% (para llegar a 238 mil 864 ejemplares, su mejor dato de audiencia al ganar 205 mil lectores en un año), y la de Cinco Días, 1.7%.

*La revista El País Semanal alcanzó los 760 mil 920 ejemplares de media, lo que supuso un incremento de 5% respecto al primer semestre de 2007.

*Por primera vez en su historia, Sogecable superó los mil millones de euros de facturación semestral, con un incremento de 5.9% respecto al mismo período del año anterior.

*Los ingresos por venta de libros crecieron 16.8%, para llegar a 254.99 millones de euros, con un comportamiento destacado de las actividades en Brasil, Argentina y Perú.

*La base de la cadena de televisión por cable Digital+ llegó a los dos millones 78 mil suscriptores. Los ingresos por este concepto se ubicaron en 593.09 millones de euros.

*En prime time, Cuatro resultó ser la cadena de mayor crecimiento. Con sólo dos años de vida, registró una media de 9.3%. Durante junio, su audiencia media se situó en 13.1%, gracias al éxito de su programación y a las transmisiones de la Eurocopa, el acontecimiento deportivo de mayor audiencia en la historia de la televisión española.

*En Portugal, TVI –la cadena de televisión abierta de Media Capital, donde Grupo Prisa también tiene participación– mantiene su liderazgo tanto en la audiencia 24 horas (39.8%), como en prime time (47.4%).

Visión de negocios

*El 5 de agosto, poco más de un mes después de la final de la Euro, Sogecable anunció la adquisición de los derechos audiovisuales para España de la próxima Copa Mundial de Sudáfrica 2010. Digital+, la plataforma vía satélite de Sogecable, emitirá todos los partidos del Mundial, la mayoría en Alta Definición, sistema que ha implementado en España en lo que va de este año.

*El 16 de mayo, Grupo Prisa y Grupo Nacional de Medios suscribieron un acuerdo para participar conjuntamente en la licitación que ha abierto la Comisión Nacional de Televisión de Colombia para la adjudicación de una licencia de televisión privada nacional en sistema abierto. Igualmente, dieron a conocer su decisión de estudiar alternativas de negocio en medios impresos, industria editorial, Internet, comercialización de productos y otras sinergias.

*Prisa es el primer grupo de medios de comunicación en el mercado de habla española y portuguesa, líder en educación, información y entretenimiento. Presente en 22 países, llega a más de 43 millones de usuarios a través de marcas globales como El País, 40 Principales, Santillana o Alfaguara. Su posición en Brasil, Portugal y la creciente población hispana en Estados Unidos le ha abierto un mercado global de 700 millones de personas.

20 de septiembre de 2008

Los partidos mexicanos

Amy Glover

Tan cerca del pasado y tan lejos del mercado. Un análisis de la situación actual de los grandes institutos políticos y sus desafíos para 2009.

México está inmerso en una democracia dominada por partidos que prácticamente carecen de ideología. Quizás esto no sería tan grave si no pareciera también que son incapaces de comunicar coherentemente una visión de futuro para la nación.

PARTIDO ACCIÓN NACIONAL.
El nuevo establishment
Recientemente, el presidente Felipe Calderón anunció su apoyo al control de precios en los alimentos, argumentando que para evitar los cambios abruptos en las condiciones económicas del mercado se requiere ‘la guía del gobierno’. Si Adam Smith viviera, seguramente se estremecería de sólo pensarlo.

La decisión, presentada como una panacea para el problema generado por las fuerzas del mercado internacional, podría parecer extraña a primera vista, ya que el Partido Acción Nacional (PAN) es, supuestamente, un partido de derecha, pero los rótulos ideológicos en la política mexicana pueden ser muy engañosos. En realidad, México no tiene un partido que defienda los principios liberales.

El PAN nunca ha demostrado su amor incondicional por los mercados, si bien por mucho tiempo el partido ha estado asociado con los intereses empresariales institucionalizados. Dado el problema permanente de los monopolios en México, está claro que el apoyo a las grandes empresas no necesariamente se traduce en un compromiso con las soluciones de libre mercado, tema generalmente promovido por la derecha, pero más recientemente también favorecido por los gobiernos socialdemócratas del mundo.

De montessori a la microgestión
Al asumir su mandato, el presidente Calderón quiso disipar la idea de que su gobierno estaría regido por la improvisación, como el del ex presidente Vicente Fox. Sin embargo, las pruebas recientes sugerirían que el mandatario ha optado por la microgestión.

Calderón confía casi exclusivamente en un grupo muy cerrado de amigos que no se distinguen por su sabiduría política o su efectividad. Además, tiene fama de ser intolerante con quienes no están de acuerdo con él.

Calderón ha evitado, erróneamente, acercarse a los miembros de su propio partido en el Congreso para llevar a buen término su agenda de reformas. A lo mejor, la decisión de remover a Santiago Creel como líder del PAN en el Senado fue necesaria –e, incluso, tardía–, pero la manera en la cual se llevó a cabo generó asperezas que pudieron haberse evitado con un poco de tacto político. Dadas las divisiones partidarias en el Congreso, seguramente el presidente debería aprovechar cualquier apoyo que pueda obtener, porque no queda la menor duda de que la agenda de reformas en México es de la más alta prioridad.

¿De derecha, de centro o PAN con lo mismo?
Muy probablemente, los fundadores del PAN se horrorizarían de sólo pensar en ser considerados como el partido del establishment. Después de todo, el partido se especializó en jugar el papel de la oposición durante las décadas de gobierno del PRI. Pero también es útil recordar que Acción Nacional ha estado en el poder durante ocho años, y quedan cuatro años más por delante para gobernar. El partido pasó de ser un observador externo profesional, a convertirse en el prototipo del partido del poder.

En una entrevista reciente con El País, el presidente Calderón dijo que no se considera un político de derecha, sino más bien de centro; una valoración razonable. También podría describirse a Calderón como un presidente pragmático –una característica distintiva del político mexicano– tal como lo sugiere su decisión de apoyar los controles de precios. En realidad, su acuerdo con los productores de alimentos se parece enormemente a los pactos del PRI de antaño. Nada nuevo bajo el sol.

PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL
Simplemente institucional
Las décadas de gobierno del PRI llegaron a su fin hace ocho años, pero el partido en sí sigue vivo y gozando de buena salud. El Revolucionario Institucional tiene 18 gubernaturas y la capacidad de ejercer gran influencia en el Congreso.

Es probable que el tricolor muestre su poderío en las elecciones parciales de 2009, cuando los electores manifiesten su hartazgo con el PAN y le den la espalda al radicalismo del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Entonces, ¿qué significa ser priista?

Y orgulloso de serlo
Vale la pena recordar que bajo el sistema autoritario encabezado por el PRI, los opositores eran bienvenidos al redil para comprar su silencio o su cooperación. Si usted quería trabajar para el gobierno, para la prensa o, incluso, en ciertos ámbitos empresariales, tenía que pasar la prueba de lealtad con los operadores del tricolor. La independencia se pagaba a un altísimo precio personal, que variaba desde amenazas hasta la ignominia, pero lo más importante era que implicaba quedar aislado de considerables rentas públicas alrededor de las cuales giraba la economía.

Algunos creyeron que con la salida del PRI florecería la democracia, pero todavía está en juego la transición hacia una democracia plena, ya que la sociedad civil apenas comienza a asomarse por debajo del dilapidado cimiento del corporativismo.

El PRI nunca ha tenido un gesto ni siquiera cercano a una disculpa por haber limitado la democracia en México o por las numerosas crisis económicas durante sus años en el poder: no ve la necesidad de hacerlo. Si usted quiere hacer rabiar en serio a un priista, simplemente mencione a Ernesto Zedillo en una conversación, y la palabra ‘traidor’ no tardará en aparecer. En realidad, muy probablemente, él fue el mejor presidente que haya tenido México, precisamente porque tuvo el valor de creer que la democracia podía funcionar. Por esto, su partido lo ridiculizará por siempre como un traidor, aunque la historia lo juzgue con más amabilidad.

El poder por el poder mismo
Entonces, ¿qué representa el PRI de hoy?, ¿un partido de izquierda o de derecha?, ¿cuál es su agenda? No existe una respuesta clara y ni siquiera sus líderes pueden ofrecer una explicación coherente a estas interrogantes. Lo que dirán los políticos del PRI, con una sonrisa orgullosa, es que ellos son expertos en gobernar. En realidad, esta opinión la comparte una amplia franja de la población. El orden –independientemente de los medios que se usen para lograrlo– puede ser un rasgo bienvenido en un mundo caótico, y los mexicanos están cansados –y con razón– de sentirse tan vulnerables, lo cual explica la nostalgia en torno a la certidumbre del autoritarismo.

Por lo tanto, el PRI evita enfrascarse en debates ideológicos y se apoya en su reputación de ‘gobernante eficiente’. Quizás esto parecería una contradicción a la luz de su historia, pero ¿qué se puede esperar de un partido cuyo nombre –Partido Revolucionario Institucional– es en sí una especie de contradicción?

Lo peor que podría hacer el PRI sería dormirse en sus laureles y confiar en la ineptitud de sus contrincantes. Los recuerdos de los abusos del pasado están frescos en la memoria del pueblo, y para lograr votos no basta con presumir su currículo de ‘administrador efectivo’: el partido debe explicar su visión sobre el futuro de México. Si el PRI quiere recuperar las glorias del pasado, necesitará restructurarse como el partido del futuro.

PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA
La democracia es lo de menos
El Partido de la Revolución Democrática fue fundado hace 19 años por miembros disidentes del PRI, algunos de los cuales, como Cuauhtémoc Cárdenas, buscaron promover una mayor democracia en México. Hoy, el PRD está en medio de una severa crisis de identidad. Lejos de ser un partido político unido, está pulverizado en feudos personales.

El PRD oscila entre participar en las instituciones políticas y actuar como un agitador externo. No olvidemos que muchos de los políticos del sol azteca, como la diputada Ruth Zavaleta, se enfrentan a la difícil tarea de gobernar mientras que otros están empeñados en generar obstáculos a toda propuesta, como Andrés Manuel López Obrador.

Sólo falta la guillotina
A menudo se escucha hablar del PRD como un partido de izquierda, pero esta caracterización no debería confundirse con una tendencia socialdemócrata. Si bien algunos dentro del instituto político comparten estos valores, López Obrador representa algo completamente distinto.

El autodenominado ‘presidente legítimo de México’ cree que el país lo necesita más a él que a los procesos democráticos. No necesita a las instituciones porque habla en representación del pueblo, e interpreta su voluntad a través de su propia bola de cristal –o al pedirle que levante la mano en señal de aprobación durante marchas masivas–. López Obrador sostiene que los desafíos de México son diferentes a los de otros países, concepto conocido como el ‘excepcionalismo mexicano’, dentro del cual el conocimiento y las tendencias globales pasan a ser irrelevantes.

Contrariamente a la creencia popular, López Obrador es, en realidad, un hombre de extrema derecha que no reconoce a sus contrincantes políticos como actores legítimos, y tampoco defiende el cambio sino que se dedica a defender las virtudes del statu quo.

A pagar los platos rotos en 2009
No hay duda de que el PRD ha perdido credibilidad entre los electores, ante los numerosos actos de obstaculización orquestados por López Obrador y sus secuaces, como por ejemplo, secuestrar el Congreso durante varias semanas. En realidad, los mexicanos somos gente práctica y las provocaciones no le han generado nuevos adeptos al perredismo. Es probable que la percepción de que el PRD es mejor para organizar protestas callejeras que para gobernar tenga un impacto en la mente de los electores cuando vayan a votar en las elecciones de 2009. Por lo tanto, resulta razonable apostarle a que el PRD volverá a ser la tercera fuerza política del país.

Se busca una izquierda moderna
Es poco probable que el electorado mexicano elija algún día a López Obrador como su presidente. ¿Por qué? Su discurso de descontento repercutió en los votantes en el 2006 y mucha gente que antes no hubiese votado por el PRD lo apoyó. Sin embargo, un alto porcentaje de esa gente se ha venido decepcionando con su postura radical y no parece haber manera de reparar ese daño. Marcelo Ebrard, el jefe de gobierno de la Ciudad de México, también tiene esperanzas presidenciales, aunque queda claro que gobernar tiene sus riesgos, tal como lo demuestra la desgarradora tragedia del News Divine.

México necesita un partido de izquierda sólido, basado en ideas que promuevan, efectivamente, la justicia social y económica. Actualmente, lejos de promover políticas alternativas, el PRD está enredado en una lucha de destrucción interna y se ha enlodado en el culto a la personalidad. Esto no ayuda a nadie, y mucho menos a los mexicanos que menos tienen.

Un llamado a avanzar
La democracia no es algo que se logra sino más bien un objetivo hacia el cual se debe trabajar de manera constante. México necesita un liderazgo que esté por encima de las peleas internas de los partidos y que ofrezca ideas y soluciones. Los partidos políticos deberían participar en debates y ofrecer sus visiones alternativas en cuanto a cómo promover el desarrollo sustentable, competir globalmente y brindar más oportunidades a las futuras generaciones.

Como ciudadanos necesitamos exigir estas soluciones de nuestros líderes, y encontrar nuevos mecanismos para participar activamente en la vida política del país. Actualmente, los partidos políticos operan como pirañas en una pecera; los ciudadanos están afuera y presencian este triste espectáculo, preguntándose cuándo se enfrentarán los retos fundamentales que encara la nación.
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