25 de junio de 2008

Decimoquinto aniversario de Canal 22

La televisión cultural no puede ser imitación velada de la comercial.

Carmen García Bermejo

La televisión cultural no puede ser imitación velada de la comercialA pesar de que un alto promedio de su programación está catalogado por los teóricos de la comunicación como "telebasura", la televisión comercial capta el 97 por ciento de la audiencia. Pero la televisión cultural no puede medirse con el criterio cuantitativo del rating, sino de su función educativa vinculada a las necesidades reales del tejido social.

La celebración de los XV años del Canal 22 ha resultado fructífera para el análisis de los medios electrónicos de comunicación debido a que especialistas de diferentes países han discutido el tema en el Encuentro Internacional de Cultura y Medios que durante el mes de junio se ha desarrollado en el Centro Nacional de las Artes. Cerca de 40 ponentes de América Latina y Europa han expuesto la función de los medios de servicio público en donde está enmarcada la televisión educativa y cultural que, en algunas naciones, es incipiente y, en otras, se enfrenta al reto de no ser desdibujada por el esquema de la televisión comercial.

El 23 de junio de 1993 surgió el Canal 22 a petición de la comunidad cultural, que entonces solicitó a Carlos Salinas de Gortari que no privatizara esta emisora, como lo hizo con Imevisión. Tres lustros después, justo hace dos días, el lunes 23 de junio de 2008, culminó el Encuentro Internacional con el que se festejaron los 15 primeros años de esta televisora. Aunque la magna fiesta del canal quinceañero será mañana con un gran banquete.

La iconocracia del mundo moderno

En tanto, con la conferencia magistral de Román Gubern -teórico de la comunicación, historiador de cine y catedrático emérito de comunicación audiovisual en la Universidad Autónoma de Barcelona- y con la mesa de trabajo "Autorregulación y medios" se cerró esta reunión internacional de cultura y medios en donde la discusión se centró en el papel de la televisión publica frente al sistema del libre mercado.

En ese sentido, la exposición de Román Gubern es contundente al señalar que la cultura audiovisual contemporánea se ha bifurcado entre la tendencia centrípica; es decir, el reino de la música anglosajona, el cine de Hollywood y el poder mediático; y la tendencia centrífuga; es decir, la diversificación: las televisoras locales, el videoarte, la Internet y todos los sistemas alternativos que fragmentan el monolitismo y la homogeneidad.

Sin embargo, el también autor de Patologías de la imagen y Medios iconos de masas asegura que la globalización ha producido una confusión de lo lejano y lo cercano. Todo parece cercano, aunque sea lejano. Ésa es la lógica de la ficción globalizadora que obedece a razones mercantiles. Esto es, a cadenas de mercado donde se diseminan estilos de vida, valores, conceptos, etcétera. En resumen, el corolario de la globalización es la aparición de nuevos fenómenos llamados localización; es decir, la producción global de lo local. La reproducción local de los esquemas, modelos, arquetipos, de la globalidad dominante.

Gubern se pregunta: "¿Cuál es la réplica ante este fenómeno mediático universal? A mi juicio es la verdadera cultura intersticial, aquella que ocupa los intersticios que los grandes intereses financieros y políticos dejan de lado, descuidados, porque no son rentables, porque no interesan. La cultura intersticial es aquella que ocupa los espacios de la cultura global dominante. Ahí abandonamos los conceptos clásicos, el star system, el glamour, el lucro... En esa nueva batalla por la cultura de masas, las radios y las televisoras públicas deben atender las necesidades reales del tejido social local. En ese sentido, la televisión educativa está en un frente de batalla por la civilidad, en construir redes de sustentación comunicativa que sirvan para fortalecer una sociedad más justa".

El también autor de Un cine para el cadalso / 40 años de censura cinematográfica en España agrega que hoy en día el espectador consume lo que le han enseñado a engullir previamente, lo cual provoca que las audiencias se hagan adictas a determinados formatos televisivos: "Con este mecanismo, la televisión construye la iconocracia del mundo moderno; es decir, la hegemonía de representaciones visuales en el imaginario social. Antes de esta iconocracia hemos tenido la fonogenia, la era de la radio que produjo vocalistas como Frank Sinatra; la fotogenia producida por el cine y la telegenia de la televisión, la cual es la base de la telecracia que se extiende a diferentes ámbitos que antes no eran estelares como, por ejemplo, el deporte, la política, las revistas del corazón... los cuales genera sujetos carismáticos que han servido para legitimar a caudillos y tiranos como Francisco Franco, en España. Caudillismo que se basa a nivel local, estatal o nivel hasta en el rock."

Pero Gubern asegura que en este esquema se produce un nuevo formato televisivo llamado reality show que conduce a la telerrealidad con el programa Big Brother. Esto genera un nuevo star system no basado en la medio- cracia, como el cantante, el deportista o el político, sino en la intromisión de lo vulgar: "Big Brother -asevera- ha prostituido algo que nos emocionó hace 30 años cuando vimos las películas de Antonioni y descubrimos la belleza poética de los tiempos muertos. Pero llegó el Big Brother y nos saturan esos tiempos muertos con telebasura."

El teórico de la comunicación observa que estos ejemplos sirven para recordar que las industrias culturales también son industrias emocionales. Sobre todo cuando el darwinismo y la biología evolutiva han demostrado que las emociones gratificadoras son efímeras y las emociones negativas son duraderas: "Es aquí -indica- donde aparece la conexión con los medios masivos de comunicación, mismos que se convierten en diseminadores de placer, en industrias emocionales. Es- to es, los medios como diseminadores de placer."

Mediación de la inteligencia

En el Encuentro Internacional de Cultura y Medios uno de los temas a discutir fue el de los "Nuevos formatos televisivos". Tom Koch, director del área internacional de la WGBH, una de las televisoras públicas más importantes de Estados Unidos, explica que hasta muy tarde la compañía para la que trabaja se convirtió en una mina de oro de formatos televisivos, ya que durante muchos años produjeron programas que, de pronto, se volvieron formatos para todos los demás.

Koch advierte que en la actualidad se puede pensar en cualquier cantidad de formatos televisivos prefabricados, como los presentados por programas como American Ido, Quién quiere ser millonario o Big Brother. Lo interesante es que esos formatos de reality shows, de concurso u otros se prestan muy bien para ser formateados, repetidos y vendidos una y otra vez en el mundo entero al estilo mexicano, europeo, canadiense o francés. Son piezas intercambiables.

Sin embargo, el también productor estadounidense se pregunta: "¿Estos formatos tienen algún contenido? No lo sé. Es verdad que tienen grandes audiencias, pero no sé dónde reside el contenido, sobre todo con sentido social. Yo trabajo en una televisora de servicio público, no en una televisión comercial; es decir, no buscamos el rating, aunque me gusta tener audiencia, propiciar la conversación, no esas charlas de a ver si tal o cual va a ganar el concurso de canciones, sino que estamos en medio de la discusión política y cultural, de la discusión acerca de lo que pasa en Estados Unidos y en el mundo. Ahí es donde estamos. Sin darnos cuenta quizás hemos creado diversos formatos diversos. Pero, ahora, hemos optado por una programación más grande, más profunda, seria y amplia. Por eso nuestros programas dedican más valor de producción a la investigación de un tema en específico que a agradar a la audiencia para conquistar su atención."

Koch asegura que el interés de la WGBH es profundizar hasta encontrar la esencia del tema que pretenden comprender: "Queremos ir detrás de los encabezados de los periódicos -precisa- para ver lo que sucede en realidad. Curiosamente ya somos la única televisora pública que le apuesta a esto. La BBC de Londres ha abandonado esta tarea y los australianos desistieron, al igual que los canadienses. Considero que las condiciones sociales dan para eso y más. Este trabajo nos está llamando a gritos a los medios públicos. Nosotros podemos ser la voz de la conciencia, ser quienes aporten el formato auténtico del periodismo, de los nuevos documentales y los grandes programas."

Las experiencias de otros países también se expusieron en este Encuentro organizado por el Canal 22 al tratar el tema "Televisión pública en México y en el mundo". En este contexto, el brasileño Jorge da Cunha -presidente del Consejo Ejecutivo de TV Cultura- asegura que un pueblo sin cultura no puede ser un pueblo educado. En su país la televisión cultural fue creada hace 40 años, en plena dictadura militar, pero como una fundación de derecho privado a la que el gobierno se comprometió a aportar los recursos, pero no a dictar los contenidos. Para eso consolidaron un consejo representativo de la sociedad que, a su vez, elige a un presidente ejecutivo del canal. Así, esta TV Cultura de Brasil es un medio capitalizado y dirigido por y para la sociedad.

Da Cunha considera que la misión de la televisión pública es la formación crítica del telespectador a partir de la cultura, la educación, la información y los libros. Esto es, el hombre formado es exactamente, como lo dice el Popol Vuh, el ciudadano crítico, el cual va a definir el futuro de la TV pública: "Por lo general -añade- se cree que la naturaleza de la televisión pública es el entretenimiento y el espectáculo. Pero de esos programas está colmada la televisión comercial porque son eventos y mensajes que van directamente a las entrañas; es decir, no pasa por la mediación de la inteligencia. La televisión pública no puede conformarse con ser entretenida. Debemos apostarle a que todo lo que hagamos en este medio público debe pasar por la inteligencia del hombre para que la sociedad pueda elaborar su conciencia crítica. A partir de este principio, la TV pública podrá surgir como una alternativa a la comunicación del libre mercado, de hacer una comunicación de ciudadanía."

El también cofundador de la Red de Televisiones de Lengua Portuguesa subraya que la televisión pública tiene el gran desafío de servir de instrumento para la reconducción de "un mundo triste" que ha manejado el progreso basado en la destrucción de la naturaleza y en la indiferencia de la mente humana: "Esta es una fiesta de la responsabilidad -afirma-. La televisión cultural no puede ser la imitación velada de la televisión comercial. Tenemos que con- tar con nuestro propio carácter de televisión pública y republicana. Para esto hay dos caminos: crear consejos representativos de la sociedad y dar el 40 por ciento de la producción a los productores independientes de toda la nación. Hoy en día sólo existe una participación de mercado en las televisiones comerciales, pero no una interactividad entre los medios públicos con las nuevas tecnologías."

Estupidizar al ser humano

Uno de las televisoras culturales más jóvenes de América Latina es Canal Encuentro de Argentina, un país que -a pesar de la tradición que ha tenido en educación- no contaba con un medio de comunicación de esta naturaleza hasta hace apenas dos años. Tristán Bauer, director de esta emisora, comenta que el Canal Encuentro irrumpe en un sistema que proviene de una historia muy trágica. Por un lado, de una de las dictaduras militares más feroces que vivió Latinoamérica, donde se utilizó la televisión y los otros medios de comunicación para implantar esa cultura del terror y del miedo. Después llegaron los gobiernos neoliberales que llevaron al país a una crisis económica que explota en 2001.

El también cineasta comenta que durante ese periodo se implementó el sistema del libre mercado. Los directivos a cargo de la televisión comercial usaron entonces el espectro radioeléctrico que pertenece a todos los argentinos para poder implementar ese modelo neoliberal dentro de la cultura de la sociedad: "Señales utilizadas fundamentalmente, como sigue ocurriendo hoy en la televisión comercial de mi país, para estupidizar al ser humano y transformarlo no en un ciudadano, sino en un consumidor."

Bauer agrega que, paralelamente, el gobierno pauperizó a las televisoras públicas. Esto es, aunque nunca consiguió privatizar el Canal 7 de Argentina, su funcionamiento se mermó al recortarle su presupuesto e intervenir en la vida sindical. Aunado a ello, su programación se puso al servicio de la cultura del libre mercado. Acciones con las cuales quedó absolutamente desmantelado, al igual que las televisoras públicas de provincia y las regionales: "Éste es el marco -apunta- en que aparece una nueva reflexión sobre la función de los medios públicos en Argentina. Hoy estamos viviendo un momento apasionante. Por primera vez discutimos una nueva ley de radiodifusión porque la legislación vigente es una herencia de la dictadura militar."

Pero Bauer también describe el desafío al que se enfrentan para consolidar una nueva ley. Sobre todo porque los medios de comunicación privados están en manos monopólicas, como el Grupo Clarín, cuyo dueño también lo es del periódico de mayor tiraje en Argentina, del canal comercial de televisión abierta con el rating más alto y del 80 por ciento de la red de televisión por cable que cubre todo el país: "Quienes hacemos televisión pública en América Latina -afirma- tenemos la responsabilidad de conducir este medio a un verdadero instrumento de transformación social, un arma cultural con una potencia extraordinaria. La televisión comercial es una televisión perfectamente construida para cumplir con el cometido de transformar al ciudadano en un consumidor. Frente a eso la respuesta tiene que estar en la televisión pública."

La presión de la publicidad

Otro caso, aunque distinto, no muy lejano a lo que sucede en las televisiones públicas de América Latina es el del Canal Arte de Francia. En la mayoría de los países europeos, la televisión surgió como medio de servicio público. Es decir, la televisión comercial no fue la que se apropió del espectro radioeléctrico sino los medios públicos. Por ejemplo, de 1945 a 1985 en Francia sólo existían televisiones públicas, no había TV privada. Fue hasta 1985 cuando apareció Canal Plus. Sin embargo eso provocó que, en 1986, el gobierno privatizara un canal de televisión pública: el TF1 que es, ahora, el medio dominante de la televisión francesa como canal comercial. A partir de ahí la televisión comercial deglute, poco a poco, a la televisión de servicio público.

Ahora la TV comercial cautiva al 40 por ciento de la audiencia y la TV pública -conformada por Televisión Francesa (con sus cinco canales) y Canal Arte- obtiene el 37 por ciento de los espectadores. Esto parecería equilibrado. No obstante, Andrè de Margerie, director del departamento internacional de Canal Arte de Francia, plantea una situación distinta: comenta que su cadena surgió de una doble necesidad, la de luchar contra la desaparición progresiva de los programas culturales en los canales con mayor audiencia y la necesidad de mantener vivos a los medios públicos.

De Margerie explica que, en su país, la televisión pública está financiada con los impuestos de los ciudadanos y también con ingresos de publicidad. Pero ahora lo que sucede es que, bajo la presión de la publicidad, los programas culturales se transmiten cada vez más noche con la tendencia a desaparecer: "En ese sentido -continúa- el gobierno decidió, entre 1988 y 1990, establecer un espacio que no se rigiera bajo la presión publicitaria. Así surgió Canal Arte. La segunda decisión fue que, con el surgimiento de la Unión Europea, se hizo un convenio de producción entre franceses y alemanes para producir una televisión común. Ambos países aportaron 350 millones de euros por año en partes iguales (mitad y mitad). Esto nos dio vitalidad y nos sacudió las presiones publicitarias."

Pero De Margerie precisa que hace un mes Nicolas Sarkosy -presidente de Francia- decidió que el ingreso por publicidad sería retirado de la televisión pública. Esto significa que los medios no comerciales dejarán de recibir un tercio de su presupuesto: "Si de un año para otro se retiran esos ingresos -asevera- no sé lo que va a suceder con los medios públicos. Estaremos realmente ahorcados porque son 800 millones de euros los que dejaremos de percibir. El presidente no va a incrementar el presupuesto audiovisual con el que se sostienen los medios públicos. Así es que entramos a un periodo muy peligroso porque no conocemos bien si hay un plan detrás de esta decisión, y si es que los siete canales públicos van a ser reducidos o si alguna salida puede encontrarse para compensar el recorte."


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