18 de marzo de 2008

Los bemoles de abril

Javier Corral

Una vez que pase la Se-mana Santa, los legisladores se encontrarán con el reto de una nueva ley de medios. Lo resolverán en medio de presiones con miras a las próximas elecciones, de estrictos intereses económicos de los grupos mediáticos y de gobernabilidad y prioridades legislativas de la actual administración. Entre presiones y bemoles, abril será clave.

No habrá otra oportunidad mayor que el presente periodo ordinario de sesiones, ni mayor incentivo para esa empresa legislativa que la resistencia actual de las televisoras a cumplir las recientes reformas en la transmisión de los spots y programas de los partidos políticos en los tiempos de Estado. Si la prepotencia y el cinismo de los dueños de la televisión no conmueve la dignidad de la clase política, está perdida ésta.

Los actuales concesionarios no están dispuestos a ceder ni un milímetro de su poder ni a transformar el modelo de relación con los políticos. Las medias tintas con que se escribieron las sanciones en el Cofipe —en caso de incumplimiento—, no sólo permiten este maniobrar, sino que en la competencia electoral se vuelven ineficaces.

De manera particular se espera que el Senado cumpla su cometido; esa esperanza se basa en el liderazgo y la solidez con que Santiago Creel y Carlos Navarrete han asumido esta reforma, y que los legisladores de esas bancadas partidarias en el grupo plural han reiterado su compromiso y han sido explícitos en señalar temas ineludibles de una iniciativa que dé pie a un nuevo marco jurídico. El PRI como siempre, mantiene un juego doble, y paga por ver si la oposición al gobierno del Presidente Calderón logra ponerse de acuerdo con el PAN en una materia compleja que acarrea, sin duda, costos políticos en el corto plazo. Mientras, aprovechan el tema para congraciarse con los dueños de medios, a quienes ofrecen ser dique de contención.

El gobierno del presidente Calderón tiene como prioridad las reformas económicas, y aunque tiene motivos y convicciones para empujar otras de carácter político y social, ha subordinado su acción a las primeras. Toda la carne está echada en el asador de la reforma energética, y en esa apuesta, el petróleo se vuelve contra la urgencia del reconocimiento de derechos sociales aplazados; frente al derecho a la información se presenta otra vez el “venero que escrituró el diablo”, como lo llamara el poeta López Velarde.

A las dificultades de ese proceso se agrega la particular resistencia en la Cámara de Diputados no sólo a cargo de los representantes directos de las televisoras en el PRI, encabezados por Emilio Gamboa. También en el PAN hay quienes se oponen a que avance esta reforma, y desestimulan el trabajo conjunto entre diputados y senadores, de tal forma que cuando una eventual reforma llegue a la colegisladora, se argumente falta de acuerdo entre grupos parlamentarios del mismo partido. En el PRD de la Cámara de Diputados hay más desinterés que temor.

Es este periodo de sesiones en el que debemos insistir, y enfocar bien las baterías de una acción social indispensable sobre el conjunto de los legisladores. Participar en ese esfuerzo dependerá del interés por México, y por el mejoramiento de nuestra vida democrática. La posibilidad de auténticas reformas para México no pueden estar a merced de unos cuantos negociantes, es clave recurrir a cada uno en todos los partidos para confrontarlos con esa responsabilidad histórica contra los monopolios que devoran al país y frenan el desarrollo.

La televisión mexicana es sin duda una de las más concentradas en el mundo. Solamente dos empresas dominan a la audiencia nacional. En el país hay 461 estaciones de televisión comercial. De ellas, 94% son propiedad de dos compañías. Televisa tiene 56% de las estaciones comerciales en México y Azteca el 38%. Dos tercios de la inversión publicitaria benefician a Televisa y el resto a la otra empresa. El 72% de la audiencia nacional se concentra en canales de Televisa. Cada una de esas dos empresas tiene dos cadenas nacionales y Televisa posee, al mismo tiempo, un sistema de repetidoras adicionales con las que puede articular una tercera cadena.

Televisa es el único caso en el mundo en el que una empresa posee cuatro señales de televisión abierta (2, 4, 5, 9) en una misma plaza, que ni más ni menos es la capital del país; el espacio de salida necesario para otras cadenas nacionales. Y tiene otra frecuencia (Canal 46) en la banda UHF (ahora restringida), pero la banda es para tv abierta. Es un fenómeno de concentración singular en el mundo: 56% del espectro para tv comercial; 100% de televisión satelital; 35% de fibra óptica; 38% del Cable. Avanza hacia tener las cuatro plataformas de transmisión de contenidos.

Esta es nuestra realidad de modelo comunicacional, y cambiarla dependerá de lo que estemos dispuestos a hacer en los próximos días, desde el ámbito en el que cada quien pueda influir. Vendrían muchos años de mejores cosas para la nación.

Profesor de la FCPyS

2 comentarios:

PEPMAC dijo...

Dudo mucho que Felipillo Calderon quera lanzar una iniciativa de ley que realmente frene el monopolio de la television.

Debemos recordar que ambos son los mas beneficiados, el primero por controlar la informacion lanzada por los medios y los segundos por conservar sus privilegios.

En lo que tienes razon es que el PRI solo navega con la bandera de la que pueda obtener beneficios.

Saludos

Armando Molina dijo...

Y que no siga frenando el desarrollo del país la horda de ratas de la iniciativa privada y del gobierno espurio, que quieren quedarse con los recursos de país... y con el país completo.

Saludes!