31 de marzo de 2008

El Tíbet está que arde

Claude Balsiger, un turista suizo de 25 años ha sido testigo de la revuelta de los monjes tibetanos contra las fuerzas chinas de ocupación. Nos relata hoy la intensa semana vivida en Lhasa, la capital del Tíbet.



Peregrinos en Lhasa (Foto: Nice Logo/ Flickr)
Estoy en un restaurante, e compañía de Chris, todo un reportero dicharachero que había conocido días antes. Tras el almuerzo, decidimos dar una vuelta por Bankhor Square, en pleno dentro de Lhasa, con la intención de cumplir con una Korá, una peregrinación en la más pura tradición budista. Asi que nos pusimos en marcha hacia el templo de Jokhang, cuestión de impregnarnos de los lugares santos de la ciudad. Sin embargo, justo en ese momento, la atmósfera mística que reina por lo general en Lhasa desaparece rasgada por los acontecimientos que ya conocemos.

Hay que estar sordo y ciego para no percatarse del gigantesco despliegue de policías de paisano y de unidades paramilitares que saturaba las calles. En un abrir y cerrar de ojos, además, pasan al ataque. En seguida nos damos cuenta del peligro que supone para unos turistas como nosotros encontrarse en mitad de su camino, pero por encima de toda prudencia los seguimos a la carrera, fascinados por el riesgo de la situación. Hasta bien entrada la noche permanecieron las manifestaciones en las calles. ¡Y no todos eran monjes! Los tibetanos son un pueblo al que es fácil atarse. Por todas partes, durante mi estancia en su país, he ido tejiendo intensas amistades. Todo el mundo ofrece de comer o una taza de té a la manteca de yack al paso por sus moradas.

En cambio, en su vida diaria, los tibetanos se ven sometidos sin piedad a controles y humillaciones. La represión sabe ser feroz. Por ejemplo, el mero hecho de guardar consigo una fotografía del Dalai Lama es merecedor de prisión sin contemplaciones. La presencia china en Lhasa es total. Uniformes en cada cruce de calles. Una ocupación militar masiva en toda regla: tal es la respuesta china a la cuestión tibetana.

Viernes 14 de marzo

El viernes, a la hora del desayuno, me encuentro con dos jóvenes tibetanos. Sentados junto a un ventanal panorámico bebemos nuestro Chai, el té. De mentalidad abierta, se expresan en un correcto inglés aprendido durante su exilio en India. De vuelta al Tíbet, fueron denunciados por un chivato al servicio de los chinos que se había infiltrado en su comunidad de inmigrantes.

Spanien in Nantes

Seguridad y policía en el exterior del templo de Jokhang (Foto: Nice Logo/flickr)


A pocos minutos de la una de la tarde, con la esperanza de poder reanudar de nuevo mi Korá, me dirijo de nuevo en dirección de Bakhor Square, el corazón histórico de Lhasa, más ocupado que nunca por las fuerzas policiales y militares. Todas las calles a mi alrededor son presa de una gran agitación. Cruzando de improviso una marea de viejas, niños y comerciantes huyendo a toda prisa, trato de remontar a contracorriente el pánico del momento.

La policía en el exterior del templo de Jokhang

A lo lejos, los gritos de la muchedumbre retumban como los de una turba de lobos hambrientos. Forzado por el tsunami humano a alejarme de esta calle, desemboco, desorientado, en mitad de una enorme avenida. Ante mí, un grupo de 400 o 500 personas vociferan entre el ruido de las caceroladas. Los adoquines vuelan con inusitada velocidad en dirección de un callejón por el que surge una escuadra de 50 policías solapados en sus escudos protectores. El gentío, preso de una rabia destructora considerable se precipita contra los hombres armados que mantienen con dificultad su posición e incluso buscan salir huyendo.



De inmediato, centenares de tibetanos se lanzan en su persecución. Traicionado por su origen, un anciano chino trata de cortarles el paso y es arrojado de inmediato al suelo por la riada humana encolerizada. Como si los puños levantados no bastaran, tres individuos fuera de sí blanden piedras mientras le increpan y amenazan. Sin poder quedarme quieto por más tiempo, avanzo hacia él y su bicicleta arrojada en el suelo. Un gesto quizás providencial. Juzgando preferible hacer valer mi nacionalidad para protegerle, levanto los brazos y grito: “¡Basta, basta! ¡Se acabó!”. El anciano se levanta sin prisas viendo alejarse a sus captores. Sin dejarle tiempo para contemplar la escena le llevo a tirones hacia una calleja en la que nos encontramos frente a un hombre de rostro redondo y abrasado de unos 30 años: “¡Usted no puede permanecer aquí!”, me espeta, “¡Debe marcharse de inmediato!”.

Por muy europeo que sea y muy en seguridad que me sienta, no puedo sino estremecerme ante el espectáculo de odio y violencia que se ha desarrollado ante mis ojos. ¿Acaso no es sorprendente ver a un pueblo tan amistoso y pacífico como el tibetano –que tiene como jefe y modelo espiritual al mismísimo Dalai Lama, militante de la no-violencia- dispuesto a matar a sangre fría a otros hombres? Hay otra cosa que tampoco me deja indiferente: escucharles reír.

Su felicidad parece inmensa. Por vez primera en cincuenta años, expresan con desenfado la oportunidad de desplazarse con entera libertad por las calles de su capital. A la puerta de las tiendas y los restaurantes, como una señal de afirmación de su identidad tibetana y protección, cuelgan largos retales de tela blanca.

Sábado 15 de marzo

Al alba, los tanques han invadido las calles. En las calles no respira ni un alma, a menos que se trate de soldados. A lo largo de toda la jornada es posible escuchar aquí y allá disparos y explosiones aislados. Hacia las cinco de la tarde, abandono el centro de la ciudad, escondido en una camioneta volando por entre las calles desiertas. Ya en carretera puedo observar decenas de coches calcinados, casas incendiadas y tiendas devoradas por las llamas.

Viéndolos patrullar metralletas en ristre, no le cabe una sola duda a mi entendimiento: ¡los soldados disparan a todo lo que se mueva! Por fin llegamos a un hotel de lujo situado al este de la capital. A penas hemos sacado un pie del vehículo que nos tiramos de cabeza en Internet y la telefonía. La recepción está infestada de policías de paisano que espían todos nuestros movimientos.

Domingo 16 de marzo

El ruido ensordecedor de las columnas de camiones y tanques avanzando por la carretera despierta a todos los clientes del hotel. El ejército chino ha decidido arrojarse sobre el Tíbet. Contamos hasta 120 camiones. A bordo de cada uno viajan 35 soldados. ¡Sin contar los tanques! El lunes, vuelven a dejarnos de nuevo circular por la ciudad. Los puestos de control militar han florecido por doquier, en cada esquina. Nos hacemos los suecos, o más bien los turistas que no tienen ni idea de lo que está pasando, logrando así pasar sin problemas los controles. Los soldados son de una juventud extrema. Como mucho de 16 años. Ante cualquier gesto fuera de control nos apuntan con sus armas. Un ambiente de profunda desolación planea sobre la ciudad.

Martes 18 de marzo: Katmandú

Le debemos nuestra salvación a un amigo que nos ha venido a recoger para llevarnos a Nepal. En Katmandú, una cincuentena de periodistas de todo el mundo viven en alerta. Durante todo el día nos persiguen a la caza de información e historias.


Spanien in Nantes

Europa apoya al Tíbet. En Bélgica y en Francia, arriba. En Polonia, o en Milán y Londres abajo.

25 de marzo de 2008

La batalla por el PRD

Javier Corral Jurado

He sostenido que en México, de entre los tres principales partidos en el Congreso, sólo dos responden a eso que se constituye a partir de principios, plataformas, objetivos, valores y reglas. Que nacieron a la política acogidos por el deseo de cambio y transformación social, y no sólo bajo el impulso del poder por el poder. Lo pienso en primerísimo lugar del PAN, pero también de la genérica izquierda, en sus distintas etapas, como PCM, PMT, PSUM, o como PRD hoy.

Por ello mismo fueron capaces de sobrevivir tanto tiempo al PRI y luego remontarlo. Ninguna oposición en América Latina, ya fuera de izquierda, de derecha o de centro, fue condenada tanto tiempo a serlo como la mexicana. Pero el PRI, su padre el PRM y su abuelo el PNR, ayer maquinarias de poder basadas en la defraudación electoral y hoy simple empresa negociadora de intereses particulares, tuvo ese mérito indiscutible por ocho décadas.

De ahí que resulte penoso que en no pocas ocasiones los adversarios al PRI de siempre —que ya no por siempre—, que lo resistieron y lo combatieron con dignidad en el autoritarismo y en la derrota, se le asemejen.

He criticado cuando me parece que el PAN pierde figura y esencia de sus postulados frente a sus adversarios, que termina asemejándose a ellos. Y he de decir ahora que la izquierda perredista, que algún día quiso estar unida, rememora por estos días clásicas lecciones de desaseo electoral, de corporativismo y clientelismo de las mejoras épocas del PRI-gobierno.

Quien desde dentro tiene esa vergüenza, ofrece un duro diagnóstico y pide anular el proceso es el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas: “El partido, sucio y lastrado como se encuentra hoy por las violaciones a sus reglas internas y los vicios en las conductas de muchos de sus dirigentes y militantes, pierde su condición de instrumento de lucha por la soberanía de la nación y por la democracia”. Ya antes, Pablo Gómez había advertido que “si el PRD no cambia, será otro PRI; el relevo del dirigente es una posibilidad para que el partido recupere la salud o continúe con los vicios”.

Y por supuesto que es muy lamentable que esto le suceda a la principal oposición en México. Lo digo asomándome, más que desde la ventana adversaria, siempre recordando que los partidos son entidades de interés público, desde una sincera preocupación por el sistema de equilibrios y contrapesos de toda democracia.

Por ello, di puntual seguimiento al proceso. Todos los días se iba confirmando el escenario del desencuentro y la confrontación, hasta que Alejandro Encinas, candidato de Izquierda Unida, definió bien lo que se vive: más que una contienda democrática, una guerra civil. Se salió de los cauces la tradicional lucha de grupos o corrientes, ese reflejo complejo pero interesante de la pluralidad que habita en la izquierda. Estuvo atizado por el veneno más peligroso que se le puede inyectar a una organización diversa desde el liderazgo de mayor influencia: la intolerancia con que mira al país Andrés Manuel López Obrador. La manera en que dividió la contienda entre buenos y malos, patriotas y traidores, izquierdistas de verdad y agentes de la derecha. El dogmatismo que acompaña a sus posturas invadió el ambiente y volvió a blandir la espada amenazante de desprestigiar ante el pueblo a todo aquel que no secunde sus posiciones, por más contradictorias que resulten a la luz de sus propias palabras y compromisos anteriores.

Por ejemplo, insertó en la contienda interna el tema del petróleo para oponerse a una iniciativa que todavía ni existe, pero ello le permitió catalogar a quienes lo siguen a ciegas como nacionalistas y a los que no como desnacionalizados, siendo que fue él el único candidato a la Presidencia que en 2006 ofreció abrir la inversión privada en el sector energético, como se asienta en su proyecto de nación.

La intolerancia con que López Obrador se ha venido comportando frente a una corriente de su propio partido es la escalada mayor del maniqueísmo que hoy los tiene en un encarnizado enfrentamiento. Su desprecio por Nueva Izquierda que encabeza Jesús Ortega. Llamó “paleros” a los legisladores del PRD que votaron la reforma electoral, y a la presidenta de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, que recibió en su oficina de San Lázaro al secretario de Gobernación, le dijo que se había dejado agarrar la pierna. No sólo se había rebajado, como le respondió Zavaleta, a un buscapleitos de taberna; también decidió reducir su papel de autoproclamado presidente legítimo, pues terminó como coordinador, propagandista y mitinero de Alejandro Encinas. Ahí está, uno de los gérmenes de esta crisis perredista. Ojalá que por el bien de México la resuelvan bien.

Profesor de la FCPyS la UNAM

24 de marzo de 2008

Pemex historia de un monopolio

Por Alberto Bello

Lázaro Cárdenas no fue quien prohibió la inversión privada en los hidrocarburos a mexicanos; lo hizo Ruiz Cortines en 1958.

La huelga declarada el 31 de mayo de 1937 por los trabajadores de la industria petrolera causó grandes molestias a la población y a la industria, pero nadie protestó.

Al contrario, durante los nueve días que duró, abundaron las muestras de solidaridad. El Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, creado en 1935, reclamaba una jornada laboral de 40 horas y una pensión por enfermedad.

El problema se agudizó meses después, cuando las 17 empresas, pertenecientes a firmas como Shell, Standard Oil o Gulf, de capital británico, holandés y estadounidense, desacataron a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que les había fijado el pago de un fondo mientras se resolvía el conflicto.

Tal desacato provocó la indignación del presidente Lázaro Cárdenas, quien tomó la decisión por la que pasaría a la historia: “(las empresas) lesionaron seriamente los intereses económicos de la nación, pretendiendo… hacer nulas las determinaciones legales dictadas por las autoridades mexicanas”, argumentó en su discurso del 18 de marzo de 1938, al declarar la expropiación inmediata de todos los activos.

Un conflicto laboral, por tanto, es el origen de la nacionalización de la industria petrolera.

Capital y soberanía

Setenta años después, los argumentos para defender el monopolio estatal de Pemex son políticos: los hidrocarburos deben ser administrados por el Estado a través de Pemex; lo contrario, según los opositores a la participación privada en la explotación del crudo, implica privatizar, lo que implica... ¿ceder soberanía?

El análisis de las leyes y reglamentos de esa industria en las últimas siete décadas desvela muchos mitos: para empezar, que Cárdenas no se oponía a la inversión privada: “Podrán celebrarse contratos con los particulares, a fin de que estos lleven a cabo, por cuenta del gobierno federal, los trabajos de exploración, ya sea mediante compensaciones en efectivo o equivalentes a un porcentaje de los productos que obtengan” (Ley reglamentaria del Artículo 27 Constitucional, promulgada el 30 de diciembre de 1939).

Lo mismo sucedía con refinerías y oleoductos, que hoy sólo pueden ser operados o construidos por Pemex: según el gobierno cardenista, en al artículo 12 del reglamento: “La Secretaría de la Economía Nacional podrá otorgar concesiones para la construcción de refinerías y oleoductos y para la distribución del gas…”.

La única condición era que esa inversión fuera hecha por ciudadanos o empresas mexicanos, y se aplicó por igual a todas las industrias, hasta la apertura comercial que inició en 1986 con la firma del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio por el presidente Miguel de la Madrid.

Hoy, dicha condición es más proteccionista que la vigente en las primeras dos décadas siguientes a la expropiación.

México es el único país del mundo que no permite ningún tipo de participación privada en exploración y producción de hidrocarburos, a diferencia de países como Cuba, Venezuela, China o Corea del Norte.

En México también está prohibido que inversionistas privados construyan refinerías o que transporten petróleo. Dado que la Secretaría de Hacienda controla de facto las finanzas de la paraestatal (en 2007, 36% de los ingresos del Estado procedieron de Pemex), y que la rentabilidad en la refinación es mucho menor que en la extracción y exportación de petróleo (Tasa Interna de Retorno de 20% frente a tasa superior a 100% en producción), nadie invierte en refinerías.

Pemex resolvió el problema en los años 90 al asociarse con Shell para construir la refinería Deer Park, en Texas. Pero México ya importa 30% de las gasolinas que consume.

Lo que sí dejó claro Cárdenas fue que el Estado tenía “el dominio directo… inalienable e indescriptible” de los hidrocarburos.

El presidente Ávila Camacho ratificó, en mayo de 1941, las decisiones de su antecesor, y en el artículo 6 de la ley reglamentaria del Artículo 27 Constitucional se estableció que el gobierno llevará a cabo la exploración y explotación del petróleo a través del órgano correspondiente, de las instituciones que creara la ley, o “mediante contratos con particulares o sociedades”.

El dominio sobre el petróleo propio es condición común en los países petroleros, que lo rentabilizan con el cobro de derechos e impuestos a las empresas concesionarias, con tasas de entre 50 y 90%.

Esto ha dado lugar a varios modelos de inversión: desde el de Statoil Noruega, que arrancó con 100% de participación extranjera en exploración de aguas profundas, en 1972, y ha generado una industria nacional, hasta el brasileño de Petrobras, que desarrolló su propia tecnología a partir de la salida a bolsa de la mitad de su capital, pero que no renuncia a asociarse con compañías para reducir riesgos y compartir tecnología. En Canadá hay más de 1,000 empresas explotando sus yacimientos en régimen de concesión, lo que ha llevado gran prosperidad a la región de Alberta.

Los motivos de Adolfo

En 1958, en el auge de la presidencia omnipotente del PRI, habían quedado atrás los embargos al petróleo mexicano que declararon, en los meses siguientes a la expropiación, los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña; la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) obligó a los países aliados contra la Alemania nazi a aceptar el petróleo mexicano como oro.

Durante dos décadas, la inversión privada en hidrocarburos fue tolerada, aunque la ruptura del régimen jurídico que implicó la expropiación desanimó a muchos y sólo un inversionista apareció, en 1946. Fue el presidente Adolfo Ruiz Cortines, quien, 20 años después de la expropiación, declaró el monopolio del Estado en la industria petrolera.

“Sólo la Nación podrá llevar a cabo las distintas explotaciones de los hidrocarburos”, estableció en el artículo segundo de su reglamento, e incluyó en esto gasolinas, gas y hasta la elaboración, almacenamiento y transporte de los derivados. En ese reglamento, el gobierno estableció los contratos de obras y prestación de servicios con privados, vigente hasta hoy.

En la exposición de motivos ante el Senado, Ruiz Cortines explicó qué propició esta decisión, que modificó el artículo 27 de la Constitución para prohibir las concesiones.

“Las necesidades del país y una mínima previsión del futuro de México”, dice la iniciativa, “requieren que las actividades de una industria de importancia tan vital para la nación sean no solamente controladas por el gobierno, sino monopolizadas por el Estado”. El petróleo, dice el texto, “no puede estar sometido al arbitrio de intereses privados”.

El presidente lanzó entonces el reto: “El gobierno debe abocarse a la explotación integral del petróleo”. La justificación de esa decisión, que entonces no implicó ningún acto jurídico contra empresa alguna, contenía argumentos de fondo para darle a Pemex el monopolio de la explotación petrolera.

Primero, garantizar el autoabastecimiento. “(el Gobierno debe) estar en aptitud de asegurar los suministros de petróleo y sus derivados que el país requiera”.

Segundo, la ausencia de inversionistas nacionales interesados en las concesiones de explotación o refinación: “No se ha realizado la explotación del petróleo por medio de contratos con individuos o sociedades... la iniciativa privada se ha abstenido de hacer uso de ese derecho, lo que revela que no es ésta una forma adecuada de explotación del petróleo nacional”.

Tercero, el tamaño de las inversiones. “Los proyectos y programas de la industria petrolera implican la necesidad de inversiones considerables y a largos plazos que, en nuestro medio económico, sólo el Estado está en condiciones de satisfacer”.

Los problemas estructurales del sector en México llevan a legisladores del PRI y el PAN a cuestionar si los argumentos de 1958 siguen vigentes, y a proponer una reforma ‘cardenista’.

Se agota el yacimiento de Cantarell y se consume más gasolina importada, lo que rompe el principio del autoabastecimiento. Hay inversionistas de peso en México, nacionales o internacionales, con suficiente capacidad financiera, dispuestos a tomar proyectos de largo plazo.

Las aguas profundas

El diagnóstico de Pemex es que no puede explorar ni producir en aguas profundas en el medio plazo. La tecnología necesaria es propiedad de multinacionales del sector, y el riesgo de hacerlo es grande, como ha comprobado la paraestatal en proyectos en aguas con menos de 1,000 metros de profundidad.

Las reservas probadas del crudo mexicano alcanzan para nueve años. La exploración en aguas profundas vía asociaciones dio a las compañías petroleras estatales de Brasil, Noruega, Cuba, Venezuela o a las estadounidenses que exploran aguas fronterizas, la posibilidad de enriquecerse en este año de precios récord de petróleo.

El Congreso debatirá este mes una reforma energética, pero los legisladores ya anunciaron que no habrá cambios en profundidad. Todo sea en nombre del general Lázaro Cárdenas, que jamás prohibió la inversión privada.

Coches en la ciudad, ¿fin de una era?

Se trata de la bestia negra de todos los políticos europeos. En otra época, simbolizaba la libertad y la independencia. Actualmente, se encuentra en el punto de mira de cualquier responsable político que se haga respetar, especialmente en las grandes ciudades.


En septiembre de 2005, Londres se convirtió en la primera gran ciudad que instaló un peaje en las calles denominado "London congestion charge". Todo vehículo que quisiese acceder al centro de la ciudad entre las 7 y 18 horas de lunes a viernes debía pagar 8 libras (unos 10,70€).

Política antivehículos en toda Europa


Ken Livingstone, alcalde de la capital británica e instigador de la caza a las cuatro ruedas, no tiene pensado parar aquí. Próximamente aplicará una tasa de 200 libras (268€) a los camiones más pesados y más contaminantes. Además, los camiones de más de 12 toneladas que no respeten las normas europeas en medioambiente deberán pagar una tasa de 1.000 libras (1.340€). Y dicha política antivehículos es emulada en toda Europa.

En Alemania tanto en Berlín como el Colonia y Hanovre, alrededor de Stuttgart y próximamente en 20 ciudades más allá del Rhin, tienen intención de limitar el tráfico urbano gracias a un sistema de etiquetas adhesivas verdes, amarillas y rojas según el grado de emisión de CO2 del vehículo.
A principios de año y bajo el impulso de la alcaldesa de Milán, Letizia Moratti, se ha implantado el sistema ECOPASS. Dicho sistema otorga el derecho a los conductores de vehículos menos contaminantes a acceder a la capital lombarda a determinadas horas (de lunes a viernes de las 7:00 a las 19:30). Todo ello se efectúa bajo el control de patrullas de policías de tráfico y cámaras de vigilancia.

¿Qué pasa con París?


En víspera de las elecciones municipales en Francia, los candidatos a alcalde de París revelan sus objetivos. El presente equipo de gobierno local liderado por Bertand Delanoë (Partido socialista), además de la intensificación del servicio de transporte público, reveló uno de sus proyectos estrella: el autolib o autoservicio de pequeños vehículos movidos por electricidad.

Françoise de Panafieu (UMP) apoya el proyecto Métrophérique de la RATP. Con el fin de facilitar la circulación de París a los diferentes distritos, se está estudiando la posibilidad de unir todos los enlaces de metro bajo tierra por un sistema de vías de conexión. La candidata por el partido de la derecha también ha declarado estar de acuerdo con la implantación de autopistas dentro del centro metropolitano de París pero manifestó su deseo de realizar previamente una consulta popular en la aglomeración parisina acerca de la posibilidad de un instalar peaje urbano.

Del lado de los Verdes se escuchan los discursos más radicales. Denis Baupin, cabeza de lista y actual adjunto al alcalde de París y encargado del transporte y la circulación, se compromete a establecer peaje en los distritos y autopistas de acceso a la ciudad financiando con el dinero recaudado el sistema de transporte público.
Una cosa es segura: los coches se han vuelto políticamente incorrectos.


-Johara BOUKABOUS

18 de marzo de 2008

Los bemoles de abril

Javier Corral

Una vez que pase la Se-mana Santa, los legisladores se encontrarán con el reto de una nueva ley de medios. Lo resolverán en medio de presiones con miras a las próximas elecciones, de estrictos intereses económicos de los grupos mediáticos y de gobernabilidad y prioridades legislativas de la actual administración. Entre presiones y bemoles, abril será clave.

No habrá otra oportunidad mayor que el presente periodo ordinario de sesiones, ni mayor incentivo para esa empresa legislativa que la resistencia actual de las televisoras a cumplir las recientes reformas en la transmisión de los spots y programas de los partidos políticos en los tiempos de Estado. Si la prepotencia y el cinismo de los dueños de la televisión no conmueve la dignidad de la clase política, está perdida ésta.

Los actuales concesionarios no están dispuestos a ceder ni un milímetro de su poder ni a transformar el modelo de relación con los políticos. Las medias tintas con que se escribieron las sanciones en el Cofipe —en caso de incumplimiento—, no sólo permiten este maniobrar, sino que en la competencia electoral se vuelven ineficaces.

De manera particular se espera que el Senado cumpla su cometido; esa esperanza se basa en el liderazgo y la solidez con que Santiago Creel y Carlos Navarrete han asumido esta reforma, y que los legisladores de esas bancadas partidarias en el grupo plural han reiterado su compromiso y han sido explícitos en señalar temas ineludibles de una iniciativa que dé pie a un nuevo marco jurídico. El PRI como siempre, mantiene un juego doble, y paga por ver si la oposición al gobierno del Presidente Calderón logra ponerse de acuerdo con el PAN en una materia compleja que acarrea, sin duda, costos políticos en el corto plazo. Mientras, aprovechan el tema para congraciarse con los dueños de medios, a quienes ofrecen ser dique de contención.

El gobierno del presidente Calderón tiene como prioridad las reformas económicas, y aunque tiene motivos y convicciones para empujar otras de carácter político y social, ha subordinado su acción a las primeras. Toda la carne está echada en el asador de la reforma energética, y en esa apuesta, el petróleo se vuelve contra la urgencia del reconocimiento de derechos sociales aplazados; frente al derecho a la información se presenta otra vez el “venero que escrituró el diablo”, como lo llamara el poeta López Velarde.

A las dificultades de ese proceso se agrega la particular resistencia en la Cámara de Diputados no sólo a cargo de los representantes directos de las televisoras en el PRI, encabezados por Emilio Gamboa. También en el PAN hay quienes se oponen a que avance esta reforma, y desestimulan el trabajo conjunto entre diputados y senadores, de tal forma que cuando una eventual reforma llegue a la colegisladora, se argumente falta de acuerdo entre grupos parlamentarios del mismo partido. En el PRD de la Cámara de Diputados hay más desinterés que temor.

Es este periodo de sesiones en el que debemos insistir, y enfocar bien las baterías de una acción social indispensable sobre el conjunto de los legisladores. Participar en ese esfuerzo dependerá del interés por México, y por el mejoramiento de nuestra vida democrática. La posibilidad de auténticas reformas para México no pueden estar a merced de unos cuantos negociantes, es clave recurrir a cada uno en todos los partidos para confrontarlos con esa responsabilidad histórica contra los monopolios que devoran al país y frenan el desarrollo.

La televisión mexicana es sin duda una de las más concentradas en el mundo. Solamente dos empresas dominan a la audiencia nacional. En el país hay 461 estaciones de televisión comercial. De ellas, 94% son propiedad de dos compañías. Televisa tiene 56% de las estaciones comerciales en México y Azteca el 38%. Dos tercios de la inversión publicitaria benefician a Televisa y el resto a la otra empresa. El 72% de la audiencia nacional se concentra en canales de Televisa. Cada una de esas dos empresas tiene dos cadenas nacionales y Televisa posee, al mismo tiempo, un sistema de repetidoras adicionales con las que puede articular una tercera cadena.

Televisa es el único caso en el mundo en el que una empresa posee cuatro señales de televisión abierta (2, 4, 5, 9) en una misma plaza, que ni más ni menos es la capital del país; el espacio de salida necesario para otras cadenas nacionales. Y tiene otra frecuencia (Canal 46) en la banda UHF (ahora restringida), pero la banda es para tv abierta. Es un fenómeno de concentración singular en el mundo: 56% del espectro para tv comercial; 100% de televisión satelital; 35% de fibra óptica; 38% del Cable. Avanza hacia tener las cuatro plataformas de transmisión de contenidos.

Esta es nuestra realidad de modelo comunicacional, y cambiarla dependerá de lo que estemos dispuestos a hacer en los próximos días, desde el ámbito en el que cada quien pueda influir. Vendrían muchos años de mejores cosas para la nación.

Profesor de la FCPyS

15 de marzo de 2008

El autogobierno de la tv

Javier Corral Jurado

A través de dos conferencias impartidas en el Colegio de Francia en 1996 y retransmitidas por París Premiere en ese mismo año, que se recogieron además en el libro Sobre la televisión en la colección Argumentos de Anagrama, el destacado sociólogo Pierre Bourdieu desarrolla un estudio sobre la censura invisible en la televisión, y el manejo distorsionador de lo que pudo ser “un extraordinario instrumento de la democracia directa” y ha evolucionado hacia convertirse en un instrumento de “opresión simbólica”.

Están vivas sus reflexiones y no es menos actual su conclusión al conceder a la televisión una fuerza peligrosa sobre la política y la democracia, no sólo por la paradoja de ocultar mostrando, sino porque en el campo de la política, “y en particular en el jurídico, pone en tela de juicio los derechos de la autonomía”.

Desde entonces y hasta la fecha, varios han abundado sobre el fenómeno de la televisión como poder desbordado de su función esencial. “Mediocracia” ha sido el término con el que se ha identificado la distorsión y se ha señalado el predominio de lo mediático sobre lo estatal, lo cultural, lo político.

Así, antes que a Bourdieu, le había preocupado a Karl Popper la evolución hacia lo peor de la televisión en su relación con la educación, y después Giovanni Sartori alertó sobre la sustitución de ese poder fáctico de la televisión sobre los poderes formales, la disminución de los contenidos de la democracia a manos de la “videopolítica”. Luigi Ferrajoli la ha considerado también un problema central a solucionar en el sistema democrático al catalogarla como “probablemente el poder político más penetrante e insidioso, que se utiliza para promover intereses mediante la desinformación y la propaganda”.

En nuestro país son muchos los estudios que han desarrollado esos peligros, esa dependencia, ese condicionamiento. Pero nadie ha plasmado esa significación como Raúl Trejo Delarbre en Poderes salvajes. Mediocracia sin contrapesos. No se refiere al gobierno de los mediocres, sino a la hegemonía de los medios, a su poder, incluso ideológico, que “con influencia en ocasiones mayor a la de cualquier otra entidad o institución, alcanzan los conglomerados mediáticos en el mundo contemporáneo”.

No ha faltado pues el análisis, la aguda perspectiva de quienes han alertado las consecuencias de dejar intocado ese fenómeno. Los efectos están hoy a la vista de todos y las consecuencias de no atajar, de seguir posponiendo la acción del Estado a favor de la sociedad en este ámbito son altísimas. Los días que corren están colmados de esa preponderancia de los medios, y están a la vista los efectos nocivos de la omisión legislativa para contrarrestar uno de los ejes en el que descansa esa supremacía: la enorme concentración de los medios en unas cuantas manos.

Sabedores de que podría venir esa acción, la televisión se atrinchera y desafía al Estado. Se ríen, sí, a carcajada abierta de la reforma constitucional que en materia electoral los obliga a transmitir, dentro de los tiempos del Estado, los spots de los partidos políticos. Con la mano en la cintura han dispuesto que no pasarán, en una acción concertada de las dos principales cadenas de televisión, que reitera la colusión de intereses de quienes se dicen competencia entre sí, pero que a la hora del cumplimiento de las obligaciones legales actúan como una misma cosa: “el autogobierno de la televisión”.

Quieren sentado al IFE, negociando la ley, los horarios, la duración de los spots, la frecuencia. Saben que no hay acción del Estado que los alcance, y tienen bien medida a la clase gobernante, en sus debilidades, en la estrecha mirada de sus pretensiones reformadoras, en sus indecisiones, en sus indefiniciones, y de ahí se lanzan. Porque cada omisión o titubeo de la clase política los ensancha. La debilidad del gobierno los fortalece. Las contradicciones entre los legisladores es su río revuelto.

Cada que un legislador dice que no hay condiciones para una nueva ley de medios, saben que hay quienes quieren negociar con ellos la no reforma. Cada que sueltan sus amenazas y las autoridades salen corriendo, provocan más. Y ahora resulta que Pemex les regresará los recursos que la reforma electoral recuperó para el erario, en la compra no sólo de anuncios promocionales de la reforma energética, sino también comentarios positivos de sus conductores para un proceso que se decidirá entre los legisladores y no con niveles de audiencia.

Cuando la televisión censura a los líderes del parlamento, y el conjunto no dice nada, la televisión gana poder y crece la posibilidad de que se lo haga a cualquiera.

O lo que es peor, cuando algunos se atreven a denunciar el hecho, tímidamente por cierto, de la forma en que TV Azteca y Televisa han disminuido la presencia de los coordinadores del Senado en los noticiarios de la televisión, y uno de ellos reaparece súbitamente con gran intensidad, la televisión triunfa en su estrategia de dividir y vencer. Manlio Fabio Beltrones pasó de 19 notas informativas en tres meses y medio en Televisa, a 28 minutos ininterrumpidos en un mismo día.

Cuando la televisión atiza el fuego contra el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, le manda un mensaje al gobierno de la raja que se puede sacar de conductas vulnerables y ponerlo, en un par de días, en el más serio predicamento de su compromiso ético. Y a la vez le ofrece su manto protector, para demostrarle lo que puede ser como aliada, al abrirle al funcionario los espacios más privilegiados para que la nación —que pasa por Canal 2— escuche la defensa del secretario.

Lo mediático condiciona lo político, y la agenda de reformas prospera o sucumbe según el acuerdo de esos intereses. Es la triste historia que se repite, y crece en esa fórmula autodestructiva de cuando la mediocracia se junta con la mediocridad.

Profesor de la FCPyS de la UNAM

9 de marzo de 2008

Teléfono intervenido

Raúl Trejo Delarbre

La grabación publicada por Proceso muestra en toda su vulgaridad al director de Información de Televisa: "Ya lleva un mes de incendiaria; desde hace un mes va a todos los foros; nos mienta madres, pide que nos quiten canales". En esos términos Javier Tejado Dondé se refería a la periodista Carmen Aristegui. La grabación de la charla que sostuvieron dos funcionarios del consorcio mediático le permitió a Proceso asegurar en su portada del 24 de febrero pasado: "Fue de Televisa la conjura contra Aristegui".

Así lo han creído, porque así quisieron creerlo, muchos simpatizantes de la dinámica periodista que fue despedida de XEW al comenzar el año. Como han estado convencidos de que la culpa de la salida de Aristegui del noticiero matutino de esa emisora es de la cúpula de Televisa y no del grupo español PRISA -consorcios, ambos, que comparten la propiedad de la cadena radiofónica-, no pocos lectores y radioescuchas encontraron en aquel reportaje la confirmación de tales certezas.

Sin embargo en esa conversación lo único que se confirma es la torpeza política, verbal e incluso jurídica de los abogados de Televisa. Allí Tejado le pide a Joaquín Balcárcel, vicepresidente jurídico de la empresa, que intervenga ante otras firmas de telecomunicaciones para que respalden las reformas que fueron conocidas como Ley Televisa y que estaban siendo discutidas en el Senado. De paso, aprovecha para despotricar contra la periodista que les daba espacio en su noticiero a impugnadores de aquellas modificaciones legales.

"Ella es la vocera de todos estos grupos que han vivido durante 10 años de golpear a los medios electrónicos", se queja Tejado con un patético desconocimiento de las razones que llevaron a muy diversos sectores de la sociedad a oponerse a la Ley Televisa.

También ignoraba, a pesar de que en la posición que ocupa supuestamente tiene oportunidad de recibir información muy variada, qué se decía y por parte de quiénes acerca de las reformas a las leyes federales de Telecomunicaciones y de Radio y Televisión.

Tejado Dondé le adjudica a Carmen Aristegui puntos de vista que la periodista nunca manifestó en un foro sobre ese tema que se realizó en Ciudad Universitaria.

Lo que no se infiere de la transcripción publicada por el semanario es que el despido de Aristegui haya obedecido a una conjura del consorcio. La conversación ocurrió en marzo de 2006. Diez meses más tarde Televisa Radio le renovó a esa periodista su contrato anual sin que aquellas animosidades hubieran sido suficientes para impedirlo. (La deplorable remoción de Aristegui de su espacio radiofónico la comentamos en emeequis 102, en circulación el 14 de enero pasado).

Proceso no les explica a sus lectores cómo obtuvo la grabación de la charla telefónica. El autor de la nota, Jenaro Villamil, es sin duda el reportero especializado en medios más conocedor de ese tema en la prensa mexicana. Pero el reportaje del 24 de febrero se limita a transcribir la filtración que alguien le proporcionó a esa revista. Allí no hay aportación periodística alguna.

La grabación es evidentemente ilegal. Alguien interceptó el teléfono de Javier Tejado. Hace un par de años El Universal publicó fragmentos de otras grabaciones obtenidas al intervenir la línea telefónica de ese funcionario de Televisa. Proceso indica que esta grabación "es distinta" a las que dio a conocer El Universal sin aclarar si se trata de la misma intercepción telefónica.

Esas grabaciones fueron obtenidas de manera ilícita. Los ciudadanos y grupos que impugnan a Televisa y cuyo empeño fue respaldado el año pasado por la Suprema Corte de Justicia que consideró inconstitucionales las reformas emprendidas para favorecer los intereses de las televisoras, tendrían que cuestionar los procedimientos periodísticos ilegales aunque de ellos resulten declaraciones que confirman nuestros recelos y conjeturas. En cambio, durante las últimas semanas hemos leído y escuchado aplausos a la publicación de la charla entre los abogados del consorcio.

En la disputa por la claridad en los medios de comunicación, los tramposos e ilegales han sido aquellos que defienden los privilegios de Televisa y otras empresas. El único monopolio que no vale la pena disputarles es el de la prepotencia y el abuso contra derechos sociales e individuales. Es un asunto de principios. Y también, si se quiere, de elegancia.

4 de marzo de 2008

Mujeres en frecuencia

Javier Corral Jurado

La celebración del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, debe ser también ocasión para reconocer que la lucha por el derecho a la información en México ha sido una en la que las mujeres han tenido una participación referencial. En la construcción de la conciencia sobre un nuevo régimen jurídico para la comunicación, el esfuerzo más constante ha provenido de mujeres extraordinarias, situadas en la enseñanza, la investig ación y el periodismo.

Tanto la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación como el Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación han sido los espacios desde donde se ha desplegado ese impulso y se ha orientado el análisis sobre los medios para nutrir el debate político con instrumentos académicos. Ambas iniciativas fueron empujadas por mujeres.

Con el riesgo de la omisión, debo apuntar algunos nombres. Pero siento la necesidad de expresar que el debate sobre la democratización de los medios se ha nutrido en los últimos 30 años con los estudios, la inteligencia y entusiasmo de Beatriz Solís Leree, Fátima Fernández Christlieb, Cristina Romo, Florence Toussaint, Alma Rosa Alba de la Selva, Patricia Ortega, Gabriela Warkentin, Lidia Camacho, Cecilia Cervantes Barba, Aimée Vega Montiel y Cecilia Quintanilla. Y en el ejercicio de la comunicación, esa discusión ha encontrado espacio y aliento en el periodismo de María Victoria Llamas (qepd), Socorro Díaz, Beatriz Pagés, Carmen Lira Saade, Carmen Aristegui, Lydia Cacho, Patricia Arriaga, Sanjuana Martínez Montemayor, Graciela Ramírez, Sabina Berman, Denise Dresser, y de activistas sociales ejemplares como Lourdes Barbosa y Aleida Calleja.

Y aunque de ahí han provenido muchas de las luces más brillantes para transformar con sentido de justicia el sistema de medios, paradójicamente sus demandas son asignaturas pendientes de concretarse en la igualdad en el acceso a los derechos comunicativos de mujeres y hombres, pues si bien en diversas disposiciones jurídicas se refiere el rol que los medios deben jugar en el reconocimiento de ese acceso igualitario, lo cierto es que en la ley de la materia hasta ahora nada se ha logrado introducir.

De ahí que en el proceso legislativo que busca reformar las leyes de telecomunicaciones y de radio y tv sea no sólo pertinente sino de absoluta justicia incorporar la perspectiva de género en las nuevas definiciones legales.

Para ello la Red de Investigadoras por la Vida y la Libertad de las Mujeres que preside Marcela Lagarde, basada en la Plataforma de Acción de Beijing de 1995 —que en su capítulo “Mujeres y Medios de Difusión” establece la necesidad de llamar a gobiernos y sectores involucrados a fomentar una política activa de incorporación de la perspectiva de género en las políticas y programas de comunicación—, ha desarrollado una propuesta que plantea “principios para una legislación mexicana que garantice el acceso de las mujeres a la comunicación e información”. Junto a lo presentado por la Asociación Mexicana de Derecho a la Información en noviembre, los legisladores tendrán proyectos específicos con los que podrán encarnar el reiterado discurso a favor de los derechos de las mujeres y, más aún, hacer viables normas que ellos mismos han aprobado sin el mecanismo que las haga vinculantes, esto es, obligatorias.

La propuesta fue elaborada por Aimeé Vega Montiel, eslabón entre la Amedi y la Red de Investigadoras pues se desempeña en ambas asociaciones. Ésta esboza la situación de las mujeres en el mundo y sus posibilidades en la esfera de la comunicación y la información, a través de la producción, representación y recepción, así como su relación con las nuevas tecnologías de información.

Dice la exposición de motivos: “Con la designación de 1975 como el Año Internacional de la Mujer —cuando fue celebrada la I Conferencia Mundial sobre la Mujer en México—, y de la Década para la Mujer, 1976-1986, inició el diagnóstico sobre su situación en el mundo. Lo que la revisión de la realidad y las políticas nacionales, regionales y mundiales sobre las mujeres evidenciaba era la violación de sus derechos en todos sus ámbitos y ciclos de vida, en reciprocidad con su marginalidad de la economía y de su poco o nulo acceso a los recursos para acceder a una ciudadanía plena. Un hecho originado por estas causas apuntaba al acceso negado a las mujeres a los medios de comunicación en términos de representación y empleo. Las imágenes estereotipadas de las mujeres en los medios, así como su escasa participación en ellos, fueron señaladas desde entonces —y hasta hoy— como poderosas barreras que dificultaban la universalidad de los derechos humanos”.

Está demostrado que el de la comunicación es un derecho social básico para ejercer otros derechos, para defender libertades. No pueden, las mujeres todas, prescindir de este tema en su agenda de vida, y a aquellas que tanto han contribuido a explicarlo, nuestro reconocimiento y gratitud. No podría dejar de mencionar que, en mi caso, esa comprensión y formación en el tema me la facilitó la excelente académica Beatriz Solís Leree, a quien tanto debo y quiero.

Profesor de la FCPyS de la UNAM

20 de febrero de 2008

Kosovo independiente: reacciones

El día 17 de febrero Kosovo declaró su independencia, rodeada de una división de opiniones en la UE. Sondeamos las reacciones de jóvenes kosovares, serbios y rusos.
Pristina, 17 de febrero, 9.00h



En 1999, yo tenía 13 años. He vivido muy malas experiencias desde que era niño. Por eso el momento en que Kosovo ha conseguido la independencia es algo extraordinario, inolvidable y de alguna manera también positivamente confuso e increíble.

Sabía que este día llegaría, pero las negociaciones, tan duras y largas, y los retrasos me hicieron sentir que el “Kosovo Independiente” era una “metáfora” que esperaba conseguir más de lo que la sociedad estaba dispuesta a dar.

El 17 de febrero salí a la calle y vi muchas caras felices, gente sintiéndose libre y, sobre todo, con una identidad, dignidad y con un sentimiento de pertenencia a esta aldea global.

Pero ese día también estaba preocupada; una nueva fase de transición, la situación económica, el proceso de creación de un Estado y otros muchos temas supondrán un reto para nosotros; jóvenes de Kosovo hoy, líderes mañana. Ahora me encuentro más motivada para estudiar y trabajar más duro para así contribuir a este país recién nacido y su futuro Europeo.

El nuevo país de Kosovo supondrá un reto para la identidad “nacional”. Tenemos una bandera nueva y nuevos símbolos nacionales. La gente está dividida; entre sentirse Kosovar o seguir siendo Albaneses. Esta confusión de identidad podría provocar el surgimiento de sentimientos neo-nacionalistas a causa del miedo a perder la identidad étnica.

Gëzim Visoka, estudiante de Podujevo, 21 años, Pristina

13.40h, 17 de febrero. Trafalgar Square, Londres



Estoy decepcionado y enfadado. Esto precipitará la tensión étnica en la región. La jugada consiste en que la comunidad internacional a forzado a Serbia a ceder gran parte de territorios históricamente suyos que resultaron tener una enorme población de etnia distinta que no eran sino inmigrantes en Serbia.

Los serbios la fastidiaron al usar la milicia en lugar de buscar una manera de integrar esta comunidad. Sin embargo no me imagino al Reino Unido cediendo Leicester a la India por el número de inmigrantes indios que viven allí y por las tensiones con la comunidad nativa. Se debió haber dedicado más tiempo a la reconciliación, aprendiendo a vivir juntos en el mismo país, a través de una educación mejor.

Los albano-kosovares sentían a Albania como su patria. ¿Para qué tener un gobierno albanés en un territorio serbio? ¿Es esta una nueva forma de ocupación? Es diferente en el caso de los judíos, que no tienen un país al que volver. Es diferente a cuando Turquía tomó la mitad de Chipre? Pregunta a los chipriotas que ocurrió con la herencia ortodoxa fundamental que perdieron.

Anónimo, 25 años, estudiante de San Petersburgo, San Petersburgo/Londres

París, 17 de febrero, 16.00h



Los serbios dieron a los kosovares nacionalidad, tierra, posibilidades para aprender su propia lengua, para practicar su religión; en cambio, ellos persiguieron a más de 250.000 serbokosovares, se reprodujeron a gran velocidad llegando a ser una mayoría y ahora quieren la independencia. ¡Increíble!

Kosovo nunca fue ni ha sido independiente, a diferencia de otras repúblicas de la Antigua Yugoslavia, que fueron independientes antes de Tito o en algún punto de la Historia. Kosovo fue y siempre será una parte de Serbia, sin importar quién viva allí.

¿Llevará esta decisión a nuevas agresiones en la región? Yo sólo pienso en mi padre, en mi hermano, mis amigos, mi familia y el país entero ya devastado después de años de comunismo y de “economías de destrucción”: guerras, bombas de la OTAN, embargos, sanciones…

Soy apolítica, pero hoy estoy preocupada por el futuro de los serbios en Kosovo y por el resto de Serbia respecto a los comentarios desde Estados pro-americanos que han decidido tratar a Serbia con excesivo rigor y hacer una transición difícil (léase imposible).

Ana Stojakovic, belgradense, 27 años, consultora internacional, París


19 de febrero de 2008

Los favores recibidos

Javier Corral

Escogido por insospechados motivos para hablar sobre los retos de México en la globalización, Emilio Azcárraga Jean, presidente de Grupo Televisa, se lanzó fuerte contra el gobierno mexicano en el “Global alumni forum” que organizó en el DF el Instituto de Empresa, de Madrid, la semana antepasada. Contrario a su estilo de no polemizar en público con “las autoridades”, pues son suyos los métodos de negociación de prebendas, al joven empresario se le calentó la cabeza y, literalmente, despotricó.
Reclamó falta de apoyo del gobierno a las empresas nacionales, anunció que buscará otros mercados fuera de nuestras fronteras, dijo que la empresa que dirige llegó a su límite de crecimiento —70% del mercado según su cálculo—, y espetó, sin rubor por las palabras ni comedimiento por la memoria, que a Televisa no se le ha regalado nada: “Nosotros hemos pasado por varias crisis, varios presidentes y varios políticos que sí han robado muchísimo dinero. Si tenemos el canal 9, es porque el canal 8 no pudo; y si Sky está solo es porque Directv no pudo. ¿Y ahora me van a castigar porque se ha competido y porque gano?”.

Lo único que no ha tenido Televisa es competencia, y de la historia que no podrá zafarse nunca es la de su colusión con el poder. Subordinada al PRI —la fábrica de corrupción de la que salieron varios de los productos que denuncia sin aportar nombres—, fue el padre del denunciante el que rubricó la complicidad cuando se proclamó soldado del PRI al servicio del presidente en turno. La colusión de intereses, en la que Televisa aletargaba a la sociedad al esconder, ocultar y negar al verdadero país que se alzaba sobre el priato, le produjo ganancias enormes.

Carlos Salinas terminó su mandato regalándole a la empresa 63 canales de tv como estaciones repetidoras para agrandar la cadena nacional del Canal 2. No pagaron un solo centavo por ellas. Es más, reclamaron esa decisión como derecho de compensación a la decisión del Estado de privatizar Imevisión, lo que entonces advertían como competencia. Sería larga la lista de los favores recibidos por otros ex mandatarios; de Miguel Alemán Valdés ni hablamos.

Podrá decir Azcárraga Jean que de esa etapa no es responsable, incluso deslindarse y señalar que su cuenta empieza cuando asume verdaderas funciones de dirección y control de la empresa, pero ni aun así puede librarse de la contradicción de sus palabras ni del derroche de cinismo que hay en ellas. Hijo de Tigre, pintito. Desde 1997, en que heredó de su padre Emilio Azcárraga Milmo la presidencia de Grupo Televisa, conoció lo que es estar cerca de un Presidente de la República, Ernesto Zedillo, y recibir los favores del gobierno, en contubernios que tuvieron un fuerte ingrediente de revancha sobre el ex presidente Salinas, que tanto favoreció a ambos.

Con serias dificultades económicas y pesados compromisos financieros, en abril de ese año fue nombrado presidente del Consejo de Administración y empezó la reestructuración de la deuda de la empresa. Zedillo estuvo a la cabeza de esa acción de salvamento y de varias gestiones se encargó personalmente. No habría reproche si, como ha reclamado del actual gobierno Azcárraga Jean, la intervención del mandatario se hubiera desplegado por las vía legales de la promoción, protección y apoyo a las empresas nacionales. Pero Zedillo fue obsequioso con recursos no propios, pues ordenó condonar cientos de millones de pesos de créditos fiscales, sólo uno de ellos por 467 millones de vencimientos e intereses.

Ese hecho generó que en el periodo de transición para el cambio de gobierno entre Zedillo y Fox se abriera una investigación en la entonces llamada Secretaría de la Contraloría, luego de la Función Pública, expediente que se abrió con cargo al subsecretario de Ingresos en Hacienda, Rubén Aguirre Pangburm.

Encandilado por las luces de lo mediático, apantallado por la influencia de la televisión, Fox tomó protesta ya rendido ante el poder de Televisa. Lo midieron de pies a cabeza, lo percibieron vacío de voluntad transformadora, se le montaron y se sintieron más inteligentes que él, y resultaron al menos más vivos.

El primer regalo que obtuvo Azcárraga Jean del gobierno de Fox en 2001 fue el cerrojazo al expediente que investigaba al funcionario que operó las órdenes de Zedillo; la impunidad envuelta en un frágil argumento de estímulo fiscal, al que siguieron otros, mayores y más descarados: la brutal reducción de los tiempos fiscales que están obligados a otorgar al Estado los concesionarios de radio y tv. Del 12.5% del tiempo total de transmisión al 1.25%, regalo que se envolvió con papel del Diario Oficial el 10 de octubre de 2002. Luego siguió la autorización gratuita, en julio de 2004, de canales espejo del mismo ancho de banda que los analógicos con el pretexto de la digitalización, y en función de ello refrendos hasta 2021. Siguieron casinos, permisos para apuestas remotas, y en esa ruleta de la suerte inconmensurable, pretendieron el premio mayor: la ley Televisa, que la clase política en conjunto les regaló, y para la que el presidente obsequió su firma.

Se necesita tener una gran desmemoria para olvidar estas cosas, y más todavía, para reclamarle al gobierno. De la competencia, y su límite de mercado, hablaremos después.

Profesor de la FCPyS de la UNAM

18 de febrero de 2008

La verdad sobre el petróleo





Macario Schettino Yáñez

La verdad sobre el petróleo Cualquier discusión seria sobre el petróleo debe partir de información concreta, si lo que se quiere es aprovechar ese recurso en beneficio de todos los mexicanos. Claro que si lo que se busca es usar al petróleo como bandera para seguir engañando, basta con repetir mentiras una y otra vez. No creo que sea ése el camino, así que permítame ofrecer información.

Antes que nada, vale la pena recordar que el petróleo es propiedad de la nación desde 1917, cuando se promulgó la Constitución que hoy sigue en vigor. La nacionalización realizada por Lázaro Cárdenas en 1938 no tiene nada que ver con la propiedad del petróleo, sino con la creación de una empresa nacional que tiene el monopolio de la extracción del crudo, y de buena parte de las actividades que ocurren a su alrededor.

En el pasado, México produjo petróleo de manera importante sólo entre 1911 y 1921. En ese último año, los pozos fáciles se agotaron, y casi al mismo tiempo se descubrieron los inmensos campos de Maracaibo, en Venezuela. El interés de las grandes empresas, inglesas, holandesas y estadounidenses, se dirigió al sur del continente, y México redujo rápidamente su producción. En 1921 alcanzamos un pico de 200 mil barriles diarios (mbd), pero para fin de esa década andábamos ya en menos de 50 mbd. No volvimos a alcanzar los 200 mbd sino hasta 1974, más de medio siglo después. Entre esos años, México no tuvo ninguna importancia en el mercado petrolero mundial. Por cierto, 1938 está precisamente en ese periodo en que no éramos importantes.

Lo que nos convirtió en potencia fue el descubrimiento de Cantarell, el gran manto petrolero que hoy está en declinación. En su mejor momento, fue el segundo manto más importante del mundo. A inicios de 2004, se alcanzó la máxima producción en Cantarell, 2.2 millones de barriles al día (mmbd). En diciembre pasado, la producción fue de 1.2 mmbd. Cantarell se acaba muy rápidamente. Mucho más rápido de lo que Pemex esperaba.

Al declinar Cantarell, regresamos a lo que éramos antes, es decir, poco importantes. Tan poco, que posiblemente no seamos capaces de producir petróleo para cubrir nuestras necesidades. Hay pozos que se dejaron de operar hace muchos años y que hoy se recuperan, y hay zonas que pueden ponerse a producir, pero no cambiarán mucho el panorama. El único espacio que puede resultar muy interesante es el golfo de México, en la zona profunda. Puede ser que haya ahí un tanto similar al que tuvo Cantarell, aunque no sea en un solo manto, cerca de 50 mil millones de barriles. Para que tenga usted una idea de lo que esto significa, Brasil acaba de localizar un área similar cerca de Río de Janeiro. Se espera que se tengan que invertir 100 mil millones de dólares para que se ponga a producir, algo que ocurrirá hacia 2013. Para lograrlo, Petrobras hará inversiones conjuntas con otras empresas.

En menos palabras, México dejará de exportar petróleo para 2011. Recuperar la capacidad de exportación, y sobre todo garantizar el abasto interno de petróleo, exige que se invierta en la zona profunda del golfo. La cantidad de recursos, como ejemplifica el caso de Brasil, no es menor. Pero hay que sumarle a eso lo que Pemex ya está invirtiendo ahora, para no dejar de producir. De 2000 a la fecha se han invertido más de 80 mil millones de dólares, y se tendrá que continuar a ese ritmo. Es decir que hay que pensar en 35 mil millones de dólares al año de inversión para mantener la producción actual y, simultáneamente, desarrollar capacidad en las aguas profundas. Esa cantidad es prácticamente lo mismo que exportamos de crudo cada año.

Todos los datos que tenemos indican que es necesario modificar la manera en que aprovechamos el petróleo, si en verdad queremos buscar el beneficio de todos los mexicanos. En este sentido se han expresado ya legisladores de todos los partidos, así como grandes figuras de la izquierda nacionalista, como el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, en varias apariciones públicas, y Gonzalo Martínez Corbalá, en artículo publicado en La Jornada (16/II/08). Hay una base de acuerdo: fortalecer la industria petrolera nacional, sin perder el control del Estado, y hacerlo pronto. Que nadie detenga el desarrollo nacional por sus irracionales ambiciones de poder.

Profesor en la división Humanidades, ITESM-CCM

2 de febrero de 2008

Mida la salud democrática de su país

Nabeelah Shabbir

Tras el Eurobarómetro y el ‘Índice de felicidad, el 31 de enero se ha lanzado un nuevo índice para medir la calidad democrática en 25 países europeos con la participación online de los encuestados.

“Había que dar la nota para atraer la atención sobre la situación de Bélgica.” Así explica Gerrit Six su golpe mediático al poner en venta en Ebay el Reino de los belgas a cambio de 14 millones de dólares en septiembre de 2007. Un ejemplo entre muchos que ilustra el desencanto político de los ciudadanos en Europa.

“Hay muchas señales que muestran que la gente quiere cada vez más dar su opinión sobre las decisiones que afectan a sus vidas, ¡y se las arreglan para hacerlo!”, explica Kirsten Bound. Esta investigadora y miembro de Demos, un círculo de reflexión independiente en Londres, ha aceptado contestar a nuestra entrevista. Su empresa acaba de editar un nuevo índice de calidad democrática en el mundo.

¿Por qué otro índice?

El índice de la democracia diaria o EDI (Everyday Democracy Index) tiene por objetivo medir la salud democrática en base a datos proporcionados por los Estados. También evalúa el sentimiento de autonomía que tiene la gente en su día a día, ya sea en el trabajo, en la familia, en relación a los servicios públicos..., etc. O cuando van a votar. Los países que conceden más autonomía a sus ciudadanos son aquellos en los que constatamos un mayor nivel de compromiso en la vida política. Los peores de la clase, como Eslovenia o Rumania, son a menudo los que han tenido un pasado comunista reciente.

¿Qué otros criterios han usado?

Hay muchos indicadores para medir la calidad democrática. El más conocido es el estudio Freedom in the world (Libertad en el mundo), publicado cada año por la organización no gubernamental Freedom House. Sin embargo, son estudios poco matizados y proponen el análisis con poco tacto: Se limita a decidir si un país es democrático o no. Está bien para comparar Bélgica con Birmania. En cambio, el índice EDI será más útil para comparar Finlandia y España, por ejemplo. Para saber cómo se vive la democracia en los países de la UE –todos dotados de mecanismos básicos para organizar elecciones libres y equitativas– hay que afinar el cálculo.

¿Cómo miden el sentimiento de autonomía de los ciudadanos en su vida diaria?

Cuando las personas adquieren una mayor autonomía en su vida diaria se interesan más a la política. Primero comparamos los mecanismos políticos de cada país y luego vamos a lo que hay detrás de la apariencias. El índice EDI depende en gran medida de las medidas tendentes a lograr la autosatisfacción del individuo. Hay un abismo entre las democracias escandinavas y el Reino Unido, que llega en 9º puesto detrás de Francia y Alemania. Dicho de otro modo: ¿es la democracia la que nos hace más felices o la felicidad la que nos hace más democráticos?

1 de febrero de 2008

Muere Marcial Maciel, tachado de pederasta


José Antonio Román

Ampliar la imagen Miembros de los Legionarios de Cristo durante la misa por Marcial Maciel, fundador de esa orden religiosa Miembros de los Legionarios de Cristo durante la misa por Marcial Maciel, fundador de esa orden religiosa Foto: Reuters

En medio de acusaciones de pederastia y prácticamente degradado del sacerdocio por el Vaticano –en el pontificado de Benedicto XVI–, Marcial Maciel Degollado, fundador de los Legionarios de Cristo, falleció el pasado miércoles en Estados Unidos a los 87 años, según informó ayer la misma orden religiosa, la cual no precisó las causas ni el lugar del fallecimiento, ni dónde será sepultado.

Hasta ahora, el Vaticano se ha reservado cualquier opinión sobre el deceso, mientras la Conferencia del Episcopado Mexicano y la Secretaría de Gobernación expresaron su sentir; esta última, en un comunicado de tres líneas, extendió sus “sentidas condolencias” a la orden religiosa.

Maciel se hallaba retirado desde mayo de 2006, cuando el Vaticano lo obligó a abandonar sus responsabilidades sacerdotales al “invitarlo” al retiro a la vida privada, tras las acusaciones de varios ex sacerdotes, ex seminaristas y alumnos por abusos sexuales cometidos en su contra cuando eran menores de edad.

Durante muchos años, particularmente los últimos diez, Maciel fue objeto de acusaciones de pedofilia de varios ex miembros de la orden religiosa, de los cuales dio cuenta por primera vez en México La Jornada y por cuya labor se hizo merecedora al Premio Nacional de Periodismo.

Luego de varias décadas de acusaciones –la primera de ellas desde 1956– e investigaciones que diversas instancias de Roma consideraron improcedentes, a finales de 2004 el entonces cardenal Joseph Ratzinger, actual papa Benedicto XVI, decidió reabrir el caso, a pesar de que durante siete años él mismo lo había bloqueado. En enero de 2005, con el argumento de su avanzada edad, Maciel se retiró del cargo como superior general de los Legionarios de Cristo, designando a Álvaro Corcuera como su sucesor.

Resultado de la reapertura del caso, en abril de 2005 el fiscal especial enviado por la Congregación para la Doctrina de la Fe recabó en México el testimonio de por lo menos 30 denunciantes. La decisión final, hecha pública el 19 de mayo de 2006, fue “invitar” al padre Marcial Maciel a retirarse a una “vida de oración y penitencia”, sin llevarlo a un proceso canónico debido a su avanzada edad. Esta invitación incluía la prohibición de celebrar misas públicas o dar conferencias, presentaciones o entrevistas. Para muchos, la decisión del Vaticano fue entendida como una degradación del influyente sacerdote.

Y aunque esta decisión dio cierta credibilidad a las acusaciones de pederastia en su contra, también cerró a los demandantes cualquier posibilidad de llevarlo a juicio y probar sus dichos ante los tribunales del Vaticano.

Fred Álvarez, especialista que ha seguido de cerca el caso Maciel, consideró que la decisión de Roma fue un “duro golpe”, semejante a degradar a un general de cinco estrellas a soldado raso, sobre todo para el fundador de una congregación. Regularmente se muere dirigiéndola y casi siempre después se asciende a los altares.

“Ratzinger, hoy convertido en Papa, no cumplió como hubiéramos querido: simplemente hacer justicia, pero quizás la justicia sea, con esa última decisión, el haber bajado de los altares. La decisión del Vaticano de invitarlo a una vida reservada y de penitencia fue un golpe mortal para sus ambiciones de santidad. Maciel ya no podrá ser declarado santo; esos deseos los enfrió (el Vaticano) aún en vida”, pues su ambición por ser canonizado era conocida por sus allegados, “a quienes les llegó a comentar incluso que sería santificado en vida”, opinó el especialista.

Entre otras cosas, Maciel Degollado pasará a la historia reciente de la Iglesia como el único fundador de una congregación que no ocupará un lugar en los altares, pero que sí logró colocar a su orden religiosa como un movimiento poderoso e influyente en el Vaticano, con el carisma de “evangelizar” principalmente a las clases empresariales de las ciudades y países donde se estableció, de donde obtuvo siempre importantes recursos y desde donde fincó un imperio de la educación.

Maciel nació el 10 de marzo de 1920 en la ciudad de Cotija, Michoacán; era sobrino del recientemente canonizado Rafael Guízar y Valencia, arzobispo de Jalapa, y de Antonio Guízar y Valencia, arzobispo de Chihuahua.

Según su biografía, en enero de 1941, cuando todavía era un seminarista de 20 años, fundó la congregación. Los Legionarios de Cristo y el movimiento apostólico Regnum Christi –brazo laico de la organización– tienen presencia en unos 40 países del mundo y arraigo en importantes personajes de la política y la economía en países como México, España e Irlanda. Marta Sahagún, esposa del ex presidente Vicente Fox, es una de las figuras cercanas a los legionarios, así como los principales empresarios del país.

El fundador de los legionarios mantuvo una muy estrecha relación con el delegado y después nuncio apostólico –también polémico– Girolamo Prigione, así como con el arzobispo primado de México, cardenal Norberto Rivera, y con obispos como Onésimo Cepeda, de Ecatepec, y Emilio Berlié, arzobispo de Yucatán, identificados con el ala más conservadora del episcopado mexicano. Del papa Juan Pablo II gozó no sólo de una profunda amistad, sino también de su protección ante las múltiples acusaciones de abuso sexual contra seminaristas.

Los Legionarios de Cristo sobresalen por sus instituciones educativas de alto nivel extendidas por todo el mundo y sus “centros para la formación de catequistas y misioneros”, así como por sus iniciativas de apoyo a grupos marginados.

La orden ha sido catalogada dentro y fuera del ámbito eclesiástico como una de las “más conservadoras y de ultraderecha” del catolicismo, y en su tarea ha fundado y también comprado planteles de educación superior en Argentina, Alemania, Australia, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Colombia, Chile, Venezuela, Francia, España, Italia, Irlanda y Suiza, entre otras naciones.

Según datos del L’Osservatore Romano, diario oficial del Vaticano, los legionarios y los miembros del movimiento Regnum Christi –brazo seglar de la orden, en el que participan laicos y sacerdotes– controlan 150 colegios, 21 institutos superiores y nueve universidades. En México la más representativa es la Universidad Anáhuac.

24 de enero de 2008

Tecnología y Estado

Javier Corral Jurado

El lunes, la Cámara Nacional de la Industria de Telecomunicaciones por Cable publicó un desplegado en los principales diarios capitalinos, acusando las presiones que Telmex ejerce sobre el gobierno del presidente Felipe Calderón para que le sea modificado su título de concesión y se le elimine la prohibición que desde hace 18 años tiene para ofrecer por su red el servicio de tv.

Aquella prohibición fue plasmada como una condición sine qua non para llevar a cabo el proceso de privatización de Telmex, y tuvo como principal propósito evitar que la nueva empresa privada que nació como dominante en el sector telecomunicaciones —puesto que heredó el antiguo monopolio estatal en la telefonía— lo fuera también en la radiodifusión y, con ello, se generara un fenómeno de alta concentración de recursos y posibilidades comunicacionales en manos de una sola compañía. No faltó entonces la presión de la empresa dominante en el mercado de la tv, Televisa. Y en dato paradójico, los mismos asesores jurídicos que entonces recomendaron la redacción para ese texto hoy aconsejan suprimirlo.

No estuvo mal la prohibición ni ahora les faltan argumentos para eliminarla. De su lado está el desarrollo tecnológico que fincado en la digitalización permite el fenómeno de la convergencia de múltiples servicios en una misma red, eso que Raúl Trejo Delarbre ha llamado la “imbricación con la teledifusión de las comunicaciones, y que abre perspectivas históricas para el desarrollo cultural y la promoción del conocimiento en la sociedad mexicana”.

No hay obstáculo tecnológico para aprovechar esa oportunidad; así lo plantea también la opinión de la Comisión Federal de Competencia que, en 2006, recomendó impulsar la convergencia (o triple play) en su sentido más amplio, en el que todos puedan dar de todo, y así también lo propuso el 7 de noviembre de 2007 la Asociación Mexicana de Derecho a la Información, cuando concurrió al Senado a presentar su propuesta integral para una nueva legislación de telecomunicaciones, radio y tv: “La convergencia digital ha de ser estimulada de la manera más intensa y extensa posible, siempre a partir de políticas que establezca la autoridad regulatoria y privilegiando, por encima de cualquier otro, el interés público”.

Y creo que el problema denunciado por los cableros tampoco está en el concepto ni en enfrentar una realidad tecnológica como la convergencia. El asunto está en la operación de esas medidas por parte del gobierno, y en la impunidad con que el antiguo monopolio estatal y hoy privado se ha comportado en el cumplimiento de sus obligaciones asimétricas. Las diversas formas como elude y resiste ser declarado lo que es: un agente con poder sustancial de mercado, dominante en el sector de las telecomunicaciones.

Ahí es donde se localiza el mayor problema: hay una ausencia del Estado para reordenar a este y otros grupos de interés. No han existido políticas públicas amplias y capaces de proporcionar a la mayoría acceso a tecnologías interactivas como internet y telefonía y a medios de difusión como tv y radio. El interés monopólico ha obstaculizado la diversificación de empresas que, junto con una auténtica y eficaz regulación estatal, podría mejorar la calidad y reducir los precios al consumidor.

Telmex ha sido hasta ahora el regulador de sí mismo y del mercado; no conoce la acción del Estado para exigirle cumplir su título de concesión; por la vía de proveer recursos financieros se asoció sin disimulo con el dominante de la tv, y en la transversalidad de su poder económico y político ha sofocado leyes, impuesto funcionarios y vetado a otros posibles, repele y persigue cualquier intento de competencia con la fuerza de su inversión publicitaria, impone las tarifas, mantiene cerrada la interconexión de su red a quien gusta o delimita los alcances de ella, y cobra al consumidor varios de los precios más altos en el mundo.

Sólo desde la ignorancia sobre el sector de las telecomunicaciones o desde la premeditada acción de desinformar se puede afirmar que hoy México cuenta con la telefonía más barata que hace 18 años. ¿Comparado con qué, con quiénes? Cuando a nivel internacional ¡y por virtud de ese fenómeno tecnológico! las tarifas se han venido reduciendo; entre el mismísimo club de los países ricos (OCDE), México ocupa —además del glorioso primer lugar en la lista de multimillonarios de Forbes— el tercer lugar en las tarifas más altas de la telefonía residencial fija de bajo consumo, el segundo en la móvil de bajo consumo, el primero en llamadas internacionales para negocios, y el segundo en llamadas internacionales de uso residencial.

No es concebible que un gobierno con el talante como el del presidente Calderón le abra a Telmex su título para expandirse a otros negocios sin abrir primero la competencia en las telecomunicaciones. No imagino el triple play sin la posibilidad de un Estado que acabe con el asalto en despoblado que significan la tarifa y el redondeo en la telefonía celular. Estoy seguro de que quienes lo asesoran en estos asuntos actuarán con responsabilidad con el Presidente y con el país.

Profesor de la FCPyS de la UNAM

22 de enero de 2008

UN POLÍTICO CON VODKA EN TU FIESTA

A menudo, en nuestro imaginario colectivo los políticos no son más que hombres grises, la antitesis de la diversión. Nos hablan de impuestos, desempleo y otros temas apasionantes.

Fiesta holandesa en la playa



Aquí tenemos Pier Anne Nawijn, ex miembro del parlamento holandés, cantando y bailando hace un par de años en un torneo de Volley playa, cual quinceañero en plena efesvercencia. Un aplauso para Pier por hacer gala de tal derroche de energía.

Divertida a su manera



Parlamento de Aragón (España), Septiembre de 2007, primera comparecencia (y última) de la parlamentaria Isabel Teruel como portavoz socialista de Educación ante la cámara. 10 minutos de lo más surrealista. Isabel comienza dirigiéndose al Presidente con un “Sí, cariño mío, lo que tu quieras”. Su intervención continúa y el resto de diputados casi no puede ni aguantar las risas durante esos eternos 10 minutos.

También el G8 se lo pasan bien



Todos sabemos que George Bush es un cachondo mental, pero por lo que parece nuestro amigo tejano aún no le tiene cogido el punto a la canciller alemana Angela Merkel. No hay más que comprobar la cara que puso ésta cuando George se le acerco por la espalda en la última cumbre del G8 en Rusia para masajearle la espalda.

Una cervecita para pasar el mal trago



Suponemos que después de los aspavientos de Angela, nuestro querido George debió pasar un mal rato, así que para limar asperezas nada mejor que ¡¡¡una cerveza bien fría!!! Espera George, un momento, ¿tu no habías tenido ciertos problemillas con la botella? ¿O fue con las galletas? ¡Por lo que más quieras, aguanta y no recaigas de nuevo!

El Vodka crea extrañas parejas de cámara



El incombustible Eurodiputado Finlandés Alexander Stubb, del Partido Popular Europeo, defendiendo el vodka en el parlamento europeo: los finlandeses quieren que el vodka tenga el mismo rango legal que el Ron o el Güisqui y que no se le considere una bebida de segunda. Al fin y al cabo saben de que están hablando: 7 países producen el 70% del vodka y se beben ese 70%. Después de admitir que no es un gran fan de los hermanos Kaczynski de Polonia, concluye que han hecho un gran trabajo defendiendo el vodka, así que les regala una botella para ver si así relajan su posición sobre la constitución Europea. Estos declinaron la ofrenda.

Las viejas glorias nunca mueren



Si nos ponemos a hablar sobre lo cachondos que son los políticos, es evidente que tarde o temprano tendría que salir nuestro amado Silvio, el maestro, el único, el inimitable: Berlusconi. Aquí Silvio saluda a su manera a una amable polícía municipal italiana en un gran alarde de educación y afectividad. Un vídeo trucado, que durante mucho tiempo tuvo a los internautas pellizcándose de incredulidad.

21 de enero de 2008

Mexicanos

Macario Schettino Yáñez

Mexicanos ¿Qué nos define como mexicanos? ¿En verdad “sin maíz no hay país”? ¿En serio dependemos del petróleo para ser soberanos? Me parece que estas preguntas, y otras parecidas, exigen una respuesta. Estoy convencido de que el debate verdadero es éste, y mientras no lo enfrentemos, seremos incapaces de resolver adecuadamente los temas que están pendientes: la reforma del Estado y las reformas económicas.

Insisto en que los ganadores de la guerra civil que acostumbramos llamar Revolución Mexicana debieron construir una narración histórica que les diese la legitimidad que las armas nunca dan. Esa narración se fue elaborando desde los años 20, pero culminó en el gobierno de Lázaro Cárdenas, más específicamente a mediados de 1938. Se trata de las dos décadas en que el capitalismo estuvo en riesgo de desaparecer y las ideas antiliberales eran especialmente fuertes. Parecía que las opciones del futuro estaban entre el totalitarismo de derecha de Mussolini y Hitler o el de izquierda de Stalin.

En ese entorno se creó el “nacionalismo revolucionario”, esa mezcla de ideas que fue el sustento del régimen. Convergían en esa narración el comunismo acérrimo de Diego Rivera y otros artistas, el indigenismo de Cárdenas, los cuentos de la historia liberal porfirista y las características de una sociedad atrasada como era la nuestra entonces: rural, comunitaria, católica.

En consecuencia, la Revolución asocia lo mexicano a esa mezcla. Es nacionalista lo rural, no lo urbano; lo indígena, no lo europeo. México es come curas, pero católico, es decir medieval y guadalupano. México dice ser liberal, democrático y federal, pero en la realidad es comunitario, autoritario y centralizado. La sociedad entera es corporativizada desde el Estado. Cárdenas crea los sindicatos y federaciones obreras, las centrales campesinas, las cámaras empresariales obligatorias; subordina al Banco de México y a la Suprema Corte al presidente; crea un partido político corporativo sobre el esqueleto del PNR; impulsa la educación socialista. Y nacionaliza la industria petrolera, jugada maestra que lo convierte en héroe en vida.

Desde entonces, todo aquel que se atreviera a criticar a indígenas y a campesinos, a maestros rurales, a la Virgen de Guadalupe, al presidente centralista, a Pemex, era inmediatamente calificado de antipatriota, de extranjerizante, que en esa sociedad cerrada era el peor insulto. Como México no hay dos, y quien no es mexicano no es nada. Porque la xenofobia completaba ese discurso patriotero.

El régimen sostenido en ese discurso resultó un fracaso absoluto para este país. Mientras hubo tierra ociosa, logramos crecer lo mismo que el resto del mundo, no más. Después, hubo que endeudar a la nación, despilfarrar el manto petrolero que logró salvar lo que la nacionalización casi había destruido. México, como buena parte de América Latina, desperdició el siglo XX.

Pero hoy este discurso continúa. Una cantidad importante de personas cree, efectivamente, que no se puede ser mexicano si no se come maíz, si no se cree en Guadalupe, si no se ensalza a los indígenas (aunque secretamente se les desprecie). No se puede ser mexicano si Pemex desaparece, no importando que su existencia nos cueste a todos para beneficiar sólo al sindicato, como también ocurre con Luz y Fuerza del Centro, o con el Seguro Social. No se puede ser mexicano si se duda de la Revolución, del milagro mexicano, de la heroicidad de Zapata, Villa y Cárdenas. Para todas estas personas, no importa que 100 años después esté claramente demostrado el gran fraude que ha sido esa narración y ese régimen. No importa que en todo ese tiempo los pobres no hayan dejado de serlo, que el país jamás haya dejado de estar “en desarrollo”.

Por eso éste es el gran debate. Porque los farsantes que dicen defender al campo, a la soberanía, a los pobres, viven de la ignorancia y de las creencias producto de ese “nacionalismo revolucionario”. Y son esos mismos farsantes los que impiden que este país sea una democracia plena, porque siguen viviendo de las corporaciones. Son ellos quienes impiden acabar con la pobreza, porque de esos pobres obtienen sus votos.

Ya estuvo bueno. Con sus mentiras, casi han acabado con México. Los verdaderos patriotas queremos un país democrático, competitivo y justo. Porque queremos sentirnos orgullosos de nosotros mismos. No del maíz ni del petróleo ni de Guadalupe.

Profesor en la División de Humanidades del ITESM-CCM

4 de enero de 2008

Mitología de la Revolución

José A. Crespo

Una importante aportación histórica ha hecho Macario Schettino con su libro recién publicado, Cien años de confusión (2007), para comprender con mayor amplitud la peculiar experiencia política, económica y social del México del siglo XX. De lectura amena y estilo pedagógico, el propósito general del libro es cuestionar, de manera seria y documentada, la mitología que está detrás de los numerosos sucesos aislados pero confluyentes que genéricamente consideramos como Revolución Mexicana. Una mitología deliberadamente construida por el régimen que emanó de esa serie de sucesos para legitimar su dominación sobre principios distintos a aquellos en que se basó el porfiriato, que también tuvo su propia legitimidad (a partir del positivismo cientificista y el darwinismo social). Típicamente se han manejado cuatro grandes explicaciones de la revolución maderista de 1910. 1) Una crisis económica profunda que movilizó a las masas campesinas que subvirtieron el orden político vigente. 2) Una revolución esencialmente obrera, que ante las contradicciones del capitalismo se levantaron en armas, dando respaldo al llamado maderista para buscar la democracia política y, posteriormente, las reivindicaciones laborales. 3) La entrega que hizo el porfiriato de la economía al capital extranjero generó una ola nacionalista que en cierto momento terminó por derrocar al régimen que desnacionalizó el capitalismo. 4) El autoritarismo porfirista agotó su legitimidad y sus posibilidades de continuidad, tanto por el envejecimiento de la clase política (incluido el dictador) como por la falta de movilidad política y de incorporación de nuevas élites al régimen.

De estas cuatro grandes líneas de explicación dice Schettino—, las tres primeras, de índole económico y social, son justo las que aportan los elementos legitimadores del régimen que surgió tras la Revolución, pero es la cuarta, de orden esencialmente político, la que más se aproxima a la realidad, aunque la legitimidad que aporta al nuevo orden es más bien modesta (la defensa del voto y la movilidad política). Aunque Schettino no recurre como referencia a la vasta bibliografía sobre la sociología de las revoluciones, en esencia sus conclusiones coinciden con las emanadas de los enfoques no marxistas de ese fenómeno. Vienen a mi mente el estudio clásico de Crane Brinton, Anatomía de la revolución, desde un ángulo histórico, y las aportaciones de Samuel Huntington, desde una perspectiva politológica. Ambos coinciden en señalar que no es una crisis económica profunda, la movilización de la clase proletaria (que apenas si se esboza en los países que experimentan estas revoluciones) o una amplia y concertada rebelión campesina (aunque en todas se incorporan movilizaciones campesinas, generalmente inconexas y regionales), lo que explica la caída del Antiguo Régimen, sino justamente la estructura misma de esos regímenes: autocracias cerradas y anquilosadas, incapaces de incorporar a nuevas élites movilizadas políticamente, no a causa de una profunda crisis económica, sino estimuladas y fortalecidas por un periodo de expansión y modernización socioeconómica impulsada por los propios autócratas (los borbones en Francia, los zares en Rusia, los manchúes en China y el porfiriato en México). El detonador es la propia incapacidad de los autócratas para entender que ha llegado el momento de abrir el sistema político (con lo cual se hubieran evitado los estallidos revolucionarios), con reformas incluso modestas, pero eficientes para renovar y airear un tanto la agotada autocracia, cuya legitimidad política se había casi esfumado.

Uno de esos mitos fundadores consiste en presentar a Francisco I. Madero como el líder real del movimiento que removió del poder al viejo dictador. Madero fue sin duda el iniciador formal de la Revolución, pero los diversos focos de insurrección apenas tuvieron conexión con el mártir democrático, al que ni siquiera obedecían militarmente. Y más que la convocatoria de Madero a tomar las armas, fue la caída del propio Díaz lo que, ante el vacío de poder, desató el mayor número de levantamientos en distintos puntos. La mayoría por reivindicaciones locales, agravios personales y ambiciones de poder, pero, paradójicamente, dirigidas contra el gobierno de Madero (como claramente lo fue el zapatismo con su lema “Tierra y Libertad”). Madero fue un aprendiz de brujo cuyos sortilegios revolucionarios rápidamente salieron de su control (como sucedió con casi todos los líderes moderados de otras revoluciones: los girondinos en Francia, Kerensky en Rusia y Sun Yat Sen en China). El propio Madero desconfiaba de las revoluciones pues creía —con razón— que generaban un enorme costo humano, social y económico, sólo para encumbrar en el poder a una nueva élite que, olvidándose pronto de sus promesas democráticas, daba pie a un renovado autoritarismo no muy distinto del que había derrocado. El porfirato mismo —cuya bandera original fue “sufragio efectivo, no reelección— era prueba de ello. Y creyó Madero conjurar ese evidente riesgo preservando la estructura administrativa y militar del porfiriato, sin prever que eso mismo incubaría el germen de la contrarrevolución. Pero en cuanto a que de una revolución sólo puede surgir un nuevo autoritarismo, Madero no se equivocó (como la dictadura napoleónica, el régimen bolchevique, el nacionalismo taiwanés, el nacionalismo chino y el priismo mexicano). Y las “conquistas de la Revolución” fueron también incorporadas —frecuentemente de manera más eficaz— en una serie de países que no experimentaron una revolución social. Schettino contribuye pues a desnudar ese gran mito revolucionario, que prevalece profundamente en nuestra conciencia política y aún se enseña en escuelas y universidades.

2 de enero de 2008

Fox, el revolucionario

José A. Crespo

No conozco a ningún mexicano (salvo a mí mismo) que haya leído o esté leyendo el libro de Vicente Fox recién traducido al español, La revolución de la esperanza (es que hay distintos niveles de masoquismo literario). Es un libro que claramente está dirigido al público estadunidense, lo que se nota por la forma de dirigirse al lector, los ejemplos y los símbolos que utiliza. Quizás el interés de haber escrito este libro para los estadunidenses responda al mayor mercado que hay allá. O bien, pensó que ahí mantiene una buena imagen, mejor en todo caso que la que conserva entre los mexicanos.

El asunto es que, desde el primer momento, se percibe cómo Fox utiliza símbolos e imágenes caros a los estadunidenses, así haya tenido que distorsionar un tanto la realidad. Por ejemplo, se presenta como un “muchacho campesino” que, gracias a su esfuerzo y tesón estrictamente meritocrático, logró ascender en la escala social y económica, para culminar en la presidencia misma de la República. Una trayectoria que suele entusiasmar mucho a los estadunidenses. Afirma Fox que, “como las mejores historias americanas, la mía ofrece la esperanza de que cualquier muchacho campesino pueda llegar a ser presidente de una gran democracia”. Y agrega que “este es un sueño que se realiza… sólo en las Américas”. Claro que no aclara que, en México, ser un “muchacho campesino” significa un alto nivel de marginación social y económica, sufrir discriminación de varios tipos, contar con pocas oportunidades de educación y ascenso social, que no corresponde ni de lejos a la situación que vivió Fox. Fox tuvo acceso a buenas escuelas, incluida la Universidad Iberoamericana durante la licenciatura, así como viajes y otros recursos que difícilmente tiene un “muchacho campesino” en México. Pero seguramente habrá lectores estadunidenses que, de no conocer su trayectoria real, vean en él a un moderno Benito Juárez (salvo por no ser de raza indígena) o, más probablemente, un Abraham Lincoln.

Fox se presenta también no sólo como un activista político en pos de la democracia, sino como un auténtico revolucionario, aunque no bajo la connotación que a ese término dan los priistas ni menos el que le confiere la izquierda marxista. Es un revolucionario por enfrentar y derrotar a un añejo régimen autoritario, cual David frente a Goliat. Eso es en parte cierto, si bien no bastó, como sugiere Fox, para desmantelar ese régimen y sustituirlo por una auténtica democracia, empeño que abandonó a poco tiempo de llegar a Los Pinos. Pero haber derrotado al PRI lo ubica históricamente según él en un nivel semejante al de Nelson Mandela, Martin Luther King o Vaclav Havel, los cuales lograron “movilizar a millones mediante el ejemplo de su valor y la fuerza de sus ideas”. Bueno, si nadie más lo dice, no queda más remedio que decirlo uno mismo.

Pero Fox también se siente revolucionario por el estilo con el que enfrentó al PRI: estilo bronco, pendenciero y revoltoso. Recuerda cómo en la campaña de 1988 en la que competía para ser diputado—, junto a Manuel Clouthier, subió al estrado agitando el estandarte de la Virgen de Guadalupe evocando al revolucionario Hidalgo mientras gritaba: “Quedan muchas Alhóndigas por quemar”, y repetía aquella famosa frase de un jefe cristero: “Si avanzo, síganme. Si me detengo, empújenme. Si retrocedo, mátenme”. Por fortuna, nadie se tomó en serio esta última exhortación. Desde luego, no podía faltar la comparación de su propia gesta con la de Francisco Madero, el revolucionario demócrata: “Después de nuestra propia revolución democrática y pacífica, recordé el ejemplo de Madero”. Pero Fox se queja de que Madero “ha sido desdeñado por revisionistas del PRI como un dirigente débil, carente de energía para castigar a sus enemigos… un presidente vacilante”. Curiosamente, esos historiadores, sean o no del PRI, tienen razón al caracterizar de esa forma a Madero, y justo en eso sí hubo parecido entre el apóstol y Fox. ¿O acaso llamó a cuentas a alguien del régimen priista? Dijo hace tiempo Enrique Krauze, con razón, que Fox se parecía a Madero en que, políticamente hablando, “no sabía que no sabía”. En su defensa, Fox recuerda las palabras de don Francisco: “Derroté a un dictador, no pretendo volverme otro”. Algo que no puede aplicarse del todo al caso de Fox. Derrotó al régimen priista, cierto, pero su desempeño no fue muy distinto al de un presidente priista, al menos en lo que hace a su compromiso democrático.

Incluso, el último presidente del PRI (hasta ahora), Ernesto Zedillo, queda hoy mejor parado en lo que hace a la democratización, algo que de alguna manera reconoce Fox: “Mi propio predecesor, Ernesto Zedillo, dirigió la transición de nuestro país a la democracia… es un ex presidente (nótese, ex presidente) tan honrado que realmente necesitaba trabajar para ganarse la vida” (tras haber dejado Los Pinos). Y más adelante agrega que, al reconocer su triunfo en 2000, “el presidente Zedillo demostró ser un verdadero demócrata… Fue un acto de integridad electoral que señalará para siempre al discreto economista como una figura histórica de la pacífica transición de México a la democracia”. Un lugar bien ganado que, en cambio, la historia le escatimará a Fox. Y es que, según él mismo afirma, “en el proceso político éramos simples aficionados; fuera del PRI, nadie sabía cómo funcionan las palancas de la maquinaria política mexicana. Pero sí sabíamos cómo vender una marca”. Y esa marca fue “dar a México la esperanza de que la democracia cambiaría sus vidas para bien”. Hasta ahí llegó, en efecto, la “revolución” foxista. En vender, mercado-técnicamente al electorado mexicano, la esperanza y la incumplida promesa de un auténtico cambio.

18 de diciembre de 2007

Vuelta al solidarismo

Javier Corral Jurado

Trece años antes de fundar al Partido Acción Nacional, en 1926, Manuel Gómez Morín trazaba con claridad la ruta que a su generación —la de 1915— correspondía caminar y los retos extraordinarios que debían enfrentar para encausar las preocupaciones sociales y buscar un remedio, más allá de la acción política inmediata que planteaba el momento, entre la opción por caudillos y el encasillamiento en el socialismo, colectivismo, individualismo, comunismo.

“Hace falta una definición de tendencia y de actitud; la afirmación de un valor siquiera, en torno del cual se reúnan los esfuerzos dispersos y contradictorios”, “una ideología de la vida mexicana. Una ideología sin mistificaciones de oratoria, adecuada a propósitos humanos que resuelva en la acción y no en la literatura, las graves contradicciones que estamos viviendo” y proponía como elemento primordial y objetivo para orientar esa acción el hecho ineludible del dolor humano.

“El dolor de los hombres es la única cosa objetiva, clara, evidente y constante. Y no el dolor que viene de Dios, no el dolor que viene de una fuente inevitable, sino el dolor que unos cuantos hombres causamos a otros hombres, el dolor que originan nuestra voluntad o nuestra ineficacia para hacer una nueva y mejor organización de las cosas humanas. Todo lo demás es discutible e incierto”.

Sabía Gómez Morín que “mientras los hombres consuman lo mejor de su vida y de su energía en librarse de los más bajos dolores —la miseria y la opresión— será imposible que logren alcanzar propósitos superiores e ideales más altos”. Luego lo trasladaría como uno de los principios de la doctrina que organizó, ya desde Acción Nacional: “La miseria y la ignorancia son fruto del desorden moral y económico que la injusticia, la anarquía y la opresión introducen en la sociedad”. Y al final de cuentas, ese fue el eje esencial del PAN.

Esa línea de preocupación social se fue debilitando tras la muerte de Adolfo Christlieb Ibarrola y con la renuncia al PAN de Efraín González Morfín, los dos mejores ideólogos continuadores de los dos principales doctrinarios Gómez Morín y González Luna. Aquellos impulsaron en 1965 la primera gran proyección social de los principios fundacionales de éstos, dando concreción en plataformas legislativas y propuestas de gobierno al pensamiento solidarista. Y aunque en 2002 el partido aprobó una nueva proyección de sus principios al campo de la realidad, en la última década casi se borra en los hechos, ese talante socialdemócrata y solidarista que otrora nos distinguió.

Bajo este marco de ideas pienso que la elección de Germán Martínez Cázares como presidente nacional del PAN es una esperanza para los solidaristas y los demócratas de México, una oportunidad para retomar ese rumbo, en la conciencia de que “la victoria cultural de la democratización en México es una parte de la tarea de Acción Nacional. La otra parte de esa misma misión está en lograr la igualdad entre los mexicanos”, como lo dijo en su magnifico discurso de hace una semana, este michoacano de 40 años que entendió desde muy joven que el humanismo político planteado en los documentos del PAN es el auténtico solidarismo, “en el que el hombre queda definido principalmente por la responsabilidad de su destino en comunidad”. “El cambio de estructuras que el PAN busca, es un cambio de estructuras políticas para alcanzar la democracia, y es un cambio de estructuras económicas para alcanzar la justicia”.

En ese discurso, Germán Martínez recordó que el partido, “Debe tomar sus inevitables deberes sociales en la construcción del bien común; que no es la maximización de los intereses particulares, sino la participación generosa del ciudadano en la construcción de la patria. Alcanzar un orden político justo sin excepciones al cumplimiento de la ley, y edificar un orden económico justo sin privilegios, son las dos caras de la misma moneda que siempre ha mostrado y debe seguir mostrando la lucha, la verdadera lucha de Acción Nacional”.

Esta es la esperanza de quienes hemos concurrido a ofrecer nuestro apoyo a las tareas del nuevo dirigente. La de retomar la promesa del “futuro solidario y justo, que busque el centro político, por donde debe transitar nuestra organización. Una nueva ruta de orden interno, de unidad y de una dirigencia nacional que no sea tribunal entre panistas, sino que busque el permanente vínculo con la sociedad”. “Una ruta para enfrentar al relativismo político, al individualismo que produce la sociedad de consumo y la cultura de la muerte, una ruta que fortalezca a la defensa de la vida, la virtud cívica, el aprecio a la comunidad y el valor central de la persona”, como él mismo lo expresó.

Este planteamiento tiene consecuencias fundamentales, ineludibles, en el momento actual de nuestra vida política, económica y social, y particularmente en nuestra condición de partido gobernante. Urge a concretar los esfuerzos por hacer del PAN un partido de centro político, moderno, comprometido con la cultura, y alejado de la pretensión de estar legislando sobre la moral religiosa. Un partido que resuelva con toda claridad en sus programas de gobierno y en la revisión de las políticas económicas, optar de manera preferencial por los que menos tienen, pueden y saben, los más pobres de México. A quienes, en tono desusado y quizá atípico, pero sincero, ofreció Germán Martínez su gestión al frente del PAN.

Profesor de la FCPyS de la UNAM

13 de diciembre de 2007

"No al libre comercio"